Fernández
El presidente, Alberto Fernández, durante el discurso del inicio de sesiones de 2022. / Twitter (@CasaRosada)

El discurso del Presidente Alberto Fernández en la apertura de sesiones legislativas fue una decepción para quienes esperábamos un mensaje de unidad nacional. En lugar de plantear cómo Argentina va a emprender un proceso de fuerte crecimiento de la inversión, las exportaciones y el empleo privado, insistió con la judicialización de la política económica. Esta posición nos divide y no aporta nada a lo que necesita Argentina.

La única parte del discurso del Presidente que rescato es la que se refirió a las posibilidades productivas de la Argentina porque fue concreto: enumeró sectores, planteó políticas, cuantificó posibles resultados. Lamentablemente, con este marco macroeconómico no es posible pensar en los crecimientos sectoriales que el Presidente prometió.

El debate, lamentablemente, giró en torno al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que finalmente se cerró y deberá ahora aprobar el Congreso Nacional. No deja esté de ser un asunto menor frente a los problemas gravísimos que tiene la economía argentina porque el acuerdo con el FMI no es un programa económico que es lo que necesitamos. El acuerdo determina el comportamiento de solo tres variables que Argentina debería abordar, con o sin el FMI: el sendero fiscal, el financiamiento monetario de ese déficit y la acumulación de reservas internacionales. Pero, por ejemplo, no dice nada sobre el déficit cuasifiscal, que es el que explica la mitad de la emisión monetaria, con lo cual la contención de esta variable no será, en la práctica, una restricción operativa. En la actualidad, más del 60% de los depósitos bancarios de los argentinos se usa para financiar al Estado, no al sector privado y la producción, ya que están colocados en los pasivos remunerados del BCRA (las Leliqs). El acuerdo con el FMI no dice nada de esto y el Ministerio de Economía, tampoco. discurso del Presidente

Por eso, debemos estar discutiendo lo principal, cómo volver a crecer con fuerte impulso de las inversiones, las exportaciones y el empleo, y no cuestiones accesorias, el acuerdo con el FMI, desentendido de los graves problemas que enfrentamos.

La resignación y el futuro

El Gobierno debería proponer respuestas para salir de esta decadencia producto de una década de estanflación. Una lenta agonía que puede terminar con un episodio disruptivo. La oposición debería exigir que este sea el debate y estar preparándose para enfrentar este tipo de problemas si le toca la responsabilidad de gobernar en menos de dos años.

Argentina tiene una economía anormal. Por ejemplo, el sistema cambiario con el control de capitales determina que los empresarios estén pensando cómo sacar un dólar por el tipo de cambio no oficial y cómo ingresarlos por el oficial. Las energías están puestas en eso en vez de pensar cómo innovar, ganar mercados, reducir costos, etc. Nuestro sistema financiero es, en estas circunstancias, prácticamente, inexistente porque no está cumpliendo con su función básica que es financiar la producción.

Con esta falta de definiciones y con la resignación que existe y que lleva, a parte de nuestra dirigencia, y al Gobierno, en particular, a pensar que el mejor escenario posible es el status quo, no hay buenas noticias hacia adelante. Lamentablemente, si no se ataca simultáneamente el conjunto de distorsiones de la economía argentina, el futuro no será de mayor prosperidad, la que los argentinos nos merecemos. En ese caso, el mejor año del gobierno de Alberto Fernández habrá sido el que quedó atrás, 2021, con el rebote de la actividad económica.

¿Dónde tiene que estar la fuente de inspiración? Creo que debemos mirar más a Arturo Frondizi, uno de los pocos estadista de Argentina. Durante su mandato, a fines de 1958, el país firmó el primer acuerdo de su historia con el FMI y aprovechó a lanzar el plan de estabilización y desarrollo. En el anuncio, Frondizi dijo: «No miraremos hacia atrás ni permitiremos tampoco que las discusiones sobre hechos que debe juzgar la historia entorpezcan la tarea de recuperación que hemos emprendido. Tenemos la convicción del triunfo y sabemos que a la dura realidad de hoy sucederá un mañana de infinitas posibilidades». Esto es lo que me hubiera gustado escuchar este martes del Presidente de la Nación, cuando anunció el acuerdo con el FMI, y no una ristra de lamentos y de resignación a este presente.

 


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