Cumbre de Uruguayana: cimiento del Mercosur

(*) Por Daniel Amicci.

Si bien las presiones que sufrieron ambos mandatarios, tanto del frente interno como del externo (impregnadas como estaban de concepciones maniqueístas de la política internacional) fueron muy duras, no alcanzaron para detener un proceso firme de asociación bilateral que tendrá su corolario en el encuentro entre los dos presidentes desarrollistas. La cita sería en la ciudad brasileña de Uruguayana[1], estado de Río Grande do Sul, fronteriza con Argentina y ubicada frente mismo -río Uruguay de por medio- a la correntina Paso de los Libres, donde había nacido el presidente Frondizi.

La elección del lugar no resultó aleatoria. Por el contrario respondía a cuestiones internas de ambos países dado que “el presidente brasileño carecía de autorización para ausentarse del país y corrían rumores del lado argentino que impulsaban a Frondizi a no alejarse demasiado de su propio territorio”[2]. La conferencia entre los dos jefes de gobierno finalmente se llevó a cabo entre el 20 y el 22 de abril de 1961.

Los sucesos que se estaban desarrollando en Cuba con la invasión de un grupo de disidentes, apoyados por los Estados Unidos, le dio al evento un contexto de crisis. Harto dramatizados en los sectores más refractarios del ejército argentino, siempre dispuestos a encontrar cualquier justificativo para torpedear las políticas del gobierno, al punto tal que el secretario de Marina almirante Clement, le dejó en claro a Frondizi en un memorándum de que no respondería ante los efectos desestabilizadores que ocasionaría su reunión con Quadros y que sería conveniente postergarla[3].

Según Albino Gómez, el borrador del acuerdo lo había preparado la diplomacia brasileña. Por su parte, Oscar Camilión señala que fue él quien escribió el texto[4]. Sea quien fuere el autor, el texto abordaba en líneas generales cuestiones inherentes a:

 tratamiento de un Acuerdo de Amistad y Consulta, la colaboración de ambos países en las Naciones Unidas, la situación de Cuba, el conflicto entre Perú y Ecuador, el intercambio comercial entre ambos países, cuestiones culturales y temas relativos al intercambio científico[5].

La reunión, que había sido preparada minuciosamente por la Cancillería en Buenos Aires, bajo el comando del reemplazante de Florit, Diógenes Taboada, y la Embajada Argentina en Río de Janeiro, a cargo de Carlos Muñiz, iba a transformarse en el entendimiento cumbre en la historia de ambas naciones, que si bien ya habían logrado -con la iniciativa primigenia del ABC y luego con el intento de revival por parte de Perón- sus meritorios antecedentes. Ahora había llegado finalmente el momento cúspide de ese discontinuo y obstaculizado proceso. Así las cosas, “la relación bilateral debía ac­tuar como pivote de ordenamiento capaz de proyectarse y articular con coherencia a todo el Cono Sur”[6][7].

Mientras tanto, en el escenario continental se estaba gestando el mayor fiasco en la historia de los Estados Unidos (Vietnam vendrá más adelante) con respecto a su política intervencionista internacional. El absoluto fracaso de la invasión a Cuba apoyada por Kennedy, más allá de la derrota propiamente dicha de las tropas irregulares que salpicaba al ejército y a los servicios secretos norteamericanos, fue un duro golpe para la persona del presidente demócrata y para su gestión de gobierno.

De allí en adelante su prestigio caerá en picada y para muchos será uno de los factores que desencadenarán su asesinato. Kennedy, según el propio, fue engañado por la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en la planificación de la operación a los fines de debilitar su imagen, siendo víctima de constantes presiones de los grupos opositores que lo consideraban “un hombre blando” para comandar a su país contra los embates del comunismo[8].

Así las cosas, los dos mandatarios llevaron a cabo el encuentro tratando como punto inicial y fundamental los asuntos de la política internacional, con hincapié en la crisis cubana-norteamericana y en la posición neutralista o tercermundista de Quadros[9]. Frondizi fue quién llevo adelante la mayor parte de los temas tratados, sobre todo a raíz de la admiración que sentía Quadros por él y seguramente por el superior conocimiento global de los acontecimientos mundiales del argentino, con el agregado no menor de su experiencia más dilatada en el ejercicio del cargo máximo de gobierno. Camilión decía que “adoptaron una relación de maestro-discípulo”[10]. Uno y otro sí se equiparaban en su plena conciencia de que estaban gestando un suceso histórico para las dos mayores naciones de Sudamérica, cuyas réplicas tenían alcance continental.

