Para Oscar Fortunato, empresario pesquero, exrepresentante del Ejecutivo nacional en el Consejo Federal de Pesca y con amplia experiencia como funcionario y dirigente del sector, la pesca es más que una industria dado que con ella se desarrolla un complejo industrial, administrativo y logístico de apoyo a la misma. De hecho, se define a la primera etapa de esta actividad, la acción de pescar, como “la aventura de la pesca” porque a veces un barco pasa algunos días ya sea al garete por el estado del tiempo o buscando las concentraciones de pescado.

Por sobre todo entiende que es una forma de vida que traspasa generaciones “Creo en la gente que trabaja todos los días en este tema. Hay capitanes que hoy tienen dos o tres barcos. Hay industriales que empezaron con una lancha, comprando pescado en banquina o fileteando pescado y hoy tiene una de las empresas más grandes del sector, incorporando recientemente cuatro barcos de primera línea. Este caso empezó con su padre filetero. Esta actividad da oportunidades de desarrollo, pero cuando hay condiciones para generar utilidad y trabajo continuo”.

El potencial del sector pesquero para el desarrollo nacional, a cargo de Oscar Fortunato, fue una charla abierta de la Usina desarrollista.

Actualidad del sector: empleo, exportaciones y costos

Con más de 1000 buques de bandera nacional, la flota pesquera es muy diversa. De ellos se destacan los buques congeladores, que son los que hacen de todo a bordo: “hace fileteado y congelado a bordo. Se trabaja con gente en la planta del barco. Se procesa, se congela, se cierra la caja y lo único que falta es etiquetarla para el cliente” explica Fortunato. Argentina tiene barcos de primer nivel y está construyendo otros de última generación. Los poteros, unos 60 barcos algunos de nuevos y otros más antiguos de empresas asiáticas que vendieron sus barcos, se especializan en calamares. Por otro lado, se encuentra la flota fresquera que se enfoca durante 5 ó 6 meses en langostinos frescos y después en otras especies, como por ejemplo el variado costero bonaerense. Por ultimo encontramos las lanchas clásicas amarillas del puerto de Mar del Plata, que cada vez nos damos cuenta de que hay menos. Es importante aclarar que hay cupos distribuidos por la Ley Federal de Pesca entre los buques congeladores y los fresqueros. Por ello ya no debería existir la antigua antinomia entre fresqueros y congeladores.

Fortunato calcula que hay aproximadamente 38.000 personas con trabajo reglamentado en el rubro “a lo que hay que sumar trabajos esporádicos y cooperativas”. El clúster productivo de la pesca es mucho más que la actividad propiamente dicha. Astilleros, talleres navales, refrigeración industrial a bordo, electrónica naval, control satelital, despacho de aduana, abastecedores de combustible, transporte, son cuestiones que requieren personal idóneo. “El conglomerado de gente y empresas que trabajan para la pesca existen por una sola cuestión, que es el eje de la industria pesquera, y consiste en transformar un pez en un pescado. De ahí en adelante es otro el proceso industrial que se requiere para comercializar y así llegar al consumidor” explica Fortunato.

El perfil exportador del sector es notorio. En 2020 las exportaciones superaron los 498 millones de toneladas generando más de 1700 millones de dólares. Para Fortunato fue un buen año dadas las condiciones. Con todo a favor, se puede superar los 2500 millones de dólares en exportaciones. El mercado interno en tanto demanda un 10% del total de toneladas. Entre los países a los que más les exportamos se encuentran China, España, Estados Unidos, Italia, Brasil, Japón y Rusia. Los productos más demandados son merluza de cola, troncos, filetes con piel y sin piel. El tronco de la merluza es muy requerido en España. Los filetes son para EEUU y Europa. También son relevantes las cajas de langostinos en dos kilos y en cajas máster de 12 unidades, listas para supermercados y restaurantes.

Fuente: Fuente: Carciofi, I.; Merino, F.; y Rossi, L. El sector pesquero argentino: un análisis de su potencial exportador. Documentos de Trabajo del CCE N° 2, marzo de 2021, Consejo para el Cambio Estructural - Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación
Fuente: Fuente: Carciofi, I.; Merino, F.; y Rossi, L. El sector pesquero argentino: un análisis de su potencial exportador. Documentos de Trabajo del CCE N° 2, marzo de 2021, Consejo para el Cambio Estructural – Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación

El agregado de valor que implica el desarrollo de producto, la marca, la elaboración de filetes, en contraposición al pescado a granel, es algo fundamental. Pero sin embargo no siempre conveniente como ocurre en otras actividades productivas, debido a los costos de producción y por el sistema impositivo y arancelario de nuestro país. “Cuando uno dice que agrega valor a un producto este tiene que valer todo el costo de producción. Si no vale eso, porque los costos son muy altos, no exportamos más valor agregado, sino costos agregados.”

El problema de los costos no es menor en el sector. “En el costo del producto hay que incluir las reparaciones en el mar, el daño de los barcos, los repuestos que son elementos importados, motores y electrónica y demás. Además pagamos a un dólar que no cobramos después. Exportamos a un dólar de 90 pesos y compramos insumos a un dólar de a 140 pesos. Eso ya da una diferencia importante” grafica Fortunato. A eso le agrega que la pesca paga derechos de exportación de entre el 10 y el 12% del producto. Pero además el comprador en el exterior, como no hay acuerdos de comercio o de intercambio compensando, paga un derecho de importación por lo que “cuando se le da el precio descuenta lo que tiene que pagar allá por el derecho de importación, o sea baja el precio”.  No es menor que se compite directo con Chile que tiene acuerdos de libre comercio para el sector con muchos países: “Una actividad que el 90% es exportación tiene que tener acuerdos internacionales” sentencia.

