Más allá de la estabilización

*) Por Sebastiàn Lucas Ibarra

“El foco del carácter permanente que sigue alimentando la inflación es el déficit presupuestario, y el plan de estabilización no podrá cumplirse en sus aspectos positivos y saludables mientras este problema no sea resuelto con la energía que el país reclama.

Pero el futuro argentino no puede ser asegurado por esas medidas de estabilización y saneamiento monetario y financiero. No basta evitar la crisis económica que amenaza el país, es necesario crear las condiciones para romper este proceso de estancamiento y regresión que se origina en el subdesarrollo y en la deficiente estructura de la economía nacional.”


Rogelio Frigerio. Las condiciones de la Victoria IV Ediciòn.  Cap III

La relación entre estabilización y desarrollo es sumamente profunda al punto que cuando están bien alineados sus efectos se potencian y retroalimentan a pesar de que pueden ser a simple vista medidas antagónicas.

Gobiernos en la historia argentina que hicieron programas de estabilización hubo demasiados. Cíclicamente se reproduce esta situación luego de gobiernos de tendencia populista, en relación a épocas de crecimiento económico con aumento de gasto público no sustentable. Ese gasto que desborda las cuentas nacionales en las épocas de fase descendente del ciclo, y que suele estar acompañado por déficit comercial, atraso cambiario e inflación.  Algo tan conocido y contemporáneo que no necesita dar más detalles.

Es entonces cuando se escuchan frases como “gastamos más de lo que ingresa”, “el núcleo del problema que es cómo bajar los gastos del sector público”. El Estado se vuelve el principal culpable y hacia el giran todas las miradas. Y sí, son sentencias de un diagnóstico certero.

Los augures de la estabilización hablan de ella como si fuera la solución a todos los males. No le dicen “mágica” porque los argentinos tenemos bien claro que se pagan con aumento en el costo de vida. Sobre todo, en la clase media. Afortunadamente los sectores más vulnerables se encuentra contenidos por una extensa y costosa red de asistencia social, que paradójicamente incrementa el problema del del déficit pero evita el caos social (y político) – el cómo resolver esta cuestión de manera estructural es uno de los grandes desafíos de la Argentina hoy-.

Bajemos el gasto público, saneemos la moneda, bajemos la inflación, controlemos el dólar”, son las recetas que permitirán recomponer la situación. Claramente hay que resolver dichas problemáticas. Es entonces cuando en los diarios se pueden leer afirmaciones como “Si el país lograra de una vez la hazaña de equilibrar sus cuentas, sus ecuaciones macroeconómicas mejorarían y eso podría potenciar el desarrollo de su extraordinaria estructura productiva”. El hecho es que, bajo un diagnóstico certero, se define a la estabilización como condición previa sine qua non del desarrollo. Prácticamente como un fin en sí mismo. He aquí el eje del problema y desde donde pretendo proponer una visión desarrollista en base a la experiencia de aquel gobierno y con citas de la obra “Las condiciones de la victoria” de Rogelio Frigerio.

Reducir el gasto enérgicamente

A fines de 1958 el gobierno desarrollista implemento un fuerte programa de estabilización patrocinado por el Fondo Monetario Internacional quien se comprometió a otorgar importantes préstamos para financiarlo.  Frigerio, en la obra citada, explica las razones del plan: “Tal el sentido del plan de austeridad: limitar los gastos de la población a lo que realmente el país produce. Lo que sucede, simplemente, es que el país había pasado bruscamente de un consumo superior a su capacidad económica a un consumo adecuado a esta. Y no por simple decisión, sino por agotamiento de los ahorros y de los créditos externos. El plan de estabilización no perseguía otro objeto que evitar que ese imprescindible reajuste de las condiciones de vida de la población desembocara en una cesación de pagos (el tan conocido default), crisis económica, bancarrota industria y comercial, desocupación y miseria popular”.  Sesenta años despùes tuvimos que tomar la misma decisión.