Al comenzar la cumbre el brasileño interpeló a Frondizi sobre cuáles eran los temas de política internacional que más lo inquietaban y, a la vez, su interlocutor lo sondeó sobre el motivo de las posturas un tanto ambivalentes en cuanto a los sucesos mundiales y su posición de tipo “neutralista”. La cuestión principal giraba en torno al enfoque que debería tomar Sudamérica ante el nuevo y complicado escenario mundial. Quadros pretendía orientarla, como lo venía haciendo, hacia una postura similar a la que esgrimían los países del Movimiento de No Alienados. A la vez, señalaba como un “grave error” las acciones de los norteamericanos con respecto al gobierno revolucionario cubano.

 Esas ideas eran ciertas, pero eran más bien propias de un pensamiento idealizado, que para Frondizi era contraproducente: “una desubicación geográfica y cultural”, demasiado teórica para el practicismo del argentino, que si bien reconocía que el planteo tenía su cuota de validez, pecaba de ingenuidad a la hora de mostrar cartas de valor en el complicado juego internacional del momento. A su vez, advertía que se trataba sobre todo de posiciones que tendían más bien a “dar satisfacciones a la opinión pública durante un tiempo” y en línea con su pragmatismo le señalaba que “no se trata de mantener el prestigio de los presidentes en base a declaraciones de tipo general sino de dar soluciones a los problemas concretos que plantean las exigencias del desarrollo nacional”. Crecimiento que se sustentaba en el propio esfuerzo de los países, pero “también depende de la ayuda extranjera [siendo los Estados Unidos] el centro financiero fundamental”[11]. De ahí la necesidad de mantener una política conciliadora con los Estados Unidos.

De la mano de estas expresiones, queda a la vista la táctica frondizista para llevar adelante con Brasil una acción conjunta. Si bien apuntaba a mantener una prudente distancia de la hegemonía norteamericana, tampoco pretendía, por inconducente, caminar hacia una confrontación directa que sólo le depararía a ambos “socios” la imposibilidad de acceder al capital necesario para el desarrollo de sus modelos económicos.

Tal táctica esgrimida por el presidente argentino, práctica y prudente, era una herramienta de las más utilizadas para llevar adelante la  estrategia propiamente dicha del desarrollismo. O sea: lograr obtener los capitales extranjeros, sobre todo norteamericanos, para llevar al éxito su modelo de desenvolvimiento en el menor plazo posible. En este sentido, la cancillería era su brazo ejecutor.

 La política exterior argentina puesta al servicio del proyecto desarrollista dio sostén diplomático a la política de liberación del subsuelo petrolero para alcanzar el autoabastecimiento, meta que se cumplió y ayudó a efectuar arreglos satisfactorios y sin mayores dilaciones con los inversionistas, sobre todo extranjeros, para mostrar un nuevo perfil al mundo financiero sobre la seriedad de las garantías que daba el país[12]. Por ende, para alcanzar este objetivo insoslayable, la confrontación con el gobierno del país que tenía el gran capital disponible no era precisamente un criterio razonable.

De este modo, la “prudencia” frondizista estuvo más bien ligada a una cuestión realista de evitar un choque directo con los intereses de la potencia hegemónica -en particular en lo atinente a las cuestiones ideológicas y de seguridad continental-, y así lograr mantener una relación razonablemente cercana y con ella poder a su vez acercarse al apoyo financiero. El momento era el propicio, dado que Kennedy estaba dando sus primeros pasos con la Alianza para el Progreso y prometía a los latinoamericanos un paquete de asistencia crediticia millonaria, lo que parecía ser finalmente la puesta en marcha del nuevo Plan Marshall.