Respecto a la presencia de una marina mercante, que sería muy valiosa para ahorrar costos de logística, Fortunato explica que no la tenemos porque nuestra legislación laboral la hace imposible: mientras los barcos internacionales que transportan tienen seis, siete tripulantes “los nuestros tenían el doble, con el doble de costos”

Consultado respecto a la actividad pesquera interior, en ríos y lagunas, Fortunato explica que hace poco más de 10 años el movimiento económico que provocaba la pesca de laguna en la provincia de Buenos Aires era de más de 300 millones de dólares por todo lo que implica: el asado, el alojamiento, el combustible, la comida. Por ello considera que se justifica invertir en este tema y desde hace años el INIDEP generó programas para sembrar las lagunas in situ.

Mercado interno: Prejuicios para el consumo de pescado

Mientas que en algunos países el consumo de pescado promedio supera los de 20 kilos por año por persona, en la Argentina no llega a los 10 kilos. Para Fortunato la respuesta a esa cuestión tiene que ver con nuestra historia y cultura. Se respalda en investigaciones al respecto que explican cómo la inmigración que llegó a nuestro país era habitual consumidora de pescado, ya que justamente, en su Italia o España natal, eran bienes de segunda clase. “En Argentina nuestra inmigración se encontró con la existencia de carne,  que es lo que en sus países de origen no se consumía, y aunque sea en eso, quiso ser de primera clase”, explica resaltando el valor aspiracional de la carne en detrimento del pescado. Agrega un caso más. Otra investigación explica que en los años ’80 desde Barrio Norte hasta San Isidro se consumía el mismo nivel de pescado que en la ciudad de Madrid, quizás habiendo superado el factor aspiracional, pero eso no ocurría en la zona sur con solo 200 gramos por año. Incluso hay una particularidad para la ciudad Buenos Aires: el pescado que aparece como el más atractivo para el consumidor es el salmón de cultivo importado de Chile o de otros países. “Muchos piden salmón, pero nadie habla de la merluza, el mero, el abadejo o el lenguado, todos grandes pescados que carecen de la buena reputación que el marketing le ha generado al salmón”.

Los centros de mayor consumo de pescado per cápita son las ciudades de Mar del Plata, Mendoza, Rosario y Santa Fe, en algunos casos por el pescado de rio y en otros por el abastecimiento proveniente de Chile y ahora de la flota argentina. Son lugares donde hay un buen hábito de consumo. Fortunato opina que el mercado interno se está desarrollando mucho más y que tiene mucho potencial, sobre todo el producto congelado. Esto no va en detrimento del pescado fresco que también tiene una fuerte presencia en el ámbito doméstico familiar y gastronómico.

Preservando los recursos. Las zonas de veda y el limite de las 200 millas

Respecto a la sustentabilidad de los recursos, Fortunato nos explica que dentro de las 200 millas de soberanía nacional existen diversas zonas de veda, dinámicas, donde se regula o prohíbe la pesca. Una incluso es compartida con Uruguay. Algunas son estacionales, otras más orientadas a proteger zonas de parición y puesta de huevos o incluso particulares para una especie y franja particular: los juveniles de merluza negra al sur de Malvinas. “Todos los años se hace prospección para actualizar la situación de los cardúmenes y actualizar las vedas”. Además de control satelital, los barcos argentinos llevan inspectores abordo del INIDEP y observadores de la Subsecretaria de Pesca y las provincias para controlar que se cumplan estas cuestiones. “Si apagan el equipo se lo busca. Si está en una zona de veda y se mueve a menos de 3 millas es que está pescando y se le hace el seguimiento desde prefectura y la subsecretaría de pesca” explica Fortunato.

Ahora bien, ¿Qué sucede más allá de las 200 millas y dentro de esas 350 millas de soberanía territorial? Fortunato es claro al decirnos que más allá de las 200 millas Argentina no es soberna sobre las aguas ni sus recursos. “En los últimos años trabajos e investigaciones demostraron unidad geológica entre nuestra plataforma continental, las 200 millas y las 150 millas siguientes. Aquí es importante diferenciar las 200 millas, donde tenemos soberanía en el fondo y en el agua, de las 150 millas siguientes, que es la zona donde tenemos soberanía en el fondo solamente: nódulos de magnesio, cangrejos, líquenes, corales y en el subsuelo también, gas, petróleo. “La columna de agua más allá de las 200 millas hasta África es mar libre según lo dispuesto en la Convención de Derechos del Mar” simplifica Fortunato.

Si bien es cierto que ingresan buques extranjeros algunas millas adentro, ahí es cuando actúa Prefectura, la Armada y los propios barcos argentinos denunciando. Argentina tiene un alto registro de capturas y detenciones. “Hay dos problemas serios. Frente al golfo San Jorge en diagonal a Bahía Blanca nos sobra un sector de plataforma y las 200 millas llegan antes a esa área donde desarrollan sus actividades de pesca de mayor rendimiento. Ahí es donde a veces se pasan, pero ya no ocurre como antes que entraban muchísimo más, hay más control de las autoridades”

Incluso agrega, se puede negociar para administrar y regular a la pesca más allá de las 200 millas con los países pesqueros, negociando cupos y momentos de pesca aunque no deja de remarcar la dificultad de esto debido a la presencia inglesa en Malvinas.


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