El Plan Belgrano, clave para el agro en el norte

*) Por Jorge Castro.

Hay una situación de hiperliquidez en el mundo, con las tasas de interés más bajas de la historia. Los títulos alemanes (Bund) a 10 años ofrecen un rendimiento negativo (menos 0,3% anual), y lo mismo ocurre con los títulos suizos y con los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 5 años.

El Banco de Inglaterra (BOE) estima que en la próxima década la totalidad de los títulos a 5/10 años del mundo avanzado tendrían tasas de interés negativas. Este fenómeno se fundamenta en el dato estructural de que la tasa de ahorro global es superior en un tercio o más al nivel inversión en el mundo.

La Argentina es el país menos endeudado de América Latina, con una deuda pública/privada de 18% del PBI, y la deuda externa en dólares es 8% del producto, una de las más bajas del mundo.

Por eso es que el Plan Belgrano de desarrollo de la infraestructura (vial, ferroviaria, aerocomercial) destinado a integrar al Norte argentino, y que fue anunciado por Mauricio Macri en la campaña electoral, adquiere posibilidades ciertas de realización. Prevé una inversión de U$S 16.000 millones en 10 años, y la constitución de un Fondo de Reparación Histórica con $ 50.000 millones.

Su eje es un gasto de U$S 10.000 millones destinado a transformar en autovías a la Ruta 9, que une Córdoba y Salta, a la Ruta 34 (Rosario-La Banda-Salta-Orán) y a la Ruta 14 (Paso de los Libres-Posadas), sumadas a un nuevo puente Resistencia-Corrientes.

Hay que agregarle U$S 4.000 millones para la puesta en valor del ramal troncal del Ferrocarril Mitre (Tucumán-Rosario-Buenos Aires-La Plata) que se suma al programa de modernización en marcha del Belgrano Cargas, que atraviesa 17 provincias.

El aspecto productivo del Plan comienza con un alza del corte de los biocombustibles en las motonaftas (de 10% a 15%), y presupone la eliminación de las retenciones al trigo y al maíz y a todas las economías regionales, con una disminución de 5% en la soja.

El protagonista del Plan es necesariamente la producción agroalimentaria que, a partir del salto tecnológico experimentado en los últimos 20 años, se ha convertido ante todo en un proceso de desarrollo urbano, integrado a la industria y servicios.

El salto tecnológico de la agricultura a partir de 1991 ha integrado en una sola estructura productiva agro, industria y servicios, y la productividad surge ahora del conjunto, y no más del simple aumento de los rendimientos por hectárea. La clave es que los nuevos centros urbanos del interior disponen en los últimos 10 años de equipamientos avanzados en educación y telecomunicaciones.

El agro era un sistema de acumulación esencialmente territorial hasta 1991. A partir de entonces, con eje en los pooles de siembra y la producción de avanzada (siembra directa, Aacrea, Aapresid), la renta agraria se ha desterritorializado e integrado con la industria y los servicios, en un proceso de alza de la productividad de todos los factores (PTF).

El Plan Belgrano abre la posibilidad de resolver la situación de depresión estructural del Norte argentino, que viene complicando el crecimiento económico en el NEA y al NOA a pesar de su enorme potencial, integrándolo con el sector de avanzada de la economía del país: el eje Mendoza-Córdoba-Rosario-Buenos Aires, y puede así convertirse en un componente fundamental de una estrategia de desarrollo nacional.

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