El mito de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre

*) Por Ariel Kocik.

Quizás simbólicamente, Perón indultó al comisario Ramón Valdez Cora, asesino del senador Enzo Bordabehere, el compañero de Lisandro de la Torre, batallador solitario contra los monopolios. A la vez Perón encarceló al verdadero líder de los obreros de la carne, y su política frente a los frigoríficos fue elogiada por el embajador norteamericano Stanton Griffis, un sucesor del famoso Spruille Braden. Se intervino, por último, al sindicato de los trabajadores. De fondo, la pelea por el hambre del pueblo en un suelo rico.

Un capítulo más famoso de luchas, con prensa de izquierda, es la toma del frigorífico Lisandro de la Torre,producida en 1959, en el gobierno de Arturo Frondizi. No se sabe tanto que en el mundo sindical de entonces muchos obsecuentes habían dado en “héroes”. Suele suceder. Los delegados del peronismo que venían de ser interventores e incluso delatores (como Juan Perazzolo o Aurelio Hernández) se probaban el papel de “resistentes”. Otro ex interventor era José Alonso; la lista es larga. La toma era parte de un plan de desgaste contra Frondizi. El metalúrgico Augusto Vandor nunca había cortado carne, pero pidió acorralar al gobierno como fuera.

En los años cuarenta, con un gremio mucho más aguerrido y movilizado, el diputado Frondizi había apoyado la gestión obrera de todos los frigoríficos, conquista que fue impedida por los diputados peronistas, entre ellos el joven John Cooke. Con los años, el matadero Lisandro De La Torre bajó su producción en miles de novillos y aumentó su personal en miles de empleados, una tendencia general del Estado que pagaba el pueblo con la inflación, según Frondizi. La razón era el clientelismo político, se ha señalado. Había gente que no faenaba e igual cobraba.

En 1959 se propuso alquilar la planta de Mataderos porque daba déficit. La privatización “cortaba pingües negocios” de algunos, como comprar carne a precio de privilegio, o no trabajar, según Luis Beraza. Perón había subsidiado a los pulpos como Anglo, Armour y Swift, pero discriminó a los mataderos nacionales. Ninguno de los que siguieron a Cooke en 1959 había denunciado a tiempo la situación, ni reclamado por los obreros de Berisso y Avellaneda secuestrados por la policía de Mercante, ni por los despidos masivos en el litoral.

Los colaboracionistas de 1949 son los resistentes de 1959. El doctor Cooke, quien tampoco era obrero, mostró un pañuelo con sangre de oveja, como si fuera de un mártir (1). En tiempos de Reyes había sangre de verdad. El diario La Vanguardia lo recordó: “Manuel Mustafá fue asesinado por la espalda en Berisso. Juan Ucera fue baleado en el sindicato Anglo. Boris Dorfman, secuestrado. MancelRamilo, ex secretario del sindicato Anglo, fue sometido a bárbaras torturas, etc”. Un militante por los derechos humanos de entonces era Arturo Frondizi.

Cuando asumiera Perón su primer mandato, el gendarme Solveyra Casares intervino contra el laborismo y el gremio de la carne. Lideraba una represión ilegal que dejó miles de torturados y muchos no la contaron. En 1959 el mismo Solveyra, definido como un torturador por el artista popular León Gieco, se sumaba a la “resistencia” contra el desarrollismo de Frondizi. Perón lo respaldaba, desde el matadero humano de Rafael Trujillo. (2) Con la toma apoyada por Vandor, la izquierda descubrió una batalla de clase y el peronismo una tardía resistencia, pero muchos que activaron contra Frondizi ayudaron al dictador Onganía y a la desgracia del país.

Fuente: www.cuentosperonistas.com

(1) Testimonio Gambini

(2) Archivo peronista


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Ariel Kocik

Periodista e investigador de historia 

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