Más allá de los resultados que se esperaban con el plan de Kennedy, el gobierno desarrollista argentino desde sus primeros días en el ejercicio del poder se había empeñado en atraer el capital extranjero en razón de la imposibilidad que presentaba la economía argentina en esos momentos. De hecho, según el economista argentino Aldo Ferrer era necesario “reorientar la inversión del ahorro interno hacia los objetivos estratégicos del desarrollo. Por lo tanto, el shock inversor había que producirlo con inversiones externas orientadas a los objetivos buscados”[13].

El economista argentino Aldo Ferrer ilustró con claridad los preceptos de la doctrina desarrollista en relación al rol que jugaba el capital extranjero para llevar adelante el modelo económico pergeñado por Frigerio y Frondizi. La cita es extensa, pero sin desperdicios:

Apelar a la inversión extranjera no fue un recurso exclusivo de la estrategia frondicista. Históricamente, el liberalismo recurrió a ese instrumento y, en su versión contemporánea, el neoliberalismo, lo practicó hasta las últimas consecuencias. Pero existió y subsiste una diferencia fundamental entre la política del desarrollismo referida al capital extranjero y la de la ortodoxia. En aquella, era un instrumento de la transformación productiva en el marco de políticas públicas tendientes a la integración de la estructura productiva, impulsar el autoabastecimiento de insumos fundamentales como la energía y fortalecer la capacidad de país de gestionar el conocimiento en un amplio frente de actividades, incluidas las tecnologías de frontera. Aunque el desarrollismo no enfatizó el aumento del potencial exportador de las nuevas actividades, de hecho, una estructura integrada y compleja, por definición, fortalece su proyección a los mercados internacionales.

La estrategia ortodoxa, en cambio, concibe la apertura al capital extranjero como una expresión más de la inserción incondicional de la economía argentina en el mercado mundial, delegando, no solo en el capital extranjero sino, al mismo tiempo, en la demanda externa, el impulso esencial del desarrollo. Es decir, corresponde a la visión de un país periférico en la división internacional del trabajo articulada por las economías hegemónicas del orden global[14].

Los éxitos alcanzados en la búsqueda del capital internacional, tanto en créditos como en inversiones directas, fueron contundentes. El desarrollismo argentino consiguió las tasas más altas de inversión directa de capitales externos de la historia del país hasta ese momento[15]. Fueron volcados sobre todo hacia sectores estratégicos de la industria de base (hidrocarburos, energía y siderurgia). Asimismo, se distribuyeron hacia otras áreas de la producción, tales como la industria automotriz y de maquinaria agrícola. Los niveles alcanzados en la producción y la productividad durante esa gestión fueron también inéditos[16]. Los montos de las inversiones extranjeras directas entre 1958 y 1962  -desarrollismo- ascendieron a los 525 millones de dólares. En la etapa siguiente -gestión de Arturo Illia-, cayeron en pendiente, hasta sólo orillar los 74 millones de la misma moneda[17].

Sobre la dirección que debían seguir ambos países para lograr su cometido, es decir hacerse con los dólares para el desarrollo, resultó oportuno traer a colación la descripción teórica que hizo Dallanegra Pedraza acerca de lo que llama “conductas autonómicas”, a fin de comprender la coherencia de la directriz de Frondizi y su cuerpo diplomático frente a los planteos retóricos de Quadros. El citado autor clasificó como “conductas autonómicas” a:

todas aquellas actitudes o políticas de los miembros de un ámbito hegemónico que, oponiéndose o resistiéndose a la potencia polar, de manera heterodoxa, toda vez que lo haga en determinados aspectos de la política global, sin que constituya una oposición frontal a sus lineamientos básicos (…) busca mejorar su inserción global y su independencia de desempeño.

Luego, continuó señalando cuáles serían los “límites” que pueden cruzar los hegemonizados sin llegar a producir conflictos que le ocasionen sanciones por parte de la potencia hegemónica (Vg. la invasión de Bahía de los Cochinos, expulsión de la OEA y bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba). A esa “frontera” la denominó “línea de control intra-hegemónico” y estaría sujeta, por parte del país decisor, al nivel de “permisividad” que le confiere a las acciones de tinte autonomista de los estados que están bajo su influencia. A su vez, por el lado de los miembros “hegemonizados o direccionados”, estaría en relación al nivel de “capacidad” que poseen para lograr neutralizar (“resistir”) los embates de la potencia, sin caer en virtuales castigos[18].

