Discursos «Mensaje de Año Nuevo»

Mensaje transmitido por radiodifusión el 31 de diciembre de 1959.

«Hoy concluye un año difícil para nuestro país.  Ha sido un año en el cual hicieron crisis muchos males antiguos; un año en que se hicieron sentir los esfuerzos y las privaciones que hemos pedido al pueblo para colocar las bases estables de un futuro bienestar y de la grandeza nacional.

La mayor parte de los que nos escuchan lo hacen en la intimidad de su hogar, junto a los seres queridos, en la paz y en el descanso.  Muchos otros, centenares de miles, recibirán el año nuevo inclinados sobre una mesa de trabajo, resguardando la vida y la seguridad de los demás, velando a los enfermos, conduciendo vehículos, manteniendo las comunicaciones, la información y la provisión de energía.  Muchos estarán ocupados en la atención de las maquinarias que no deben detenerse o en las labores que no pueden ser interrumpidas.  Algunos lo han de recibir en viaje o en misión fuera de la patria, bajo todos los cielos.

Quiero pedir que pensemos en ellos, no sólo porque merecen, mientras cumplen su esfuerzo, el recuerdo de los que hoy pueden descansar, sino porque son la imagen viva de la Nación que no duerme, que avanza por sobre los reposos y las detenciones y pese a todos los obstáculos.  Su labor en esta medianoche muestra el camino de las sociedades humanos en su incesante proceso de perfeccionamiento.

La hora que para unos significa esfuerzo y responsabilidad, significa para otros la hora del descanso.  El turno laborioso se alterna, incesante y fecundo.  El reposo y trabajo cumplen un ciclo eterno por sobre lo efímero de sus momentos.  Toda labor, por insignificante que parezca, sirve de uno u otro modo, a la finalidad de crear seguridad, libertad y bienestar que han de ser disfrutados por todos.

Una Nación es un taller donde el trabajo no puede detenerse jamás, porque los bienes espirituales y materiales de que todos disfrutan dependen de la labor de todos.  La Nación es la obra común, realizada a lo largo del tiempo por todos sus ciudadanos, y no sólo la que realiza alguno de sus sectores o la cumplida en algún período determinado de su existencia.  Esta continuidad es posible porque una nación no es una simple coexistencia de habitantes, sino una unión solidaria en el tiempo y en el espacio. El espíritu que nos une a los que lucharon en el pasado, en la guerra y en la paz, es lo que nos convierte en una Nación.  El propósito común que unifica los esfuerzos de técnicos, maestros, operarios, gobernantes, artistas o soldados, eso determina que seamos una nacionalidad.

Afirmemos en nuestra vida individual y en la vida colectiva aquello que nos lleva a unirnos.  Levantemos lo que nos une por sobre lo que motiva nuestras discrepancias.  Es mucho más lo que lleva a unirnos que lo que tiende a separarnos. Toda nuestra vida descansa sobre ese hecho.  Este es el fundamento de la tolerancia, indispensable para la vida en común.  La tolerancia no es indiferencia, sino comprensión del valor de lo que nos une, y disposición a colocarlo por sobre cualquier motivo de discordia.

Todos tenemos responsabilidad en la creación de un ambiente de unión y de tolerancia.  Cada uno de nuestros actos puede contribuir a la unión de los argentinos o perturbar el logro de ese gran objetivo.  Todos podemos cometer errores, y los errores de los gobernantes pueden ocasionar más graves consecuencias.  Por nuestra parte, aceptamos la responsabilidad por los errores cometidos, y no rehuimos la que pueda correspondernos por los errores ajenos.  Pero cumple a nuestra lealtad señalar que no es el acierto del gobernante lo único que permite construir una Nación sino la labor, el esfuerzo y los aciertos de todos sus ciudadanos.  Si cada uno de los argentinos comprende la importancia de su parte y está dispuesto a aceptar y asumir la responsabilidad por sus actos en la esfera modesta o encumbrada de su actuación, habrá mucho menos riesgo de que los errores de los gobernantes sean de graves consecuencias.

Esa disposición para la unión de todos, es primordial para que la Nación pueda proseguir en un rumbo de paz, de justicia, de libertad y de progreso.  Ese sentido de solidaridad, de esfuerzo en común y de responsabilidad colectiva debe ser afirmado con energía para que lo hagan suyo las generaciones que en el futuro aportarán su esfuerzo a la construcción de la patria.

Las dificultades por que ha pasado el país y las que aún lo aguardan serán superadas porque tenemos fuerzas morales y materiales para ello.  En la desgracia como en el triunfo, no debe faltarnos el valor moral para aceptar nuestra responsabilidad y realizar con entereza y si es preciso con sacrificio, nuestra parte en la obra común.

Que Dios nos conceda confianza en nuestras fuerzas, que nos infunda el amor que sienten los hermanos y la fe en el destino de nuestra patria; que nos otorgue valor para vencer las dificultades y coraje para el sacrificio.  Que esta noche sea augural de felicidad para los argentinos y para quienes, sin haber nacido en este suelo, comparten nuestro destino nacional.  Formulo mis fervientes votos porque así sea.»

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