Por qué el debate presidencial es un pilar de las democracias maduras

El debate presidencial del domingo será el primero obligatorio por ley, pero anteriormente se realizaron dos en la elección de 2015

El debate presidencial es una práctica común en las democracias del mundo, pero tiene escasa tradición en Argentina. El primer intento fue en 1989, cuando el candidato justicialista, Carlos Menem, dejó plantado a su contrincante radical, Eduardo Angeloz. El cordobés esperó en vano al riojano en el programa de Bernardo Neustad, y allí nació la metáfora de la silla vacía. El faltazo importó poco en las urnas: Menem ganó por más de diez puntos las elecciones.

Pasaron 26 años desde aquel intento frustrado hasta que se concretó el primer debate presidencial de la historia. Fue antes de las elecciones de 2015 y participaron cinco de los seis aspirantes a la Casa Rosada. Aquella vez, fue Daniel Scioli, el favorito en las encuestas, el que dejó la silla vacía.

Tras la primera vuelta, se organizó un segundo debate entre Daniel Scioli y Mauricio Macri. Ambos participaron. Un sólido Macri superó a Scioli en todos los segmentos. El entonces Jefe de Gobierno tenía una vasta experiencia en debates: en la Ciudad de Buenos Aires se celebran en forma ininterrumpida desde 1996, cuando se eligió el primer gobierno autónomo tras la reforma de la Constitución Nacional.

Cuánto influye el debate en las urnas

El próximo domingo, 13 de octubre, se celebrará el primer debate obligatorio por ley en Argentina. Así lo establece la ley 27.337, de 2016. Y la pregunta natural es: ¿cuánto puede influir en el resultado de las elecciones? La respuesta es… depende. Y la experiencia de la democracia moderna más antigua puede dar algunas pistas.

El primer debate televisado en EEUU enfrentó en 1960 a John Fitzgerald Kennedy con Richard Nixon. La audiencia fue de 70 millones de estadounidenses. Nixon era entonces el vicepresidente de Dwight Eisenhower y, al momento del debate, aventajaba en las encuestas al joven Kennedy. La postura del demócrata y el modo de manejarse ante las cámaras arruinó a Nixon, que no pudo disimular la incomodidad y dejó para la historia su imagen limpiándose reiteradas veces la transpiración. El republicano tuvo una mejor performance en el segundo debate, pero la preferencia del público ya había cambiado. Y no iba a revertirse: el demócrata finalmente se alzó con la presidencia.

El domingo se enfrentarán los seis candidatos a la presidencia. Mauricio Macri hablará primero en la introducción y lo seguirán Alberto Fernández, Nicolás del Caño, Juan José Gómez centurión, José Luis Espert y Roberto Lavagna, En cada bloque iniciará un candidato distinto, rotando en ese orden. El enfrentamiento durará 2 horas, 12 minutos y treinta segundos. Serán tres bloques de programa, con dos pausas publicitarias de 12 minutos. Será diferente a los debates que se realizan en otros países, ya que los candidatos no podrán intercambiar pareceres. Será más parecido a un programa televisivo con exposición de propuestas. Aunque habrá que ver si alguno se salta el libreto. Y si esto repercute de alguna manera en las urnas el 27 de octubre.

En cualquier caso, siempre es sano el debate público. Aunque sea un simple cara a cara ante la sociedad. Robustece la democracia y fuerza a los candidatos a exponer sus ideas. Esto también puede servir para encontrar puntos de encuentro. Y que sea el puntapié para posibles pactos en el futuro. Una democracia madura se cimienta en políticas de estado y en la capacidad de acordar políticas que se respetan más allá del color partidario que le toque gobernar.

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