Esta propuesta teórica, en líneas generales, era lo que en otras palabras Frondizi trataba de hacer entender a su “idealista” colega brasileño. Asociarse; llevar adelante una política integracionista fructífera y mantener distancia prudente del rígido alineamiento ideológico del momento, pero sin terminar en una confrontación directa con los Estados Unidos, que sólo acarrearía perjuicios o sanciones. Para el caso, sería en particular un impedimento para conseguir créditos y quizás mejorar los acuerdos comerciales. Una cosa era dejar de ser funcional a la potencia y otra muy distinta era convertirse en blanco de sus represalias. Y, la historia reciente latinoamericana estaba salpicada de antecedentes de ese tipo.

Allí se encontraba la verdadera razón de la “prudencia frondizista”, que en realidad era una táctica realista, ajustada a los márgenes de poder que podían utilizar dos estados sudamericanos subdesarrollados frente a una potencia hegemónica industrializada. Así Frondizi comprendió, con su “pensamiento global”, la mutante situación del dividido mundo de los años ´60. Ese conocimiento lo volcaba en la búsqueda de los medios disponibles para introducir a su país en los pocos intersticios que dejaba abierto el capitalismo para que un estado periférico pudiera insertarse en el camino del desarrollo. Y, en esta exploración, lo mejor era pasar desapercibido.

 Quadros finalmente desistió de su ideario ante la solidez de los argumentos del argentino, alcanzando de esta manera una definición compartida sobre el camino a tomar por ambas naciones en el campo de la política externa, con énfasis en sus relaciones con la potencia hemisférica. Se aceptó así el criterio argentino “de que no era posible forzar a Estados Unidos a negociar buscando puntos de apoyo extracontinentales”. También expresaron pleno apoyo a la Alianza para el Progreso[19].

De este modo, Frondizi tendría en su poder una carta de porte para esgrimir ante su “amigo” Kennedy, la que mostraba a las claras las buenas intenciones de la reunión con respecto a su país y a su proyecto de asistencia financiera. Paralelamente, se dejaba de lado una definición concreta sobre el tema cubano, evitando por este medio socavar las buenas relaciones con el presidente demócrata al no dejarle lugar para duda alguna sobre los motivos del encuentro. El argentino había logrado evitar que las buenas relaciones con el Norte se trabaran por un simple “rapto de izquierdismo” del brasilero.

La Declaración de Uruguayana fue una pieza diplomática integrada por ocho artículos, cuya sustancia eran definiciones comunes sobre cuestiones políticas y económicas (expuestas en líneas generales)[20], que una y otra nación aceptaría como propia. Los contenidos de los parágrafos iban desde tópicos doctrinarios generales, en tanto miembros de la cultura occidental y cristiana (concordantes en la defensa de los intereses latinoamericanos y de la forma de gobierno democrática), hasta cuestiones “más prácticas” para el momento, tal como lo eran la defensa del principio de autodeterminación (en clara referencia a Cuba) y el planteo de los problemas atenientes al desarrollo, donde apoyan a la Alianza del Progreso como continuidad de OPA. Mencionaba también (como era ya costumbre) a la “colaboración externa”, es decir a los créditos norteamericanos en particular[21].

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El presidente de Brasil Jânio Quadros junto a Arturo Frondizi en una reunión el 21 de abril de 1961 en Uruguayana

Otro asunto tratado aquí, de manera cooperativa, y que años más adelante tendrá relevante importancia en las relaciones entre ambas naciones, fue la tentativa de planificación de una central hidroeléctrica de gran potencia en el Salto de “Sete Quedas”, la futura Itaipú. El emprendimiento devino en largas controversias entre los gobiernos militares que se implantarán en el poder en Argentina desde 1962 y en su vecino en 1964, generando un perjudicial retroceso de lo conseguido en Uruguayana. Fue un capítulo más de los tantos escritos en la problemática historia común, en tantos países fronterizos que comparten la Cuenca del Plata. En términos de Lanús, comenzaba la “saga hidroeléctrica”, que dio origen a fuertes discusiones de índole geopolítica[22].

