Francia
Marine Le Pen y Emmanuel Macron se enfrentan el domingo en el balotaje . / REUTERS

«Esta vez realmente da miedo», tituló en portada el diario Libération el lunes posterior a la primera vuelta de las presidenciales de este año en Francia. Se refería a la posibilidad de que la candidata de ultraderecha Marine Le Pen derrotara a Emmanuel Macron en el balotaje que se celebrará este domingo 28 de abril. Una preocupación agravada por los vínculos entre Le Pen y el presidente ruso, Vladímir Putin, que inició una guerra en Europa en febrero pasado. Las encuestas muestran una ventaja clara para el presidente Macron, que llega como favorito para la reelección. El temor del periódico fundado por Jean-Paul Sartre, sin embargo, tiene fundamentos. En la segunda vuelta de 2017 se enfrentaron los mismos rivales, pero en aquella ocasión Macron aplastó a Le Pen. Esta vez la distancia entre ambos es de menos de 10 puntos. Y no son pocos los que se preguntan si puede haber una sorpresa.

La victoria de Macron en 2017 marcó un quiebre en el sistema de partidos. Las opciones electorales tracionales de centroizquierda y centroderecha se desplomaron ante la emergencia de este candidato joven y de centro. Un aire de renovación y esperanza atravesó la política francesa.

Los cinco años en el Palacio del Elíseo desgastaron a Macron. La gestión estuvo marcada por las manifestaciones del movimiento de los chalecos amarillos, que tiñeron de violencia las calles de París; la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19; y, finalmente, la guerra de Ucrania, que lo tuvo como protagonista en su intermedación fallida para negociar con Putin.

La primera gestión de Macron tiene pocos logros para mostrar y, los que sí consiguió—la reducción del impuesto a las sociedades, la eliminación del impuesto sobre el patrimonio y la flexibilización del Código de Trabajo— proyectaron una imagen elitista y proempresa. Esa imagen es la que Le Pen intenta explotar a su favor. A la luz del desgaste y los escasos avances de su gobierno, tanto el triunfo de Macron en primera vuelta por un 27,8% —contra el 23,1% de Le Pen— como las proyecciones para el balotaje son buenos resultados para el presidente. Y más si se tiene en cuenta que casi no hizo campaña: solo un acto y unas pocas entrevistas televisivas. Entre sus puntos fuertes, el presidente puede destacar un crecimiento del 7% en 2021, producto del rebote tras el hundimiento que provocó la pandemia, y una tasa de desempleo del 7,1%, la más baja desde 2008.

Los tres intentos de la candidata ultra

A sus 53 años, Le Pen intenta por tercera vez ganar la presidencia. Es la segunda en la que llega al balotaje. Su partido nunca estuvo tan cerca de acceder al gobierno. En una campaña atípica por los mítines escasos y los discursos donde el entusiasmo fue el gran austente, Le Pen logró conectar con la Francia profunda. La líder de Reagrupamiento Nacional explotó el malestar de los perdedores de la globalización, entre los que se encuentran los pequeños campesinos y los trabajadores urbanos. Entre sus propuestas se destacan un aumento del 10% de los salarios, la reducción de impuestos y mantener el sistema previsional actual, al contrario de la reforma impulsada por Macron para subir la edad jubilatoria de 62 a 65 años. Aunque varios analistas vaticinan que, en caso de llegar a la presidencia, Le Pen no tendría votos suficientes en el Parlamento para impulsar esta agenda, la líder de ultraderecha anticipó que pretende aprobarlas vía referéndum.

Le Pen moderó su mensaje en esta campaña. Sacó el foco de las propuestas más radicales de su partido, como las que planteaban una ruptura con la Unión Europea, y suavizó ciertos componentes xenófobos de su discurso. Quiso despegarse también de su relación con Putin, por quien ha manifestado públicamente admiración. No pudo evitar las críticas, sin embargo, por estos viejos lazos.  Le Pen también fue cuestionada porque recibió en el pasado financiamiento de bancos rusos para sus campañas electorales. En concreto, el Frente Nacional —como se llamaba entonces su partido— tomó un crédito por 13,8 millones de dólares del First Czech Russian Bank. El dato no es menor: los bancos franceses se negaban entonces a prestar dinero al partido de ultraderecha. También, contó con el apoyo financiero de bancos húngaros auspiciado por el nacionalista Viktor Orbán. En el último debate televisivo entre Macron y Le Pen, celebrado el pasado miércoles, Le Pen explicitó su oposición a la propuesta de prohibir la importación de gas ruso. Asegura, eso sí, que lo hace porque no perjudicaría a Rusia sino a los consumidores franceses.

