Frigerio
Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio en la Quinta de Olivos

¿Qué nos hace más Nación?. Esa es la pregunta que dio origen al desarrollismo. Una pregunta que no tendría la misma respuesta para las diferentes etapas del proceso histórico nacional. Una pregunta fundacional. El Desarrollismo nació en la política Argentina para avanzar en la  construcción de una Nación.

Se trata de una doctrina pragmática, por eso la respuesta a la pregunta fundacional cambia con la situación de Argentina, el contexto internacional y otros aspectos específicos de la vida del  País. Las prioridades, lo fundamental y lo accesorio no son categorías permanentes. Esto no está relacionado con la “agenda” del momento, o la moda, o lo que le interesa a los grupos hegemónicos,  es también algo  visible en términos objetivos.

Así como el precio internacional de los comodities puede modificar políticas de Estado. proyectos de mediano plazo y la relación de fuerzas en el campo popular, puede también determinar alianzas impensadas en otras épocas. Ante estas variables, los desarrollistas nos hemos formado e instruido políticamente, despreciando aspecto “formales” y priorizando cuestiones “de fondo”. Esas cuestiones “de fondo” serían más permanentes que las asociadas a fenómenos coyunturales o más humanos. Hasta hoy esto parecería ser  lo “correcto”.

¿Podemos estar diciendo durante décadas  que  las fuerzas “integradoras” se debilitan, que la Nación esta en riesgo, que la degradación es permanente y severa… y a la vez, actuar como si esto no modificase nuestra realidad, pretendiendo aplicar las mismas fórmulas de hace 30, 40 o 50 años?

El subdesarrollo no da tregua y esa degradación, al ser generalizada, afecta a todos los aspectos de nuestra vida ciudadana. Estamos peor económicamente, educativamente, socialmente, en relación a la Ley, la Justicia, la Seguridad, el Delito….  y la Moral Pública.

Lo que antes podía ser un elemento importante, pero de características marginales, hoy es fundamental. No es posible hacer la revolución del desarrollo con personas poco creíbles, deshonestas, con estructuras mafiosas, con anomia y corrupción generalizada, con un sistema diseñado para sostener privilegios, con nepotismo en la justicia y las estructuras burocráticas del estado, con clientelismo creciente, etc.
Es definitivo. No se puede.

Esta degradación ha superado niveles tales en las últimas décadas, que produjo cambios “cualitativos” en la sociedad. Hoy la lucha por el cambio de la estructura económica subdesarrollada y la integración vertical y horizontal de la estructura productiva Nacional, no podrá resolverse sin recuperar valores morales básicos.

Hoy, entre otras cosas, ser intolerantes a la corrupción nos hace más nación.

Pensar que la defensa de esos valores, debe estar subordinada a los logros estructurales o que puede postergarse esperando el “derrame” de las mieles del cambio, es suicida pues, justamente, ese entramado sostiene y aceita una máquina de impedir.

Somos “otra sociedad” diferente de la que teníamos cuando formulamos los aspectos fundacionales de nuestro cuerpo doctrinario. Elementos que no estaban en el tablero, ahora afectan significativamente nuestra lucha política. Todo es peor, todo es más difícil.

Han cambiado las prioridades, se han sumado aspectos que antes no considerábamos.
Hoy poner el foco en la honestidad, en la decencia y en otros valores que antes creíamos arraigados.
es primordial para pensar en un futuro mejor.