Así, luego de este acuerdo -que Quadros firmó aún a sabiendas de las críticas que iba a recibir por parte de los sectores más anacrónicos de Itamaraty, que veían con malos ojos la preeminencia de la diplomacia de Buenos Aires en la reunión- llegaron realizaciones concretas por parte del trabajo aunado de ambas cancillerías, de la mano del mecanismo concertado en el Acuerdo de Intercambio de Información y Consulta. Su producto más destacado consistió en exhibir un frente común en la Reunión de Punta del Este, Uruguay, donde estuvieron a punto de evitar la expulsión de Cuba de la OEA.

Albino Gómez, diplomático argentino que participó en aquellos hechos, señalaba que Argentina alcanzó su meta más buscada cuando logra sortear la continuación por parte de Brasil de su política neutralizante, que hubiera acarreado el desmejoramiento de la ya de por sí crítica estabilidad americana y a su vez pondría a la Argentina en la necesidad de ingresar en una precipitada carrera militar a fin de asegurarse, tanto interna como externamente, contra potenciales enemigos[23].

Pero lo más importante de Uruguayana fue que marcó un hito en la historia de los grandes vecinos de la cuenca del Plata. La condición excluyente para que la reunión fuera exitosa y que se cumplieran con creces las metas esbozadas, era la predisposición anímica de los dos mandatarios[24]. Llegaron al diálogo con un espíritu proclive a lograr un acuerdo que beneficiara a las dos naciones y que diera un corte definitivo a décadas de distanciamientos (sería apropiado hablar de siglos si se incorporaran al análisis los tiempos coloniales).

Los dos jefes de Estado comprendían la trascendencia histórica del acuerdo, que instalará un nuevo paradigma relacional entre Brasil y Argentina. Su visión prospectiva no pecaba de miopía, porque si bien a este sincero acercamiento los gobiernos militares que vendrán a posteriori pondrán distancia, ya el camino había sido marcado y el “espíritu de Uruguayana” se mantuvo vivo, hasta que revitalizado por Sarney y Alfonsín décadas más adelante, de como resultado más destacado al Mercado Común del Sur.

Luego de la conferencia, el presidente argentino realizó una gira por Sudamérica donde conversó con diferentes Jefes de Estado a fin de ponerlos al tanto de los resultados de Uruguayana. Su viaje lo llevó primero al Uruguay, luego prosiguió hacia Bolivia, Paraguay y Chile. Fue precisamente en este último país donde tuvo mayor significación su estadía, dado que ayudó a destrabar la rivalidad existente con Argentina, alimentada por los últimos conflictos fronterizos y el reciente viaje que el propio Frondizi realizara a la Antártida para reforzar la presencia argentina en ese continente. Esa acción había molestado en sobremanera a los chilenos que tenían pretensiones reivindicatorias en ese igual territorio. Asimismo, es necesario subrayar que Chile había mostrado una postura contraria al encuentro de Uruguayana, temeroso de la alianza de su vecino con el Brasil, que dejara a Chile en una posición vulnerable y secundaria en la región.

No obstante ese clima hostil, Frondizi logró convencer al presidente Jorge Alessandri de las buenas intenciones del pacto con el Brasil y de la necesidad de lograr una comunidad de intereses entre todos los países de la región, especialmente en relación a los problemas surgidos de la Revolución cubana. También le señaló la importancia de la puesta en práctica de mecanismos afines para conseguir apoyo financiero, respaldando la oportunidad que significaba la Alianza para el Progreso. De este modo, las negociaciones llegaron a buen puerto y como resultado se firmó una declaración conjunta -Declaración de Viña del Mar del 11 de setiembre de 1961-, donde se validaban estos entendimientos.

 Frondizi tomó la posta de llevar la bandera del “espirítu de Uruguayana” por la región, en función sobre todo, de las dificultades que tenía su par brasileño para conseguir las autorizaciones del congreso para ausentarse del país. Algunas voces se escucharon en ese momento aduciendo que Frondizi pretendía en realidad posicionarse como un líder latinoamericano, rumores malintencionados que él mismo se encargó de desmentir rápidamente.

