5G: disrupción tecnológica y geopolítica

La pelea por el 5G es la competencia de China y EEUU por el liderazgo tecnológico, el poderío económico y la supremacía política en el siglo XXI

5G

Liderazgo tecnológico, poderío económico y supremacía política. Esto es lo que está en juego en la guerra comercial entre China y EEUU. Pero el avance disruptivo del 5G agrega condimentos especiales a la disputa: espionaje, control de la información y, por su fuera poco, el cambio en la forma en que nos comunicamos e interactuamos en la vida cotidiana.

Estamos en la cuarta revolución industrial. La clave y su fundamento es el exponencial avance de la conectividad. El llamado 5G, la quinta generación de comunicaciones móviles, es mucho más que la mejora de la red 4G. El mundo que viene es el del Internet de las Cosas, la conducción autónoma, la impresión 3D, la industria 4.0, la telemedicina, el uso masivo del big data, la robótica avanzada y la inteligencia artificial. Es cierto que estas tecnologías son en sí mismas mucho más revolucionarias que el 5G, pero esta red es la médula espinal de todo este ecosistema digital.

Una innovación disruptiva

La velocidad del 5G es entre 10 y 500 veces mayor que la del 4G. Y reducirá sideralmente la latencia, que es el tiempo que tarda un dispositivo en recibir la señal desde un servidor. Además, aumentará la fiabilidad de la conexión y aumentará la capacidad de que más usuarios y dispositivos estén conectados al mismo tiempo.

El nuevo mundo del 5G no solo abrirá las puertas a una conexión mejor y más confiable entre las personas, sino también entre los objetos. Es el llamado Internet de las Cosas (IoT, por las siglas en inglés de Internet of Thing). Los objetos estarán conectados, podrán enviar y recibir información y serán capaces de interactuar entre sí, con o sin participación de las personas. Tu casa te avisará a qué hora hay que sacar la basura o si dejaste el gas abierto. Sin necesidad de una orden humana, apagará la tele, encenderá las alarmas, subirá el aire acondicionado o descongelará la heladera. A escala urbana, permitirá manejar el tráfico en forma autónoma, emitir alertas de seguridad, recopilar y procesar información en forma masiva para mejorar la toma de decisiones. Así serán las smart cities.

La latencia se reducirá a un milisegundo. Esto significa que los dispositivos móviles se conectarán con un servicio comparable a una conexión de fibra óptica. La latencia y la confiabilidad posibilitarán la automatización “de las cosas” y también habilitará la posibilidad de un cambio anunciado durante décadas por el cine: la conducción autónoma, los autos que se manejan solos.

Pero tal vez el mayor impacto venga de la mano de la inteligencia artificial. Miles de millones de dispositivos conectados, intercambiando información, tomando decisiones y aprendiendo a medida que procesan los datos. Generando información precisa en milisegundos y todo subido en la nube. Un auténtico ecosistema digital.

La disputa por la supremacía geopolítica

La lucha por el 5G es solo la punta del iceberg de una disputa mucho más profunda. En la arena mundial, China y EEUU compiten por el desarrollo de la infraestructura de las telecomunicaciones y, consecuentemente, por determinar quién “controlará” ese flujo de información. No hay que armar teorías de complot y espionaje para advertir que esa inmensidad de datos puede ser utilizada por los gobiernos o las corporaciones para los más diversos fines. Uno tiene que conocer «el precio» de la conectividad. Y acá no hay ni buenos ni malos, sino interés nacionales.

Si EEUU sospecha con sobrados motivos que detrás de Huawei, la empresa líder en desarrollo de 5G, está el gobierno chino, es porque esa práctica no le es justamente desconocida. El presidente ruso Vladimir Puntin definió a la disputa, precisamente por eso, como la “primera guerra tecnológica de la era digital”. El 5G es una de las arista del conflicto geopolítico de nuestro tiempo entre la potencia hegemónica imperante y el primer retador que surge desde la guerra fría. Y que parece tomarse el desafío muy en serio.

Como desarrollistas,  siguiendo el ejemplo de nuestros maestros, debemos prestar atención a lo que esta sucediendo en un mundo en constante tensión y transformación. El desafío para quien dirija los destinos de la patria es comprender la disposición de piezas del tablero global para tomar las decisiones más inteligentes y transformar la incertidumbre en oportunidades concretas para nuestro desarrollo.

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