Mas de una vez, algunos han planteado que si no se dieran ciertas condiciones de contención de algunos movimientos sociales, la argentina estaría al borde de una guerra civil.
El solo hecho de considerar esta opción, es algo que  deja en evidencia el nivel de descomposición latente del contrato social.
La degradación de valores de convivencia civilizada, la naturalización de comportamientos disgregadores similares a la ley de la selva, la ausencia de un estado de derecho robusto, la tolerancia de privilegios emanados de castas políticas y burocráticas, la convivencia con un estado de injusticia permanente, la convicción ciudadana de que la ley no aplica por igual a todos, el cambio de reglas de juego permanente que perjudica a los menos poderosos, todos los ejemplos posibles de comportamientos mafiosos, delictuales, plutócratas, etc. y sobre todo la íntima percepción que tiene la gente decente de que el sistema no los defenderá, mas bien los dejara languidecer en la siesta provinciana del “Todo  Pasa” Grondoniano…

Todo eso ha llegado a un nivel tal que es absurdo pensar que evolucionara de forma espontánea y se autocorregirá. Este es un impedimento tramposo para cualquier política de I&D que pudiera cambiar las condiciones “objetivas” que sostienen a la corporación mafiosa.

Hay que trabajar políticamente con un mensaje claro que no le quite valor a la decencia, que no desestime la honestidad, que se fortalezca día a día juntando voluntades dispuestas a terminar con las mafias. Así no se puede vivir más.
La credibilidad y honestidad de los dirigentes no es condición suficiente, pero es condición sine qua non. Ya no se puede hacer más la vista gorda.

El marco y la sociedad han cambiado. Nuevos elementos inciden en la formación de conciencia y regulan los intereses de las personas y los grupos. Hoy las Redes Sociales son un problema, pero pueden usarse como catalizadores del cambio.
El dilema de las Fake News y la ausencia de certezas permite la coexistencia de ideas contradictorias sin que ninguna pueda imponerse por medio de la razón.
Hoy la credibilidad es (debería ser) un activo valioso. Pero depende de los actores sociales.
La tolerancia a la mentira, al fraude y la estafa es algo inaceptable en cualquier sociedad que pretenda mejorar. En Argentina parece no tener importancia.

¿Cómo puede una sociedad hacer la vista gorda a la mentira evidente?
¿Cómo puede ser este el método de hacer política?
¿Quién piensa que este esquema nos hace mejores personas?
¿Cómo podríamos ser Más Nación en este contexto?

Hemos dejado que los marketineros, los encuestadores, los estafadores de mensajes vacíos, ocupen el espacio que antes ocupaban los pensadores de la cosa pública.
El votante, el adherente, son tratados como un consumidor más. Se les puede vender lo que sea nos dicen los marketineros. ¿Sera cierto? Parecería que sí. Los políticos han perdido credibilidad y la sociedad no exige que sean creíbles.

Y cuando hablamos de mafias tenemos el sindicalismo, los carteles empresarios y la casta política.
¿Podemos seguir justificando comportamientos extorsivos, con la premisa de la “defensa del salario y la protección de la clase obrera”, cuando es evidente, que esto ya no es cierto?

Argentina esta podrida, la dirigencia esta podrida. Las instituciones están podridas.
Y todavía no tocamos fondo….     solo seguimos hundiéndonos en una ciénaga que no deja respirar.
La rana hervida, un pozo ciego donde estamos rodeados de …. Pongamos la metáfora que más nos guste.

¿Y entonces??

“ Pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad”

Se necesita Decisión Política. En esta encrucijada, aplica el teorema de Castrilli.

“Si la causa es noble, la decisión política cambia la relación de fuerzas.”
Así de simple.

Nada de lo antedicho significa que no haya personas decentes que puedan torcer la historia.
Solo hay que convocarlas a la épica de la decencia ciudadana y tener un paquete de herramientas que comiencen a torcer la historia.
Suena ilusorio.
Puede ser.
No hay otra opción si queremos luchar por la integración y el desarrollo nacional para ser una Nación moderna.


Por Guillermo Casteran con la colaboración de Carlos María Vargas Gómez

Guillermo Casteran es militante desarrollista desde inicios de los 80. Su principal actividad es foto y animación de eventos Sociales. Es de la Ciudad de La Plata

El Ing. Carlos María Vargas Gómez es correntino. Lidera una consultora de seguridad e higiene industrial


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