Vale la pena traer a colación que la iniciativa de promover el acercamiento sudamericano, a partir del logrado entre las dos mayores naciones de su espacio, careció de viabilidad. Sucedió, sobre todo, porque las gestiones de Frondizi pronto irán perdiendo fuerza, de la mano de las enormes presiones internas que sufriría desde su primer día en el sillón de Rivadavia, intensificadas luego de Uruguayana y que finalmente provocaron su derrocamiento sólo meses después. El desgaste que ocasionaban en la gestión de gobierno, donde tenía que combatir día a día con opositores de toda índole, le demandaba completa atención y energía en poder sortear esa oposición fundamentalista. Y, por el lado del otro protagonista de la entente, Jânio Quadros, su intempestiva renuncia también limitó la posibilidad de continuar con la tarea de diseminar el ideal del encuentro en el resto del Subcontinente.

Entre tanto, en los Estados Unidos los resultados del encuentro no despertaron finalmente mayores preocupaciones, sobre todo por el entendimiento de  Kennedy con Frondizi y las explicaciones razonables que este último le habría brindado sobre las “buenas” intenciones del acuerdo. Pero, en realidad, lo que más le importaba al norteamericano en ese momento era la desastrosa intervención que había autorizado para derrocar a Castro por medio de la invasión a la isla, intento que en sólo un par de días fue totalmente neutralizado, provocando un verdadero terremoto en el gobierno y en la opinión pública norteamericana.

En esa crítica situación, el acuerdo de los dos presidentes sudamericanos pasó a segundo plano, empujado por la crisis desencadenada a consecuencia de la derrota del decisor hemisférico, cuya repercusión tuvo alcance planetario y llevó a creer a la potencia enemiga que el presidente de Estados Unidos era un conductor endeble. Tal juicio de valor fue puesto en entredicho cuando Kruschev, influenciado por esta supuesta “debilidad de carácter” de Kennedy, tomara impulso para llevar adelante la instalación de los misiles nucleares en tierra cubana[25].

Por el lado de la prensa de aquél país, numerosos medios gráficos se hicieron eco del encuentro entre los dos sudamericanos, pero estaban atentos, al igual que su gobierno, sólo a las cuestiones que pudieran emanar en relación a la posición que tomarían con respecto a Cuba, dejando para una lectura secundaria cualquier otro resultado de Uruguayana. Más aún, parecían interpretar, a la luz de las expresiones volcadas en los encabezados de los medios gráficos, que los dos jefes de Estado sudamericanos daban prioridad en su agenda, por sobre cualquier otro asunto, al tema cubano.

De esta manera lo reflejaba el influyente TheNew York Times, al señalar en un sorprendente título sobre la reunión a efectuarse en Uruguayana que “Two latin chiefs to unite on reds”, en alusión a Frondizi y Quadros. Así, ambos habrían pactado llevar adelante un enérgico frente anticomunista[26]. Luego, el mismo medio volvió a mencionar la reunión con algo más de amplitud en cuanto al temario tratado, pero ubicando en primer término la insoslayable “cuban situación”[27]. Por último, el día 21 informa que Brasil junto a la Argentina afirmaron sus lazos con Occidente en una coalición contra el comunismo y brindaron fuerte apoyo a la Alianza para el Progreso[28].

También es posible citar otros ejemplos de diarios del interior de los Estados Unidos que ofrecen similar información, destacando en primer lugar el apoyo a Kennedy y la unión contra el comunismo que dejó Uruguayana. No obstante, en algunos casos, dejaban en claro que se trató del primer encuentro en la historia de verdadera cooperación entre las dos naciones sudamericanas; otorgando así un reconocimiento mayor al evento y algo más de certidumbre en cuanto al motivo de su realización[29].

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Daniel Amicci

Magister en Relaciones Internacionales

Especialista en Educación Virtual

Profesor y Licenciado en Historia

Fuente: extracto de la Tesis Doctoral ” La construcción de la alianza estratégica entre Argentina y Brasil durante el período del “desarrollismo”, 1958-1962


[1] En esta misma ciudad riograndense, frente a la correntina Paso de los Libres, se había llevado a cabo el 21 de mayo de 1947 otra importante reunión entre dos mandatarios argentinos, Juan Perón y Enrico Dutra, con motivo de la inauguración del primer puente internacional (bautizado como Agustín Justo-Getulio Vargas) entre ambos países. A la vez, fueron suscriptos varios acuerdos que sin embargo no fueron ratificados por el Parlamento brasileño.

