Roberto Arano. Referente desarrollista de la UIA
Roberto Arano. Referente desarrollista de la UIA

Roberto Arano se vinculó muy joven al desarrollismo, mientras estudiaba en un muy politizado Nacional Buenos Aires (1963). Es ingeniero industrial y siempre trabajó en finanzas. Se inició en la Dirección Financiera de una importante empresa constructora internacional, fue director de bancos privados y consultor para proyectos en Argentina y el exterior. También fue presidente del BND y director del BCRA. Desde el año 1985 participa como accionista de un grupo azucarero tucumano y también es socio de una pyme productora de pistones de competición, con fuerte presencia exportadora, y en empresas agropecuarias y comerciales. En 1983 ingresa a la UIA por la PBA. Formó parte de un  grupo de referentes empresarios industriales (José Censabella, Bertil Kingard, José Luis Coll, Claudio Sebastiani, Jaime Roca y otros), militantes desarrollistas con el liderazgo directo de Rogelio Frigerio. Desde entonces, ha sido parte de la dirigencia industrial como Vicepresidente Pyme, tesorero, Presidente del Departamento de Economía, etc., en ADIBA, la Unión Industrial de Tucumán y en la Unión Industrial Argentina. política de desarrollo

En esta entrevista, y desde su experiencia empresarial y dirigencial, nos comparte su inquietud respecto a que Argentina recomponga su modelo de acumulación y promueva las inversiones que la encaminen hacia el desarrollo nacional.


VIGENCIA DEL DESARROLLISMO

Roberto, ¿Qué es a tu entender el desarrollismo?

El desarrollismo puede verse desde muchos puntos de vista. Es un partido, es una historia, es gente, pero realmente, si lo tuviera que resumir, es un sistema, un sistema de pensamiento enfocado a la Argentina. El otro elemento importante es que es una creación colectiva. Hay dos grandes cabezas, Frondizi y Frigerio, que venían pensando los problemas nacionales hacía mucho tiempo. Se nutrieron de múltiples fuentes desde el materialismo dialectico de Hegel, la historia argentina y hasta el idealismo italiano; dos personas muy cultas que tuvieron la inteligencia de nuclear a dirigentes que venían de otra formación, de otros partidos políticos. Por eso, en lo que era el núcleo más destacado, había gente de la derecha conservadora católica y también viejos militantes del socialismo y el marxismo. Muchísimos vinieron del radicalismo siguiendo a Frondizi, Un proceso muy amplio con aportes  significativos tanto a la teoría general como a los temas más específicos.

¿Es vigente ese sistema de pensamiento, o método, a nuestras problemáticas actuales?

Cuando uno utiliza este método de análisis, este sistema de ideas, te das cuenta que sigue dando respuesta a los problemas de la Argentina. Frondizi decía que lo importante era distinguir lo principal de lo accesorio. Lo principal en Argentina era, y es, que somos un país subutilizado, trabado, en subdesarrollo económico. Su capacidad de producir, generar y distribuir riqueza está trabada. Si se enfoca desde otra perspectiva, diría que el gran problema actual es la pobreza. Sin duda es un enorme problema. Es tristísimo que haya tantos argentinos que vivan tan mal. Pero en realidad eso es consecuencia  que en Argentina se haya roto el mecanismo de generación de riqueza y acumulación. Ese es el principal problema.  En el 58, al asumir Frondizi, pasaba lo mismo que ahora: Las empresas argentinas no generaban, no ahorraban, no acumulaban y no invertían. Crisis en el sector externo y desequilibrios macro. Frondizi y Frigerio tuvieron muy claro  que el problema esencial de la economía argentina era la falta de inversión. Lo que había que hacer era un cambio estructural que permitiera la acumulación. Hoy sigue vigente esta problemática y esa solución.


TRES PILARES PARA LA ACUMULACIÓN Y EL DESARROLLO

¿Por qué consideras que hoy está roto el mecanismo de acumulación (de capital)?

