La producción y comercialización en el país de la soja y sus derivados está vinculada de manera muy fuerte con el precio de las materias primas de soja a nivel internacional, el clima, el tipo de cambio y el régimen impositivo vigente.

Desde el año 2016 y hasta principios de 2018, a pesar de la baja gradual de derechos de exportación, la cosecha y comercialización de porotos de soja y harina de soja caen sistemáticamente debido a la caída del precio internacional y a que se atravesó una sequía muy importante entre el semestre que va desde octubre de 2017 a marzo de 2018.

A partir de abril de 2018 debido a una corrida cambiaria consecuencia de que tenedores de Lebac extranjeros empezaron a desarmar sus posiciones, se desató una carrera contra el peso y se produjo una fuerte devaluación del tipo de cambio nominal que dejó en una posición favorable a los exportadores incrementándose así las cantidades de hectáreas sembradas y las exportaciones en el año 2019.

En el 2020, a partir de la pandemia por COVID-19, aumento de retenciones y principalmente la brecha cambiaria entre dólar oficial y paralelo, el nivel de exportaciones cae como consecuencia de que los productores de granos aguardan una posición más favorable para poder vender su producción, dado que importan insumos dolarizados a un tipo de cambio hasta 100% más caro que lo que reciben por liquidación de tonelada de soja, perdiendo así elevados niveles de rentabilidad.

Si bien Argentina es exportadora neta de granos, las épocas de sequía dejan sin insumos a las plantas procesadoras por lo que se importan porotos de soja desde Paraguay. Sólo en diciembre de 2020, se importó un 134,3% más de soja con respecto al mismo mes de 2019.
Se abren dos escenarios para 2021. En primer lugar, el precio de la soja alcanzó los u$d 500 dólares por tonelada, valores que no se registraban desde 2014 y el clima fue muy favorable en el mes de enero de 2021. Por otra parte, en año de elecciones los gobiernos tienden a apreciar el tipo de cambio como herramienta para anclar la inflación y favorecer el consumo local perjudicando la rentabilidad de los productores.

Probablemente para 2021 los volúmenes comercializados sean mayores a los del 2020, pero muy por debajo de su potencial debido a la política monetaria y al régimen impositivo vigente.

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