Las encuestas anticipan que en el balotaje Le Pen recibirá votos de centro e incluso de izquierda. Sus vínculos con Rusia, irónicamente, genera simpatías entre los votantes que se oponen a la influencia de Washington y la OTAN en Europa. Pero hubo otro factor que ayudó al lavado de cara de Le Pen: la irrupción de Eric Zemmour, un candidato más a la derecha que ella. Zemmour es un polemista televisivo que ganó popularidad con base en un discurso furiosamente antimusulmán. Fue candidato y cosechó el 7% de los votos en la primera vuelta. Sus posiciones radicalizadas hicieron parecen más razonables las de Le Pen ante los ojos de muchos, a pesar de que sigue siendo una acérrima nacionalista, defensora de una Francia primero ante todo y de una «Europa de naciones», en oposición al modelo actual de la Unión Europea.

Mélenchon, el arbitro del balotaje

La primera vuelta francesa ratificó el rotundo fracaso de los partidos tradicionales que habían dominado la escena política durante medio siglo. Tanto Los Republicanos, de orientación gaullista, como el Partido Socialista obtuvieron menos del 5% de los sufragios. La incapacidad de los partidos tradicionales para interpretar el malhumor social fue aprovechada por Le Pen, pero también un nuevo partido de izquierda, Francia Insumisa, liderado por el periodista Jean Luc Mélenchon, un admirador confeso del chavismo y el kirchnerismo, que se basa en las ideas del filósofo argentino Ernesto Laclau. Mélenchon obtuvo el tercer lugar en las elecciones, con el 21,95% de los votos. Sus principales apoyos están entre los jóvenes mayores de 25 años. Ellos optaron por las propuestas de Mélenchon, que cultiva un perfil de rebelde de 70 años. Un dato no menor es que las fuerzas populistas tanto de derecha e izquierda sumaron un 52% de los votos.

Mélenchon quedó en la posición de árbitro en el balotaje. Sus votos son codiciados por ambos contrincantes. Pensando a futuro, Mélenchon llamó a sus votantes a apostar por el «tercer tiempo», en referencia a las elecciones legislativas que se celebrarán  en junio y podrían posicionarlo como aspirante a primer ministro. En coincidencias con el resto de los candidatos, pidió «no dar ni un solo voto a la señora Le Pen», pero evitó respaldar al presidente. Tiene sentido: un sector de los votantes de Mélenchon aborrecen a Macron. Existe el riesgo de que varios votantes jóvenes se sientan atrapados entre dos opciones que no los representan y voten en blanco o ni siquiera concurran a las urnas.

Ante semejante escenario, Macron empezó una campaña todo terreno para captar votos por derecha e izquierda. En un acto en Estrasburgo, frente a una multitud de 2000 personas en la sede francesa del Parlamento Europeo, citó al expresidente socialista François Mitterand, cuando alertaba que «el nacionalismo es guerra». El presidente intenta mostrarse como una garantía de la democracia social en Francia, ahora que el Partido Socialista está en crisis. En búsqueda del voto de izquierda también organizó un mítin en Marsella, bastión de Mélenchon. Para cautivar a la derecha defendió la importancia de la Unión Europea y la OTAN como pilares de la defensa continental, y criticó el proyecto de su rival, que planteó la intención de retirar a Francia de la Alianza Atlántica.

Ante el riesgo de una derrota, Macron recibió el apoyo de numerosos líderes europeos. Tres jefes de Gobierno firmaron una tribuna de opinión conjunta en Le Monde para pedir el voto a favor de él: Pedro Sánchez, presidente de España; António Costa, premier de Portugal; y Olaf Schozl, canciller alemán. Aunque tal vez el respaldo más simbólico en este momento haya sido el del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que no solo pidió el voto por Macron sino que invitó a Le Pen a Ucrania para que vea los horrores provocados por su admirado Putin.

Los últimos sondeos prevén una intención de voto del 55% para Macron y un 45% para Le Pen. Pero las encuestas ya han fallado en otras oportunidades. El éxito de Macron dependerá de su capacidad de movilizar a los votantes de centro para que asistan a las urnas; las de Le Pen, de convencer a la Francia profunda de que ella es la mejor opción. El domingo se enfrentan dos modelos de país completamente antagónicos: uno centrista y europeísta, el otro populista y nacionalista. El resultado puede cambiar el equilibrio de poder en Europa.


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