De acuerdo con Lanús, “Ya en ese acto protocolar pueden observarse dos actitudes: la del Jefe de Estado Argentino, abierta y confiada, y la del brasileño, más escéptica y limitativa”. En LANÚS, op. cit., p. 286. Ahora, Quadros tendrá una conducta mucho más cooperativa y fiada, nacida de un pensamiento sin desconfianza hacia Argentina y de su admiración hacia Frondizi y su grupo de trabajo.

 Pasarán muchos años hasta que nuevamente volviera a materializarse otra obra de esa envergadura física y simbólica para los dos países, y que marcará el nuevo y decisivo momento de la integración bilateral (que se había retomado de nuevo en Uruguayana en 1961), esta vez llevado adelante por el presidente de la República Argentina, Raúl Alfonsín, y el presidente de la República Federativa del Brasil, José Sarney.

    Uno y otro jefe de Estado procedieron a la inauguración solemne, el 29 de noviembre de 1985, del puente internacional -Tancredo Neves- que une la ciudad de Puerto Meira en el Brasil con la de Puerto Iguazú en la República Argentina y que estaba en línea con la política de integración, que desembocará en la creación del Mercado Común de Sur a partir de la Declaración de Foz de Iguazú (también llamada Acta de Foz de Iguazú) suscrita en esa oportunidad.

[2] GUSSONI, op. cit. p. 92.

[3] LANÚS, op. cit., p. 291.

[4] CAMILIÓN, op. cit., p. 75.

[5]ALBINO GOMEZ, Arturo Frondizi. El último estadista, Buenos Aires, Lumiere, 2004a, pp. 94-95.

[6] El cuerpo documental estaba compuesto por una Declaración Conjunta sobre Cooperación Política, un Convenio de Amistad y Consulta, una Declaración Conjunta sobre Cooperación Comercial y una Declaración sobre Intercambio Cultural.

[7]ALBINO GOMEZ, “La política exterior del Presidente Arturo Frondizi”, Buenos Aires, Fundación Centro de Estudios Presidente Arturo Frondizi, 2004b, p. 5. Obtenido en:  www.fundacionfrondizi.org.ar/docs/Gomez-28-10-04.doc Acceso en: 7 de mayo de 2011.

[8] ARTURO FRONDIZI, “El presidente Kennedy que yo conocí”, Reedición de la conferencia pronunciada el 14 de junio de 1989, Buenos Aires, Academia Argentina de la Historia, 1989, pp. 16-17.

[9] JORNAL DO BRASIL, 21 de abril, 1960, pp. 1-3.

[10] CAMILIÓN, op. cit., p. 69.

[11] LANÚS, op. cit., pp. 292-293.

[12] Dieron empuje a este cometido las acertadas medidas que se pusieron en práctica para la disolución de la Dirección Nacional de Empresas del Estado –DINIE-, que eran un grupo de compañías químicas, eléctricas, farmacéuticas y de la construcción de capital alemán, intervenidas por el Estado Nacional al declararle la guerra al Eje hacia comienzos de 1945. Se arribó a buen puerto con la famosa cuestión del grupo Bemberg, devolviendo a la familia sus propiedades e industrias, que habían sido nacionalizadas por Perón; así como también se resolvieron los casos de CADE y ANSEC. En CLAUDIO BELINI y MARCELO ROUGIER, El estado empresario en la industria argentina: conformación y crisis. Buenos Aires, Manantial, 2008; ARTURO SABATO, Historia de los contratos petroleros, Buenos Aires, Cogtal, 1963, pp. 12-14.

