Mercosur – UE, 20 años sin acuerdos

Banderas del Mercosur, la Unión Europea y Brasil. Mercopress

*) Por Horacio Pereira.

Iniciadas las negociaciones hace ya casi veinte años y a poco de concluir con el acuerdo de tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, la pregunta que surge es: ¿Por qué llevó tanto tiempo llegar a un acuerdo de libre comercio?

Durante los últimos veinte años, en los que las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea avanzaron, retrocedieron, fueron suspendidas en el 2012 y relanzadas en el 2016, la UE fue capaz de celebrar acuerdos comerciales con Japón, Canadá, Colombia y Perú. En el caso del Mercosur, los europeos lidiaron durante años con un bloque internamente dividido en el que los países mas grandes del bloque pregonaban y temían por el posible impacto en su tejido industrial. Entre los países miembros existían diferencias entre el nivel de apertura que quería cada país. Hoy vemos que esos países, por primera vez, están en la misma dirección. Hoy el Mercosur está dispuesto a hacer concesiones en materia de servicios, industria y licitación pública, los sectores de mayor interés para la UE.

En el caso europeo, tras las elecciones en Alemania y Francia, las negociaciones tomaron impulso. La presión del lobby agrícola europeo, más fuerte en Francia e Irlanda, fue un problema recurrente en las negociaciones entre europeos y sudamericanos. El recientemente electo presidente Emmanuel Macron debe lidiar con la fuerte corporación agrícola de su país. Los agricultores franceses, principalmente de la carne y etanol, están en pie de guerra. La agricultura siempre ha sido un punto sensible en las negociaciones por parte de los países de la Unión. Ha habido muchas protestas, los agricultores temen el impacto de la apertura comercial con el Mercosur, donde está el mayor exportador de carne y mayor productor de etanol y de commodities: Brasil.

En cualquier negociación comercial los sectores sensibles determinaran qué lobby saldrá al ataque.  Los agricultores europeos también argumentan que sus competidores sudamericanos no están sometidos a las mismas normas sanitarias de calidad impuestas en la UE y aprovechan políticamente recordar el escándalo denunciado este año de los fraudes de las carnes procesadas brasileñas. Este temor es refutado por la Comisión Europea, que destaca que de concretarse el tratado comercial se armonizarían reglas y los sistemas de control.

Pese a las quejas, la delegación de Bruselas se concentró en la redacción de otros capítulos del futuro acuerdo, que hacen al resguardo de la propiedad intelectual especialmente en el sector farmacéutico, los reglamentos técnicos y las compras públicas, lo que le permitiría a los países de la Unión acceder a negocios millonarios para las firmas europeas, despertando recelo y protestas formales por parte de la Unión Argentina de Proveedores del Estado

Dentro del ideario del gobierno argentino surge la ingeniería de reinserción internacional del país, que también apunta a lograr el ingreso de país como miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La desregulación, apertura comercial y creación de comercio, son condición sine qua non para conseguir la confianza de los inversores. Los críticos apuntan al impacto negativo que podría tener en el tejido industrial, como también en la posible reprimarizacion de la producción y de la oferta exportable del país. Sostienen que se reforzaría el patrón de comercio norte-sur, centro- periferia, con la Unión Europea como proveedora de bienes industriales y el Mercosur de materias primas, perpetuando así la división internacional del trabajo. Mas allá de los detractores y de los impulsores, ambas partes tienen interés de llegar a un acuerdo antes de fin de año.

Horacio Pereira
Miembro del equipo de VD. Licienciado en Comercio Internacional. Máster en negocios con China y Asia Pacífico

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