Básicamente por una estructura de funcionamiento de la sociedad que es contraria a la inversión. Contraria a la acumulación. Las reglas del juego te determinan cuando no es negocio invertir y entonces no se invierte, punto. La economía capitalista se mueve con ciertas pautas y reglas que hay que respetar. Es obvio  que vas a necesitar un altísimo nivel de inversión, tal vez no menos de un 25% del producto, para salir rápidamente de la pobreza. Ese shock de inversiones no se da sin renta. No vamos a pensar que se va a trabajar o invertir por una medalla o una estatua como pasaba en la película “el Hombre de Marmol” en la Polonia soviética. Es muy difícil que se produzca e invierta sólo desde el corazón, o el nacionalismo. También tiene que ser desde la racionalidad, sin perjuicio que existen  los sentimientos, etc. El empresario que  invierte, sea nacional o extranjero, invierte porque hay un nivel de renta  bueno o muy bueno, hoy y en su proyección, sobre todo comparado con las alternativas internacionales. Ese nivel de renta está directamente vinculado a la estructura de precios relativos que acá se destruyó.

¿Cómo logramos que el sistema de acumulación de capital funcione y sea atractiva la inversión?

Hay tres pilares sobre los que debemos apoyarnos para sacar adelante Argentina. Tres pilares de profunda raigambre desarrollista: Primero, sinceramiento de precios. ¿Cómo funciona la economía? ¿lo define un burócrata o dejamos que el sistema de precios oriente los flujos de la economía, dentro de las prioridades y  líneas definidas por el Estado? Sabemos que los mercados no son perfectos y que el Estado debe actuar para asegurar competencia interna. Pero sin un sistema de precios realista nada es posible. En general, todo el sistema de precios tiene que ser libre sino no funciona bien la economía. Puede haber casos puntuales, subvenciones a ciertos sectores y regiones,  pero no a como regla general.

¿Cuándo hablas del sinceramiento de precios incluís el valor del dólar? 

Así es. Dentro de los precios hay dos que son claves: dólar y tasa de interés. Si el dólar no representa bien y libremente  la diferencia de productividad que hay entre la Argentina y el mundo, su realidad estructural, olvidémonos de la acumulación a largo plazo. Seremos una sociedad que, circunstancialmente, va importar cualquier cosa en épocas de dólar abundante y  barato y peso sobrevaluado, generando claros problemas para la exportación y la producción nacional. Obviamente se generarán crisis de balance de pagos y faltarán dólares para el normal desenvolvimiento de la economía. Como decía Pellegrini en el 1900, no hay peor veneno para economías como la nuestra que la sobrevaluación de su moneda. El precio del dólar no puede ser definido burocráticamente. Rogelio, siguiendo la tradición clásica, insistía que el valor del dólar era una función de la estructura económica de cada país. Lo que sí se puede, eliminados en todo lo posible los elementos distorsivos, es moverse en una franja acotada, flotando como hacen los Bancos Centrales de todo el mundo. El BCRA, vía formación de reservas, debería evitar los tan dañinos atrasos cambiarios.

El otro precio relevante es la tasa de interés doméstica. Si es mucho más alta que el rendimiento de los activos, como ocurrió tantas veces en nuestro país, no hay posibilidad de financiamiento sostenido al sector productivo. Claramente estos dos precios, dólar y tasa doméstica, no deben ser manipulados. Las consecuencias son nefastas.

¿Y por qué se suben entonces las tasas de intereses a sabiendas de esto?

Se ha justificado las tasas altas como método para retener pesos en el sistema.  Cuando en realidad se buscaba compensar los desequilibrios macroeconómicos que eran infinanciables e indisimulables. Sólo sirvió para transferir recursos desde la producción al sector financiero. Y descapitalizar la economía.

Sinceramiento de precios es el primer pilar ¿Qué otros dos se necesitan para sacar a la Argentina adelante?

