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Seis cortes de carne vacuna y una cuchilla. / Kyle Mackie (unsunsplash.com)

El cierre de las exportaciones de carne por 30 días anunciado este lunes tendrá como única consecuencia el desaliento de la producción y no permitirá controlar los precios. Es un retroceso al 2006, cuando el presidente Néstor Kirchner suspender las exportaciones por 180 días y luego creó el Registro de Operaciones de Exportación (ROE) con la misma excusa que ahora: “Cuidar la mesa de los argentinos”. El ROE era administrado por la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), que cerró el grifo de las ventas de carnes al exterior. Las exportaciones cayeron de 700.000 toneladas en 2006 a 180.000 toneladas en 2015, cuando fue eliminado el registro. Este año el gobierno ya había creado un nuevo registro de exportaciones de carne.

Las irregularidades en el ONCCA y los casos de corrupción denunciados fueron tan escandalosos que llevaron a Cristina Fernández a disolver el organismo en marzo de 2011. El campo argentino había perdido en el camino casi 11 millones de cabeza de ganado. La escasez fue tan importante que el precio de la carne subió un 300% entre 2009 y 2011, a pesar de que cayó el consumo interno de carne por habitante. Además de las exportaciones: Argentina pasó de ser el tercer exportador mundial a ocupar el puesto número 13, con meos del 2% del mercado.

Si el ritmo de embarques que hubo hasta 2005 se hubiera mantenido en los años siguientes, el ingreso de divisas por exportaciones de carne hubiera sido de 10.000 millones de dólares en una década, según el estudio Agenda ganadera para la próxima década, un trabajo realizado el marco de un convenio entre la Universidad Católica Argentina (UCA), el Mercado de Liniers y el Centro de Consignatarios de Productos del País. Evidentemente, el país tendría hoy una situación financiera mucho más desahogada y  muy probable que no hubieses necesitado recurrir al FMI.

Gracias al cambio de rumbo que significó la liberación de exportaciones de carnes en 2017, el sector se recuperó y en 2020 exportó 900.000 toneladas, el máximo histórico. Lo que equivale a 2.500 millones de dólares. Esto a pesar de que el país abandonó mercados importantes como Chile o Japón, que son abastecidos por Uruguay, Paraguay y Brasil, que aprovecharon la deserción de Argentina.

Un diagnóstico equivocado

Resulta claro que la nueva internvención Estatal, a travéz de la Secretaría de Comercio, es un disparate injustificado. Significa volver a insistir con medidas que ya fracasaron, basadas en un diagnóstico equivocado. Si el aumento del precio de la carne del 6,8% en el Gran Buenos Aires se explicara por las exportaciones, ¿cómo se explica el encarecimiento de los lácteos y los huevos, que subieron un 8,6%? ¿O de las verduras y los tubérculos, que lo hicieron un 6,3%? La exportación es irrelevante tanto en todos estos rubros. Mientras que los precios de las frutas, que sí se exportan, cayó un 1,8%.

Si la principal razón del encarecimiento de la carne fuera la exportación, ¿cómo se explicaría el aumento mientras duró la intervención estatal anterior?

Los fenómenos de alta inflación dejaron de existir en el mundo, son una rémora del siglo pasado. El Gobierno debe tomar nota de esto y entender que no puede combatir la inflación con herramientas anticuadas. Chile y Brasil tienen una inflación anual equivalente a la que registra Argentina en un solo mes. El único país de América que la supera es Venezuela y todas las medidas intervencionistas que se tomaron allí fracasaron estruendosamente.  En política de precios, el Gobierno no necesita buscar ejemplos países desarrollados, podría mirar cómo se manejan sus vecinos, que, dicho sea de paso, no imponen retenciones ni restringen sus exportaciones.

O también puede buscar antecedentes en la propia historia argentina, que también existen. El gobierno de Arturo Frondizi buscó el aumento de la oferta de carne. Para incentivar al productor, dispuso una deducción de impuestos por las utilidades de la venta de los animales que fueran más pesados que habitualmente enviados al mercado. Los productores aceptaron el convite y aumentó en poco tiempo el peso del plantel ganadero en un 20%, lo que se tradujo en un aumento de la oferta de carne equivalente a ocho millones de cabeza de ganado adicional. El gobierno actual hace todo lo contrario.


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