Laica o Libre: Gane quien gane, gana Frondizi

El acalorado debate planteado entorno al permiso a las universidades privadas para entregar título (1), vulgarmente conocido como “laica o libre” incluía una paradoja más que singular: el rector de la Universidad de Buenos Aires, la más prestigiosa de la Argentina, era Risieri Frondizi, ni más ni menos que el hermano menor del presidente de la Nación.

Risieri, de un gran prestigio en el ambiente académico, fue uno de los voceros más destacados de la defensa de la enseñanza pública, laica y gratuita, que enfrentó al proyecto oficial. Fue así que el debate laica o libre también tuvo la dimensión peculiar de enfrentar a los dos hermanos Frondizi detrás de sus convicciones, actitud que ambos desempeñarían tajantemente.

Un opositor implacable

El 9 de septiembre de 1958, Risieri Frondizi pronunció un discurso como cierre de un acto organizado por el Claustro de Estudiantes y la Federación de Graduados. En el mismo, fijaba su posición:

rfroComo rector de la Universidad de Buenos Aires, me siento orgulloso de que en una misma Facultad –a veces en la misma aula– se enseñen las doctrinas de Santo Tomás y de Carlos Marx, de San Agustín y de Freud. La libertad de enseñanza está íntimamente relacionada con la libertad de cátedra; si no hay libertad de cátedra, la libertad de la enseñanza es una ficción. ¿Creen ustedes que en las universidades privadas que existen en el país pueden enseñarse por igual las doctrinas de Santo Tomás y Carlos Marx, o de Freud y San Agustín? El dogma imperará en ellas […]. Estamos dispuestos a volver a la pacífica y patriótica labor constructiva en la que estábamos empeñados. Para ello será necesario:

  • Que el Congreso de la Nación derogue el Art. 28.
  • Que el Congreso de la Nación sancione, en este período, la ley universitaria que nos permita trabajar en paz y para el bien del país.
  • Que el poder Ejecutivo de la Nación deje de hacer política con las cuestiones educativas, y que recuerde que fue elegido para gobernar y no para traficar en el mercado de los intereses políticos con las conquistas culturales del pueblo argentino. Si gobierna con altura y no hace política, tendrá el firme y decidido apoyo de la gran mayoría de los universitarios del país”.

Sorpresa de Carnaval

En cierto momento se cortaron todos los canales de diálogo y la FUBA, con el respaldo del Consejo Superior de la UBA y el mismo rector Risieri Frondizi al frente de una columna de manifestantes, se lanzó a las calles. Arturo, para tranquilizar los ánimos en el ambiente universitario, decidió dejar en suspenso la reglamentación de la ley, que luego se recordaría como “Ley Domingorena” (2), lo que le permitió finalizar el año con una relativa calma en este frente, aunque el conflicto seguía latente.

El 11 de febrero de 1959, en pleno festejo de Carnaval,  aprovechando que la capacidad de movilización estudiantil estaba muy limitada por el receso de verano, el Presidente Frondizi firmó la reglamentación de la susodicha Ley.

Si bien la batalla estaba perdida, la respuesta de Risieri no se hizo esperar. En abril de 1959, en oportunidad de inaugurarse el ciclo lectivo de la UBA, dijo: “una universidad que se siente tan segura de su destino que tolera en su propio seno la presencia no sólo de sus adversarios, sino aún de sus enemigos. De los enemigos, no de traidores”.

El enfrentamiento entre los hermanos Frondizi pone en evidencia que se trataba de hombres que estaban dispuestos a defender sus convicciones y a cumplir con el mandato que le correspondía, uno como máxima autoridad de la principal universidad pública del país y el otro como primer mandatario, incluso al costo de decepcionar a sus más íntimos afectos. Arturo se mantuvo inconmovible, incluso ante la acusación de “traición”, aferrado a la convicción de que era necesario llevar a la Argentina por la senda del desarrollo, superando todas las resistencias, anacronismos, incomprensiones y obstáculos que se le presentaran.

1280px-En_reunión_-_Presidente_Arturo_Frondizi_con_el_rector_de_la_UBa_Risieri_Frondizi

Años más tarde, consultado sobre aquél debate, don Arturo se refirió en retrospectiva a esta disputa entre los dos hermanos al decir con humor que ”ganase quien ganase ganaba Frondizi. Arturo o Risieri, pero un Frondizi” . Más allá del humor, él estaba absolutamente convencido de que ganó la Nación Argentina con la sanción de la ley de enseñanza libre, que permitía complementar la enseñanza laica/pública con educación libre/privada. Como en otras tantas cosas, el propio devenir de los acontecimientos le dio la razón.

Con el paso de los años, no pocos “luchadores” de la posición estatista (autodefinida como “laica” para antagonizar con la Iglesia, que era sólo uno –aunque muy importante– de los sectores interesados en abrir las compuertas de la enseñanza superior), admitieron que habían estado equivocados y que en aquellos años no comprendieron que la iniciativa del gobierno desarrollista era superadora de una situación de estancamiento que hacía necesario renovar la universidad para ponerla al servicio de un plan de desarrollo que interesaba al conjunto de la sociedad argentina.

La autonomía universitaria y la libertad de cátedra, condiciones indispensables para el avance del saber, no significaban que la universidad debía ocuparse de asuntos ajenos a los grandes desafíos que se planteaban en el país que requerían respuestas científicas, tecnológicas y formación de profesionales en las nuevas disciplinas que exigía el progreso material y el despliegue del espíritu y la cultura.

Esta lucha dada por el gobierno presidido por Frondizi hoy, salvo reductos ideológicamente sectarios, es unánimemente reconocida como un paso adelante. Fue una verdadera “segunda reforma universitaria”.

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(1) La Ley 14.557 autorizaba la creación de universidades privadas con capacidad de expedir diplomas académicos, pero la habilitación del ejercicio profesional era otorgada por el Estado Nacional, que tomaba exámenes para obtener el título habilitante correspondiente. Además, especificaba que las universidades privadas no podrían recibir recursos estatales y debían someter sus estatutos, programas y planes de estudios a la aprobación previa del Estado.

(2) Horacio Domingorena fue un importante dirigente de la UCRI de Entre Ríos. En aquel entonces era Diputado Nacional y lideraba un grupo de legisladores que se oponía a la ley de su propio partido. Su cambio de posición al respecto determinó que la ley 14.557 de enseñanza libre fuera recordada con su nombre.

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