El inevitable retorno del Estado nacional

Cuando el consumo, la inversión y el comercio exterior se derrumban, el gasto público queda como el último puntal de la demanda

COVID-19
Una mujer camina junto a un cartel por la epidemia de coronavirus en la Ciudad de Buenos Aires. Foto: AFP

Si esto sigue así, vamos a una economía de guerra. Cuarentena total por el COVID-19. No pongas un pie en las calles. Ni se te ocurra, ¿a dónde estás yendo? Ya te llegó por whatsapp el flyer que te invita a denunciar a tu vecino. Ese que vino de Europa y no respeta la cuarentena. Me intriga conocer al funcionario al que se le ocurrió la idea, ¿un fanático de Orwell? La propuesta es brillante, al fin de cuentas, todos tenemos un vecino al que nos gustaría denunciar.

Frenar el país va a provocar el derrumbe del consumo. Nadie sale a comer afuera, nadie se va de vacaciones, o nadie debería, nadie al cine, al teatro. Solo lo imprescindible. Un shock de austeridad. Y un golpe letal para la economía, que vive del consumo, es adicta al consumo.  La gente no deja de gastar por falta de dinero, sino por la reclusión forzosa. Y eso hace que las medidas convencionales para estimular el consumo sean ineficaces. La FED bajó la tasa de interés, pero eso no alcanza. ¿Y la inversión? En serio, piensen un segundo si ustedes invertirían en un momento así.

La demanda agregada de un país tiene cuatro componentes, el consumo, la inversión, las exportaciones (menos las importaciones) y el gasto público. Los dos primeros van en picada. El tercero también: la crisis por la pandemia del COVID-19 provocó la desaceleración del comercio exterior. Las razones son evidentes, los clientes internacionales de Argentina tampoco invierten ni consumen. El gasto público se queda en solitario, así, como el último puntal de la demanda.

Medidas de emergencia

La gravedad de la crisis —y la posibilidad de que haya una recesión global— va a depender de dos factores: cuánto tiempo se tarde en contener la pandemia y cuán efectivas sean las medidas de estímulo que impulsen los gobiernos. La Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido ya han decidido inyectar tres billones de dólares en la economía para evitar el colapso. Una movilización de recursos nunca antes vista. EE UU, de hecho, prevé enviar en forma masiva cheques directamente a los ciudadanos en las próximas dos semanas. Hablamos de cheques de 1.000 dólares en promedio, y de dos pagos para cada ciudadano, excepto algunos de ingresos altos. Sí, leíste bien, en EEUU. Si esto no les parece que rompe los esquemas, no sé qué más están esperando. La economía es adicta al consumo y necesita una inyección ahora mismo. La Casa Blanca también prevé ayudas a las aerolíneas por 50.000 millones de dólares, entre otras medidas, que todavía están debatiéndose en el Parlamento.

El consumo, es cierto, no cae por la falta de dinero. Pero eso es solo al comienzo. Cuando la actividad se detiene, se suspenden los servicios, se atrasa el pago de deudas, se cortan los contratos, comienzan los despidos y quiebran las empresas. Y entonces sí comienza a faltar capacidad de compra. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que esta crisis destruirá entre 5 millones y 25 millones de puestos de trabajo.

El gobierno argentino hizo los deberes y lanzó el martes 17 de marzo un paquete de medidas económicas para paliar los efectos de la epidemia. Esto incluye: la suspensión del pago de aportes patronales para los sectores afectados por la emergencia —como el gastronómico y el turístico—; el refuerzo del seguro del desempleo; un pago extra de la Asignación Universal por Hijo (AUH); un bono de 3.000 pesos para los jubilados; un incremento de 100.000 millones de pesos para inversiones en infraestructura, educación y turismo; el relanzamiento del plan PROCREAR; una línea de créditos blandos para impulsar la producción, en especial de alimentos, higiene personal y limpieza; la renovación del programa Ahora12; entre otras. Y no se descarta que en los próximos días se anuncien más medidas, como la postergación del pago de impuestos.

Estas políticas elevarán el déficit fiscal y disminuirán la capacidad de pago del Estado argentino. Esta es una de las causas que explica la disparada del riesgo país, que superó esta semana los 4.000 puntos básicos. La reestructuración de la deuda se complica, pero el Gobierno dio un mensaje claro: entre ordenar las cuentas y apuntalar el nivel de actividad, elige la segunda opción. Porque el nuevo motor de la economía va a ser el Estado.

El coronavirus generó un terremoto en la geopolítica, en el comercio global y hasta en la forma de pensar la globalización. Todavía es temprano para sacar conclusiones o proyectar cómo se van a reacomodar las fichas en el futuro. Lo que está claro, sin embargo, es que los Estados nacionales volvieron a cobrar protagonismo. Cuando el mercado se derrumba, ahí está Keynes.

* Por Francisco Uranga, editor de VD.

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