Más allá de la estabilización

*) Por Sebastián Lucas Ibarra.

estabilización

Mauricio Macri, Nicolás Dujovne y Christine Lagarde en la residencia de Olivos

Muchos gobiernos argentinos implementaron programas de estabilización. Y el de Frondizi no fue la excepción. A fines de 1958 el gobierno desarrollista lanzó un fuerte programa de ajuste patrocinado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Tuvimos que tomar la misma decisión sesenta años después. No es casualidad; forma parte de un ciclo. Los gobiernos populistas aumentan el gasto público en las épocas de bonanza, lo que deriva en déficit fiscal, inflación, atraso cambiario y déficit comercial. En la etapa descendente, llega el momento de acomodar las cuentas públicas. Pero no todos los ajustes son iguales.

Frondizi no se anduvo con gradualismos. Tomó medidas impopulares en forma tajante, a costa de un enorme descontento social, que fue aprovechado en forma oportunista por el peronismo. Tuvo un alto costo político, pero la reducción del déficit era una prioridad y fue abordada en forma directa. “Era necesario proceder drásticamente a la eliminación de las dos causas técnicas de mayor incidencia en el origen de la inflación: los déficits de las empresas del Estado y el exceso de burocracia”, explica Rogelio Frigerio en el libro Las condiciones de la victoria.

Hasta este punto, la posición desarrollista coincide con las de los exponentes más mediáticos de la ortodoxia liberal. Pero atención, el enfoque monetarista considera que el gasto público es el principio y el final del problema. Y plantea que la estabilización es suficiente para generar las condiciones para el crecimiento. Los desarrollistas, en cambio, creemos que el desarrollo es otra cosa.

Se necesita más que bajar el gasto público y generar “confianza para los mercados”. Así lo explica Frigerio en su libro más conocido: “Planes de estabilización de ese tipo, también patrocinados por el FMI, se han puesto en práctica en la mayoría de los países latinoamericanos. Sabíamos que evitaban la crisis violenta, pero que no curaban la crónica enfermedad del empobrecimiento provocado por un ritmo de capitalización insuficiente frente al aumento de la población y de sus necesidades. Se necesitaban otros remedios, aplicados al mismo tiempo, que aquellos sectores básicos que habían sido descuidados por la excesiva persistencia en la monoproducción agropecuaria”.

Estabilización y desarrollo

Los planes de ajuste provocan la desaceleración de la economía. Y tienen un duro impacto social. Frigerio planteaba que era fundamental evitar que en la etapa de estabilización se hundiera la economía. La clave es la interacción simultánea entre estabilidad y desarrollo.  “Para evitar ese estancamiento o retroceso formulamos un plan de expansión que debía estar en plena ejecución al tiempo de formularse el plan de estabilidad”, resume el padre del desarrollismo.

La vocación de desarrollar el país es el capítulo que falta, precisamente, en el manual del monetarismo. El proceso de desarrollo con estabilidad apunta en esa dirección. El plan de Frondizi era una combinación de ajuste y sustitución de importaciones, explica Frigerio en Las condiciones de la victoria: “Una vez realizado el esfuerzo inicial (el ajuste), la Argentina, al prescindir de esas importaciones, no solamente se habrá alejado por siempre del peligro de la crisis, sino que estaría en condiciones de  destinar la mayor parte del valor de sus exportaciones a la adquisición de los bienes de capital que los demás sectores de la economía reclaman urgentemente para elevar los niveles de productividad. Es decir, para realizar ese desarrollo económico que se traduce directa y rápidamente en la elevación de las condiciones de vida de la población”.

El déficit fiscal ocupa, por lo tanto, un lugar central en la teoría desarrollista. Pero no alcanza para explicar las causas de la crisis, ni tampoco para encontrar las posibles salidas. Juan Josè Real  detalla la posición sobre este punto en su libro Treinta años de historia argentina: “El déficit fiscal no se equilibraba sin una drástica disminución de los gastos en aquellos sectores que provocaban su continuo aumento: las empresas estatales. El déficit comercial no se solucionaba disminuyendo las importaciones indiscriminadamente, sino protegiendo las industrias que producen aquí y desarrollando o creando los renglones principales que las constituían: combustibles, aceros, productos de química pesada. En las condiciones de contracción económica, no se trataba tampoco de disminuir los medios de pago: se trataba de sustraerlos a los sectores no productivos, trasladando, al mismo tiempo, el personal que quedara desocupado de los primeros (como el empleo público). Pues la inflación que provoca el déficit es doblemente destructiva: la absorben los sectores no productivos y deprime los salarios de los sectores productivos”.

Reducir el gasto sin generar desempleo

La demagogia neoliberal tiene el gatillo fácil contra los trabajadores estalles. Es el caso del economista José Luis Espert, que sostiene que “sobran 1.800.000 empleados públicos”, sin que le tiemble la voz y sin datos concretos sobre las dotaciones en los tres niveles del Estado —nacional, provincial y municipal— que lo avalen. Es un mensaje irresponsable, pero prende, incluso en el ciudadano común. Más allá del número citado, que parece difícil de sostener, existe cierto grado de sobredotación en el Estado. Pero, ¿es posible reducir la planta estatal sin provocar un incremento del desempleo y una agudización de la crisis? El gobierno desarrollista lo hizo.

Entre 1958 y 1962, la nómina estatal se redujo en 300.000 empleados. Muchísimo para la época. Pero fueron absorbidos por el sector privado, siguiendo la máxima de Frigerio: “Transferir fuerza de trabajo de los sectores improductivos a los más productivos”. En la actualidad también es posible, si se implementa una política directa y decidida para favorecer a las PyMEs a través de impuestos, créditos, beneficios y promociones. A primera vista, puede parecer un criterio contrario al plan de ajuste, pero una empresa que produce y genera empleo es un ahorro para el Estado: reduce la necesidad de destinar subsidios sociales para sostener a los desocupados. Que el Estado subsidie por el ministerio de Producción es algo muy diferente que lo haga desde el ministerio de Desarrollo Social. Esto sin contar el cambio cualitativo que genera en las personas y en la estructura social.

Las condiciones de vida en el gobierno de Frondizi fueron duras para todos los argentinos. Eso es innegable. Pero el esfuerzo de estabilización y el impacto del programa de desarrollo permitieron que el país viviera más de una década de expansión gracias a la transformación que se realizó en apenas cuatro años. La clave fue definir políticas coherentes a largo plazo. Ni populistas ni liberales lo habían logrado antes. Ni lo lograron después.

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