Nada de lo dicho, en relación al dólar y las tasas locales, es posible sin equilibrios macroeconómicos. Hay que tener razonablemente equilibrado el sector externo y las cuentas fiscales. Una economía como la nuestra no puede mantener  déficits perpetuos financiados con endeudamiento externo o interno. Ya fracasamos varias veces en eso. Los mercados llegan a un punto en que no te prestan más. Por ejemplo, le pasó a Cavallo queriendo sostener el tipo de cambio fijo y después al gobierno de Macri, pretendiendo financiar déficits insostenibles. Se cierran los mercados, antes o después. Los operadores son profesionales. No hacen cosas ilógicas a largo plazo.

Ese sinceramiento de precios y este equilibrio macro permite, en paralelo, un plan de desarrollo muy agresivo, capaz de propiciar el imprescindible shock de inversión. Ese plan de desarrollo debe ser horizontal y vertical. Medidas generales que van alentar a todo el arco productivo desde la política financiera y cambiaria hasta la educación, la infraestructura y un buen sistema impositivo que premie la inversión. Después habrá algunas actividades, como por ejemplo energía, donde se necesitan políticas verticales y específicas. Pero lo relevante es llegar a niveles globales de inversión como tuvo el periodo de Frondizi. Cada vez que la Argentina acierta, como a fines del siglo XIX, en el gobierno desarrollista del 58 al 62 y en la compleja salida de la crisis del 2001 hasta el 2007, vive muchos años de esos éxitos. En cambio, si la Argentina no consigue invertir en el entorno de un 25% de su PBI y no sale de la pobreza más o menos rápido, las consecuencias sociales y políticas serán muy duras.


CAMPO E INDUSTRIA

Sos referente de la UIA pero también conoces bien el sector agropecuario, ¿Por qué crees Argentina no pudo desarrollar su potencial industrial y se enfocó siempre en sus ventajas agroexportadoras?

Desde aún antes de 1810, había una puja entre el interior y Bs As respecto al librecambio. Después pegamos el gran salto cuando se incorpora masivamente al sistema británico con las grandes inversiones inglesas,  a fines del siglo XIX, sobre todo en la pampa húmeda. En esos momentos se invertía el equivalente a más del 30% del PBI argentino. Un dato qua aporta el gran historiador Ferns: En la década de 1880-1890 las inversiones inglesas en Argentina fueron más altas que todas las que se hicieron en los territorios de lo que después fue el Commonwealth. Por eso la gran expansión de la frontera agropecuaria para producir bienes destinados, fundamentalmente, a Inglaterra y su sistema. Pero Pellegrini y otros de su generación, entendieron  que ese esquema no era para siempre y se iba agotar. Estaban convencidos que Argentina tenía que ir a un modelo industrialista del estilo de los Estados Unidos y luchó mucho por implementar medidas proteccionistas que promovieran el desarrollo productivo. Termina perdiendo ideológicamente la batalla en el conservadurismo argentino. Prevaleció la visión de Roca: “La Argentina está muy cómoda como  socia del imperio británico, tenemos obvias ventajas competitivas”. En cambio, Pellegrini decía “Sigamos el modelo americano o alemán, de protección y seamos un país industrial. No podemos depender de la lluvia.” Incluso hoy tenemos rémoras de ese pensamiento. Son resabios de esquemas coloniales que descapitalizaron y descapitalizan el país. Y tampoco le sirvieron al sector agropecuario. No hay duda que es más fácil ser productor agropecuario en Estados Unidos que en Argentina. política de desarrollo

¿El desarrollo es una decisión política?

No hay ejemplo de  países que se hayan desarrollado sin decisión política previa. En el 1500, cuando Inglaterra  era un país pastoril y quiso ser una potencia naval,  hubo una reina, Isabel I, que firmó el Navigation Act. Allí se contemplaban duros castigos a los que exportaran lana en barcos que no fueran ingleses, por ejemplo, la horca!!!. O sea, la Flota Inglesa no fue una casualidad. Todos los ejemplos de desarrollo en el mundo parten de una voluntad política muy fuerte. No hay acumulación autónoma en función de la espontaneidad del mercado o de la gracia divina. No existe. Porque si un país tiene condiciones naturales muy ventajosas, pero no un programa de desarrollo e integración nacional, lo único que va a lograr es contribuir a la capitalización de otros. La Argentina es el ejemplo de cómo lo ha podido hacer cuando tuvo decisión política con el gobierno de Frondizi, en medio de enormes problemas institucionales. Y  hasta más acotadamente en el 2002 al salir de la crisis, en un proceso que luego se agota, al no llegar a consolidarse, por múltiples motivos.

