Sigaut Gravina: “Si la cuarentena se alarga y hay default, la caída de actividad será peor que en 2002”

Promoción del sector transable, equilibrio fiscal y fortalecimiento del peso, estos son los pilares para el desarrollo para el director de Ecolatina

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Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, en la charla con la Usina Desarrollista. 18 de junio de 2020

El mejor escenario es que la economía argentina caiga un 8% este año, afirma Lorenzo Sigaut Gravina. El peor es un derrumbe del 12%, mayor que el de la crisis de 2002. La gravedad de la crisis dependerá de cómo se combinen dos variables, la extensión de la cuarentena y la negociación de la deuda, explica el director de la consultora Ecolatina en una charla virtual organizada por la Usina Desarrollista. “Lo más probable es que haya un canje parcialmente exitoso de la deuda y que la cuarentena se extienda un poco más allá de julio en el AMBA. En ese escenario, la caída rondaría el 10% del PBI”, completa.

El día anterior de la charla virtual, las negociaciones de la deuda parecían estancadas por las discrepancias entre los acreedores y el Gobierno. Sigaut Gravina asegura que forma parte de los vaivenes propios de la negociación, que se acerca a la etapa definitoria. El Gobierno presentó el 21 de abril la primera propuesta para renegociar los bonos, con una quita del 60% del valor presente neto. El 17 de junio presentó la tercera, con una quita del 50% y un cupón atado a las exportaciones — “un endulzante”, en la jerga financiera, precisa Sigaut Gravina, —. Ese mismo día, un grupo de acreedores publicó un comunciado que mencionaba “el fracaso de las negociaciones”, a pesar de que, según el director de Ecolatina, la oferta se aproxima a las expectativas de los bonistas. “Vamos a tener una o dos semanas más de idas y vueltas”, anticipa.

La renegociación de la deuda, sin embargo, tiene dos partes, explica Sigaut. La primera corresponde a bonos por 40.800 millones de dólares, emitidos en 2016 bajo condiciones favorables para el Gobierno, llamada Indenture 2016. Incluye los títulos Bonar 2021, Bonar 2026 y Bonar 2046; el impacto de los intereses de estos bonos en abril de este año llevó al país al default. La segunda parte corresponde a bonos discount y par que suman 23.500 millones de dólares y fueron emitidos en 2005 y 2010, bajo la normativa Indenture 2005, que es más beneficiosa para los tenedores de deuda. El próximo 30 de juio vencen 484 millones de dólares de intereses de estos títulos, con un periodo de gracia de 30 días.

El punto crítico es la cláusula de acción colectiva: es decir, qué porcentaje de bonistas tiene que aceptar el canje para que se aplique automáticamente a la totalidad de los tenedores. Para los bonos de 2016, si aceptan la oferta los tenedores del 66% del monto total y al menos el 50% de cada serie emitida, el resto de los acreedores deberá cobrar bajo las condiciones acordadas. En ese caso, no existen holdouts y no hay posibilidad de un reclamo judicial, explica Sigaut Gravina. Para los bonos de 2005, en cambio, las condiciones son más exigentes: 85% del monto total y 66% de cada una de las series. Esto hace más difícil que se llegue a un acuerdo y aumenta el riesgo de la judicialización. “Por eso hablo de un canje parcialmente exitoso o en partes”, aclara el economista.

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Fuente: Ecolatina
La economía pospandemia

Son varios los indicadores que muestran una mejora de la expectativa finaciera internacional, según Sigaut Gravina. El índice VIX —que mide la volatilidad o el miedo a la incertidumbre—, el índice de la fortaleza del dólar y los principales índices bursátiles muestran un pico brusco entre marzo y abril y luego una recuperación rápida. A mediados de junio, todos estos indicadores alcanzaron niveles cercanos a los que había antes de que comenzara la pandemia. Las caídas bursátiles fueron comparables con las que provocó la quiebra de Lehman Brothers, pero aquella vez las bolsas tardaron mucho en recuperarse, explica el director de Ecolatina. “Todo indica que lo peor en materia de actividad se dio en abril, sobre todo en el hemisferio norte”, señala el economista, aunque aclara que existe un temor incipiente por el nuevo brote de COVID-19 en Pekín, China.

La crisis en Argentina es más dura que en otros países por varios motivos, según Sigaut Gravina. El primero es el punto de partida: el país comenzó el año con una deuda que no podía pagar y niveles de pobreza muy elevados y creciendo. El segundo motivo es la extensión de la cuarentena. Sigaut Gravina señala que en otros países no se estableció un confinamiento tan rígido en todo el país y que alrededor de la semana 12 ya se había vuelto a una relativa normalidad. En Argentina la situación es muy diferente, con una curva de contagios ascendente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). “Una región que concentra el 50% del PBI”, remarca.

Otro problema recurrente en Argentina es el tipo de cambio. Desde agosto de 2019 se implementaron una serie de medidas que limitaron la compra de moneda extranjera y generaron una disparada de la brecha entre la cotización oficial y la paralela del dólar. La última es la Comunicación 7030 del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La norma prohíbe que compren dólares las empresas que tengan “activos externos líquidos” —como billetes y monedas extranjeras o depósitos a la vista en entidades financieras en el exterior—. Ni siquiera para el pago de importaciones o deudas. “Estamos acostumbrados al desdoblamiento cambiario del dólar financiero, pero no del dólar comercial, lo que es más anómalo y complejo”, cuestiona Sigaut Gravina.

