empresas B
Lagarde, fundada en 1897 en Luján de Cuyo, es la bodega más antigua de América certificada como empresa B. / lagarde.com.ar

Milton Friedman sostenía que la única responsabilidad social de las empresas era generar ganancias. Así lo planteó el padre del monetarismo en un artículo célebre publicado en 1970 en el New York Times. Esta concepción radical fue la base ética para la expansión del neoliberalismo desde aquel entonces: un retrato del empresario como un héroe que invierte, innova, genera empleo y progreso. El resultado tras medio siglo de hegemonía de sus ideas fue un aumento desproporcionado de la desigualdad. En los últimos años, sin embargo, se pusieron en marcha distintos movimientos que impugna esta mirada acotada de sobre el papel del empresariado en la sociedad.

Un ejemplo de este nuevo enfoque son las empresas B, como se conoce a las compañías que ponen el acento en el triple impacto: económico, ambiental y social. Estas organizaciones definen en sus propios estatutos la obligación de tomar decisiones que no solo tengan en cuenta las ganancias, sino el impacto social y ambiental. Es un cambio de paradigma con respecto a la responsabilidad social empresaria, que promueve acciones filantrópicas independientes de la lógica propia del modelo de negocio de la firma. Las empresas B asumen el triple impacto como el mismo propósito de la empresa.

El impacto social empieza con los propios empleados, lo que incluye el equilibrio entre la vida laboral y personal y la promoción de la igualdad dentro de la compañía. Las políticas corporativas para promover la contratación de personal que pertenece a colectivos en situación de vulnerabilidad son un ejemplo.

El cuidado ambiental es concebido en las empresas B como algo intrínseco a los procesos productivos. La perspectiva sostenible abarca los insumos, los productos, la logística, el embalaje y todas las instancias de la cadena de valor. El reciclado de residuos, el uso de materiales con bajo impacto ambiental, el consumo eficiente de energías y el adecuado tratamiento de residuos son acciones en ese sentido.

Las empresas B amplían la mirada sobre los actores vinculados al negocio (stakeholders, como se los llama en inglés). Tienen en cuenta los intereses de mediano y largo plazo de los accionistas, pero también de los empleados, los consumidores y la comunidad donde opera, tanto la misma empresa como sus proveedores. Una característica determinante para los stakeholders es la transparencia. Una empresa B reporta anualmente los efectos de su triple impacto, con una auditoría realizada en forma independiente y que se publica sin excepción.

Mejorar el capitalismo

El ecosistema de empresas B no está contra el capitalismo, sino a favor de mejorarlo. “El capitalismo es el sistema económico más poderoso creado. Sin embargo, en su forma actual, no está cumpliendo las aspiraciones de miles de millones y las necesidades de un planeta en calentamiento. Nos encontramos en la encrucijada de la crisis y también de una oportunidad extraordinaria: el capitalismo está en un punto de inflexión”, afirma la web de B-LAB, el proyecto pionero global que impulsa esta cambio a través de la concientización, la propuesta de leyes, normativas y políticas públicas, así como la certificación de empresas bajo los criterios del triple impacto.

La socia de B-LAB en América Latina es la organización Sistema B, que pone especial foco en las compras públicas sustentables; en la colaboración con varios municipios, como Mendoza; y en el impulso por una Ley Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), que busca otorgar una forma jurídica particular para el desarrollo de las empresas B. Ya hay 128 empresas B certificadas en Argentina.

El cambio de paradigma viene de la mano de la sanción de nuevas leyes y de la expansión de una conciencia sustentable entre los consumidores. Los valores de los clientes son determinantes para cualquier compañía y cada vez pesan más en las decisiones de los consumidores factores que exceden el precio y la calidad, como son la relación de la compañía con el ambiente y su impacto social. Es un efecto contagio que aumenta a la par de la concientización ambiental y social, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

Con o sin ley, sin embargo, cualquier compañía puede ser una empresa de triple impacto. No importa el sector o el tamaño. Desde bancos multinacionales hasta pymes familiares. No requieren estar formalmente certificadas (sí para ser denominadas formalmente como empresas B), aunque sí publicar sus reportes anuales. Lo esencial es compartir una concepción del accionar empresario que sea motor de un cambio hacia un sistema económico inclusivo, equitativo y regenerativo, para todas las personas y para el planeta. 


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