Uno de los conceptos claves del sistema desarrollista para justificar lo imperioso de la industrialización era el deterioro de los términos de intercambio. ¿consideras sigue siendo hoy valido?

Conceptualmente, si. La Argentina perdía, vía su comercio exterior, mucho valor y era parte de su empobrecimiento, en el marco del innegable deterioro de los términos del intercambio. Hoy la idea  sigue siendo válida. Más allá del análisis de las variaciones de precios y diferentes  tasas de ganancia, es obvio que  una economía que exporta productos sin agregarles valor, e importa bienes con alto valor, no le puede dar trabajo bien remunerado a 45 millones de habitantes. Sin industrialización sobran 25 o 30 millones.

¿Al campo le conviene una industria fuerte?

Hoy esta más claro que nunca. Uno de los lugares comunes más difundidos es que ” la gente tiene que comer barato”. Es un planteo bastante reaccionario y paternalista. ¿Por qué no buscamos la solución vía que la gente tenga más y mejor trabajo  y pueda pagar por los alimentos lo que valen? Si no pagas lo que vale, la producción alcanza rápido un techo.  Se limita a las zonas óptimas. Una Argentina exportadora sólida necesita de un mercado interno solvente. La carne es un buen ejemplo.

La integración del campo y la industria es algo disruptivo que propuso el desarrollismo ¿se puede lograr en plenitud?

Absolutamente. Un ejemplo menor: en el gobierno de Frondizi se instrumentó una política pública que permitía comprar un tractor, una cosechadora, cualquier bien de capital para el campo, y tomarlo como si fuera un gasto. Se desgravaba integro en el primer año. No necesitabas 5 años de amortización. Algo básico y simple. En el año 58 se habían vendido 4000 tractores. En el 61, 20000. Era negocio comprar tractores y la gente compró. Y esos tractores aumentaron la productividad del campo argentino y, paralelamente, promovieron al sector industrial. El campo es una unidad de producción y tiene más en común con la industria  de lo que se piensa. Necesita el tipo de cambio adecuado, una tasa de interés adecuada y un nivel impositivo adecuado. Hay un planteo mítico de la izquierda argentina: el campo tiene un funcionamiento feudal. Nunca fue así en el Rio de la Plata, Ya desde los saladeros era diferente. En Argentina, el campo es capitalista en su organización. No tiene que tener diferencias con la industria, se complementan. El campo es el gran productor de divisas en la Argentina y la industria es la gran generadora de empleo de calidad.

El argumento liberal anti industrial es que nuestra industria es poco competitiva, que está tan protegida que es como si cazaran en el zoológico. ¿Qué les explicas a quienes así arguyen?

La competitividad o no de una actividad económica se mide, fundamentalmente, a través de variables físicas, mucho más que por valores monetarios. Para hablar de competitividad y comparar con otros países, al menos hay que estar en igualdad de condiciones. En la Argentina, si  arrancamos teniendo un dólar  atrasado, puede ser que no sea negocio producir maíz, imaginemos lo que  pasa con la industria. Sumemos  las otras realidades como la falta de crédito, altas tasas de interés y gran presión impositiva. Nadie  puede decir que una actividad es ineficiente midiéndola con un dólar irreal. En 2002 al 2007, cuando la economía crece fuertemente, la presión impositiva era del 20%. Hoy está al doble. El sistema se traba.