Las medidas implementadas aquella vez fueron tajantes. Frondizi no anduvo con gradualismos: Tomo decisiones impopulares cuando era necesario a costa de un enorme descontento social y el oportunísimo político de un peronismo en fase combativa y dispuesto a todo. La reducción del déficit era una prioridad de su gestión, y fue directo a sus causas mas profundas: “En un mismo sentido el programa de estabilización postula la eliminación del déficit presupuestario- que ha sido la causa de la emisión incontrolada de dinero- mediante una enérgica reducción del personal innecesario en la administración y los servicios públicos”.  Frigerio tenía claro que “todas las actividades que dependen directa o indirectamente del Estado deben ser colocadas en condiciones de desenvolverse sin déficit para que se elimine de sus fuentes de financiación la emisión que deteriora salarios y descapitaliza el pàis”.  La convicción y la necesidad eran claras “Era necesario proceder drásticamente a la eliminación de las dos causas técnicas de mayor incidencia en el origen de la inflación: los déficit de las empresas del Estado y el exceso de burocracia” (RF-LCV).

Hasta acá, del podríamos decir que lo expuesto condice plenamente con las declamaciones de los exponentes más mediáticos de la ortodoxia liberal. Pero atención. El enfoque monetarista focaliza aquí toda su atención. Arguyen que la estabilización generará nuevamente las condiciones para el crecimiento. Olvidan que generar desarrollo es otra cosa y se necesita mucho màs  que estabilización (y de  aquello de  “hay que dar confianza a los mercados”). Se necesita un impulso determinante del Estado fruto de una convicción y de un plan estratégicamente definido. Con prioridades que deberàn promoverse, alentarse, facilitarse por medio de la política económica. Acá esta la primera diferencia con nuestros amigos de la ortodoxia liberal.  Frigerio mismo lo explica: “Planes de estabilización de ese tipo, también patrocinados por el FMI sean puesto en práctica en la mayoría de los países latinoamericanos. Sabíamos que evitaban la crisis violenta, pero que no curaban la crónica enfermedad del empobrecimiento provocado por un ritmo de capitalización insuficiente frente al aumento de la población y de sus necesidades. Se necesitaban otros remedios, aplicados al mismo tiempo, que aquellos sectores básicos que habían sido descuidados por la excesiva persistencia en la monoproducciòn agropecuaria”. Es decir, màs allà de la estabilidad y en combinación con ella, había que generar la base industrial que genera producción, trabajo consumo y ahorro de importaciones. Sin eso el problema crónico persiste y vuelve. ¿Más simple? Seguir el ejemplo de lo que hicieron todos los países desarrollados y que Argentina hace a paso intermitente, con avances y retrocesos hace un siglo. 

Evitar el estancamiento

Para que tenga efecto los planes de estabilización desaceleran la actividad económica con su consecuente impacto social.  La clave esta en reducir el aspecto negativo de estas medidas sin que deje de surtir su efecto depurador. Frigerio contemplaba esto claramente y da su respuesta a la interacción simultánea entre estabilidad y desarrollo: “Para evitar ese estancamiento o retroceso formulamos un plan de expansión que debía estar en plena ejecución al tiempo de formularse el plan de estabilidad“.   Esta es la visión desarrollista de la estabilización, la cual es inevitable y necesaria, pero debe estar precedida o al menos acompañada de fuertes políticas que promuevan al cambio estructural de la economía. No esperar a después, a que sean una consecuencia, sin atender el problema de fondo. A continuación detalles su implementación en aquel gobierno que tienen enorme vigencia de aprendizaje para la actualidad.

En primer: el destino de los empresitos otorgados. Frigerio detalla: “el crédito extranjero, aunque ya muy limitado, podría tal vez contribuir a ese fin. Y también cooperar el capital privado extranjero“. Es decir, parte de esa plata a la inversión prioritaria. Lo que suena evidente no lo es para algunos en la realidad cuando uno recuerda que bajo la conducción de Sturzenegger en el Banco Central se quemó miles de millones de dólares para “sostener” un dólar cuyo valor estaba insosteniblemente devaluado. Esa plata en Vaca Muerta, en las economías regionales, en las pymes. ¿no hubiese moderado mejor el impacto de la devaluación? Por lo menos hubiese potenciado estos ejes prioritarios del desarrollo nacional ampliamente dinamizadores.