La acción diplomática articulada ayudó también en el plano internacional financiero a pactar el refinanciamiento de la deuda con el Club de París y acuerdos de índole comercial y crediticia con el gobierno norteamericano; gestiones todas que dieron fuerte asistencia a la promoción de la inversión extranjera en el país. En ALBINO GOMEZ, “La política exterior del Presidente Arturo Frondizi”, Buenos Aires, Fundación Centro de Estudios Presidente Arturo Frondizi, 2004b, pp. 3-4. Obtenido en:  www.fundacionfrondizi.org.ar/docs/Gomez-28-10-04.doc Acceso en: 7 de mayo de 2011.

[13]ALDO FERRER, “Ahorro interno y capital extranjero: la estrategia desarrollista del gobierno de Arturo Frondizi y una conversación con Rogelio Frigerio”, 2008, p. 4. Obtenido en: http://www.econ.uba.ar/planfenix/aportes/8/Ferrer/04%20-%20Ferrer%20-%20Ahorro%20interno%20y%20capital%20extranjero%20-%20mayo.pdf  Acceso en: 26 de mayo de 2011.

[14] Ídem, Ibídem, pp. 1-2.

[15]FERNANDO CARDOSO, Ideologías de la burguesía industrial en sociedades dependientes (Argentina y Brasil), (5ª ed.), México, Siglo XXI, 1976, p. 123.

[16]HORACIO CERRUTTI, “Indicadores económicos”, en Arturo Frondizi, 1428 días de desarrollo en democracia (2ª ed.), Buenos Aires, Fundación Frondizi/Biblioteca Nacional, 2001.

[17] GUSSONI, op. cit., p. 99.

[18]LUIS DALLANEGRA PEDRAZA, “Teoría de las Relaciones Internacionales”, Material de Cátedra, Universidad Maimónides, Buenos Aires, Cap. 2, pp. 51-52.

[19] JORNAL DO BRASIL, 21 de abril, 1960, pp. 1-3; LANÚS, op. cit., p. 295.

[20] Potash opinó que el texto adolecía de ambigüedades en su redacción. Op. cit., T.2, p. 451.

[21] SAN TIAGO DANTAS, “Discurso pronunciado por el canciller San Tiago Dantas en la Academia Nacional de Derecho de Buenos Aires”, 13 de noviembre, 1961.

[22] LANÚS, op. cit., p. 296.

[23]ALBINO GOMEZ, “La política exterior del Presidente Arturo Frondizi”, Buenos Aires, Fundación Centro de Estudios Presidente Arturo Frondizi, 2004b, p.8. Obtenido en:  www.fundacionfrondizi.org.ar/docs/Gomez-28-10-04.doc Acceso en: 7 de mayo de 2011.

[24] Sus equipos diplomáticos estaban imbuidos de la misma predisposición positiva, salvo en los primeros momentos, donde surgieron algunas desavenencias planteadas por los brasileños, derivadas sobre todo por ciertos recelos de su canciller Alfonso Arinos. El diplomático provenía de una familia tradicional de alcurnia y había sido educado en los clásicos preceptos que adjudicaban a la Argentina un calificativo de país peligroso para los intereses del Brasil. Estos contratiempos fueron rápidamente superados, sobre todo por la intervención conciliadora de los dos jefes de Estado.

[25] ARTURO FRONDIZI, “El presidente Kennedy que yo conocí”, Reedición de la conferencia pronunciada el 14 de junio de 1989, Buenos Aires, Academia Argentina de la Historia, 1989, p. 16.

[26] “Two Latin Chiefs to Unite on Reds; A Stronger Anti-Communist ‘Front’ Is Expected From Frondizi-Quadros Talk”, en THE NEW YORK TIMES, 16 de abril, 1961, p.7.

[27] “Chiefs of Argentina and Brazil To Meet Today on Latin Issues; Frondizi and Quadros Will Consider Cuban Situation, Economic Assistance and Free Trade Area Plans”. En THE NEW YORK TIMES, 20 de abril, 1961, p. 12.

[28] “Quadros and Frondizi Endorse Western Ties and Kennedy Plan. The Presidents of Brazil and Argentina affirmed tonight their alliance with the West against communism and approved President Kennedy’s Alliance for Progress program in the hemisphere”. En ídem, 21 de abril, 1961.

[29]KENTUCKY NEW ERA, 22 de abril, 1961, EE.UU., p. 1; SAINT JOSEPH, 23 de abril, 1961, EE.UU., p. 4A

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