El director de Ecolatina advierte de que las compañías afectadas por la Comunicación 7030 pagan el precio del dólar contado con liquidación, que cotiza un 66% más caro que el oficial. Como consecuencia, sostiene, esta medida desalienta las exportaciones, porque la suba de costos mina la rentabilidad de las empresas que venden a precios internacionales. Y acelera la inflación, porque las compañías que venden en el país suben los precios para compensar los mayores costos de las importaciones, privilegiando a las firmas que pueden acceder al cambio oficial, lo que significa que estas pueden ganar mercado a costas de sus competidores.

El valor del dólar oficial después de la crisis del COVID-19 es un problema central de la política económica, según Sigaut Gravina. “El Gobierno definió como política que el dólar oficial acompañe la inflación, no hay demasiado atraso cambiario, pero el real se depreció un 25%. Nos encarecimos con respecto a Brasil“, señala el economista y recuerda que la insostenibilidad de la convertibilidad fue más marcada cuando Brasil devaluó el real en 1998 y Argentina mantuvo el 1 a 1. México y Brasil son los principales destinos de las exportaciones industriales, explica Sigaut Gravina, y las monedas de ambos países se depreciaron en términos reales con respecto al peso argentino.

Para 2020, Ecolatina proyecta una caída fuerte del consumo privado y un desplome de la inversión, un aumento del gasto público, deterioro del salario real y destrucción de empleo, en especial en el sector informal. “Este año Argentina va a cerrar con 6% de déficit primario fiscal , por el aumento de las asistencias por la pandemia. Tanto las ATP [Asistencia al Trabajo y Produccion] como el IFE [Ingreso Familiar de Emergencia] son necesarias, pero el Gobierno tiene que mostrar qué va a hacer después”, sostiene.

Objetivos para el desarrollo

Promoción del sector transable, equilibrio fiscal y fortalecimiento del peso. Estos son los pilares para el desarrollo que retoma Sigaut Gravina de una propuesta que planteó el economista Martín Rapetti en un artículo que publicó recientemente en Clarín. “Los economista también tenemos una grieta de cosas que no terminamos de resolver”, sostiene. 

Para fomentar el sector transable, Sigaut Gravina plantea la necesidad de un equema de tipo de cambio real competitivo y estable, como definió Roberto Frenkel. “Si tenés un tipo de cambio alto, incentivás las exportaciones, desincentivás las importaciones y fomentás la sustitución. Un sector transable pujante, además, genera inversiones. Ese es un modelo que funcionó bien entre 2002 y 2007″, precisa. Sobre los derechos de exportación (retenciones) advierte de que un exceso en la alículota resiente la rentabilidad y, a la larga, la inversión. “El agro es un sector que con el nivel de retenciones actual sigue siendo rentable. Pero hay que poner límites, por ejemplo: no fijar derechos de exportación que hagan que el tipo de cambio real efectivo, neto de impuestos, quede por debajo del promedio histórico”, argumenta. Sigaut Gravina defiende el uso de reintegros para fomentar las exportaciones de sectores que estratégicos. “Como el software o el turismo”, ejemplifica. 

Si bien considera que la restricción externa es el principal problema del país, Sigaut Gravina apunta al déficit fiscal como un factor desestabilizador porque lleva inevitablemente a la emisión monetaria o a la deuda. “Hay que evitar el círculo de déficit fiscal y la deuda en moneda dura. Ese es el pecado original en el que cayó [Mauricio] Macri”, critica. Otro obstáculo para el desarrolo, destaca, es la elevada presión tributaria. “Hoy tenemos demasiada economía informal, lo que hace que unas pocas empresas soportan toda la presión tributaria. Así, ahogás a las más eficientes y es imposible que las otras dejen de estar afuera”, resume.

Hay dos caminos para fortalecer el peso y el ahorro en moneda local, según el director de Ecolatina: un sistema de indexación o un plan de estabilización. El primero es el que siguió Chile, que fijó un plan de metas de inflación en la década del 90. Un ejemplo del segundo es el Plan Austral. “La inercia era tan grande en Argentina que ameritaba un plan de estabilización”, precisa Sigaut Gravina.

La consecuencia de la intestabilidad económica y la debilidad de la moneda es la fuga de capitales, explica el economista. “Los argentinos tenemos 200.000 millones de dólares en billetes. Es un fondo anticíclico fenomenal. Tenemos más tenencia en moneda extranjera que deuda pública en moneda dura. El día que canalicemos eso en inversión productiva, Argentina va a cambiar. El desarrollo es inversión, ni más ni menos”, sostiene.

La charla Limitantes macroeconómicos para el desarrollo económico argentino es la novena del ciclo de videoconferencias que organiza en 2020 la Usina Desarrollista, un proyecto impulsado por Visión Desarrollista, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), la Fundación Frondizi y la Fundación para el Desarrollo Entrerriano (FUNDER).


Volvé a ver la charla de Lorenzo Sigaut Gravina


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