Precisamente este es el capítulo que falta siempre en el manual del monetarismo, la vocación de transformarnos en un país desarrollado, es decir con una matriz productiva diversificada. El proceso de desarrollo con estabilidad va precisamente a eso: “una vez realizado el esfuerzo inicial (el ajuste), la Argentina , al prescindir de esas importaciones, no solamente se habrá alejado pro siempre del peligro de la crisis, sino que estaría en condiciones de  de destinar la mayor parte del valor de sus exportaciones a la adquisición de los bienes de capital que los demás sectores de la economía reclaman urgentemente para elevar los niveles de productividad, es decir para realizar ese desarrollo económico que se traduce directa y rápidamente en la elevación de las condiciones de vida de la población.”(RF-LCV).

Moderando el impacto de la estabilidad

La amalgama entre estabilización y desarrollo apunta también a bajar el costo social, y político, que conllevan los planes de ajuste. Frigerio también tenía en cuenta esto.

Es común escuchar, incluso al ciudadano común o a los adalides del neoliberalismo argüir que “hay que echar empleados públicos, privatizar empresas públicas y asunto resuelto”. El tema es que nadie responde ¿Qué pasa con esos compatriotas? Es la pregunta que pocos se hacen cuando dan estas contundentes respuestas. Frigerio no lo olvida y la da precisa: “trasferir fuerza de trabajo de los sectores improductivos a los más productivos”. En pocas palabras pasar empleados públicos al sector privado. Pero ¿cómo hacerlo en un contexto de recesión? El gobierno desarrollista lo hizo. Redujo en 300.000 empleados la nómina estatal (muchísimo en aquella época) absorviendolos el sector privado. En la actualidad esto sería posible promoviendo y favoreciendo directa y decididamente a las pymes (impuestos, créditos, beneficios, promociones). Incluso los subsidios del Estado a las mismas, que engorran ese mismo déficit, son fundamentales dado que, si cierran las empresas, esa misma plata deberá ser transferida ya no como promoción de las pymes, sino como subsidio social. Y sabemos que eso no es solo un cambio cuantitativo en las personas y en la misma estructura social.

En concreto se trata de transferir a los sectores mas dinámicos esos recursos. El amigo Maximo Merchensky incluso esbozo una propuesta mucho màs disruptiva hace poco tiempo en linea con este planteo.

Pero también Frigerio destaca un factor fundamental que tiene el Estado para mantener el nivel de actividad y empleo activo: la obra pública “su ejecución inmediata y simultánea con la adopción de aquellas medidas tendría la doble virtud de mantener los índices de ocupación y servir a la vez de eficaz complemento de la actividad privada en su desarrollo dentro de los planes económicos en marcha”. Prioridad clave en todo sentido es mantener y promover la obra pública en tiempos de estabilización.

Juan Josè Real en su obra “Treinta años de historia argentina” da más detalles de estas cuestiones “El déficit fiscal no se equilibraba sin una drástica disminución de los gastos en aquellos sectores que provocaban su continuo aumento: las empresas estatales. El déficit comercial no se solucionaba desmullendo las importaciones indiscriminadamente, sino protegiendo las industrias que producen aquí y desarrollando o creando los renglones principales que las constituían: combustibles, aceros, productos de química pesada. En las condiciones de contracción económica, no se trataba tampoco de disminuir los medios de pago: se trataba de sustraerlos a los sectores no productivos, trasladando, al mismo tiempo, el personal que quedara desocupado de los primeros (como el empleo público). Pues la inflación que provoca el déficit es doblemente destructiva: la absorben los sectores no productivos y deprime los salarios de los sectores productivos”.

Las condiciones de vida en el gobierno de Frondizi fueron duras para todos los argentinos. Eso es innegable. Pero el esfuerzo de estabilización y el impacto del programa de desarrollo permitieron que el país viviera de esa renta, aún con medidas antagónicas, durante más de una década. Nuestra humilde meta no debe ser otra que trabajar y madurar en pos de políticas a largo plazo coherentes. En particular en materia económica. Ni populistas ni liberales lo han logrado. Unos incrementando los gastos y el despilfarro, interviniendo en todo en lugar de promover prioridades; los otros limitando nuestra capacidad y diversidad productiva, confiando en “el mercado” sin darle buenas garantías ni fijar prioridades estratégicas para el desarrollo. Aplican políticas que funcionan en países ya desarrollados, con industrias competitivas y menores costos de producción.

Las condiciones para la victoria han cambiado, pero siguen siendo el desafío para que seamos mas nación.

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