Ahora bien, tengamos un tipo de cambio que no sea ficticio, un financiamiento en pesos a tasa que tengan que  ver con lo que rinden los activos e impuestos similares a los del resto del mundo y ahí sí podemos comparar las actividades privadas. Adicionalmente, ningún país funciona con una inflación de dos dígitos. Insisto, sin ordenamiento de la macro no se puede llevar adelante una política de desarrollo.

¿Con estas condiciones básicas que señalas, hay posibilidades  que la industria deje de estar a la defensiva, y se enfoque incluso en la exportación?

La industria argentina va a poder exportar al mundo con mayor facilidad en la medida que tenga un mercado interno que  pague sus costos fijos y pueda salir a costos variables. La exportación industrial de los países desarrollados se hace a costos marginales, no por pagar bajos salarios. Si la Argentina tiene un mercado interno más o menos fuerte, insisto, que le permita pagar sus costos fijos,  amplía mucho la frontera de las exportaciones. Esto lo explicó muy bien el presidente de Sony. Para exportar necesitaban que el mercado interno japonés le pagara los costos fijos. Por eso, a veces se compraba más barato un televisor Sony en Nueva York que en Tokio.

Les cuento una  experiencia propia para explicarlo mejor. Soy socio en una pequeña empresa de pistones de competición. Exportamos. Le vendemos a Inglaterra, a Francia, EEUU y mercados similares. Más o menos la mitad de la producción se exporta. Pero lo que es clave es que acá tenemos fuerte presencia en todas las categorías nacionales. El TC, el Turismo nacional, etc. nos compran los pistones y nos permiten absorber buena parte de los costos fijos. Así podemos salir agresivamente a competir con norteamericanos y alemanes que son los grandes fabricantes mundiales. Si no hubiera carreras  y demanda interna, para nosotros sería muchísimo mas difícil exportar.

Lo que nosotros no queremos es el esquema industrial exportador de factoría, maquilero, como tiene México en muchos casos. No queremos exportar y competir por los bajos salarios. Ese es en un esquema que no debería ser el nuestro. Nosotros necesitamos un país donde haya buenos salarios y que esos buenos salarios consuman y fomenten la producción, el mercado interno, y sostengan los costos fijos para actividades más sofisticadas. Después que existe el mercado interno, la exportación es casi natural.


ACUERDOS Y CONSENSOS 

Hablaste anteriormente que el desarrollo es una decisión política. ¿Es posible generar los consensos y acuerdos para poner en funcionamiento el modelo de acumulación que promueva el desarrollo en la Argentina?

La Argentina es un país viable. Absolutamente viable. Pero requiere  un programa y gobierno de unidad nacional, mucho más amplio que el de un partido. Hay que hacer cosas muy profundas e importantes, imposible encararlas sin acuerdos previos desde la política. Si un partido político gana por pocos votos, aun desde el gobierno le va ser muy difícil la construcción de una economía diferente. Nada se va poder hacer sin un acuerdo político previo que convoque a los distintos factores y sectores sociales. El problema es esencialmente político. En este sistema de pensamiento que es el desarrollismo hay una idea básica: la necesidad de construir una nación. Y  para eso se necesita a todos esos sectores. En términos marxistas, la contradicción entre clases pasa a segundo plano frente a la contradicción de nación o no nación. El Movimiento Nacional corporiza esta idea.

¿Crees que la dirigencia política tiene esa sensibilidad y entiende que es imperioso trabajar en estos temas?

Lo que no hay demasiada duda es que está agotado un sistema de desequilibrios financiados con grandes endeudamientos, en dólares o pesos. La enorme mayoría de la clase dirigente, política o social, lo sabe. Reconoce que no hay otra salida que un shock de inversiones.

¿La UIA puede colaborar a esos consensos?

La UIA es enormemente representativa de la industria y sus legítimos intereses. Siempre ha participado en la búsqueda de esos consensos y seguramente lo hará. Nos guía una frase de Pellegrini: Sin industria, no hay Nación. También es verdad, más allá del juego de palabras, que no hay Industria sin Nación. política de desarrollo política de desarrollo política de desarrollo política de desarrollo política de desarrollo política de desarrollo


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