La verdadera integración nacional impulsada por Frondizi

Exactamente dos meses después de asumir, el gobierno desarrollista impulsó una política fundamental: la derogación de la Ley de Residencia, que permitía la expulsión de inmigrantes

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Llegada de inmigrantes al puerto de Buenos Aires, en 1912. / Archivo General de la Nación

El preámbulo de la Constitución describe la idea de la integración nacional cuando dice que su objeto es “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. La integración debe incluir a todos. Tanto a los que nacieron en el país como a los que nacieron fuera y, por decisión propia o llevados por la necesidad, migraron y eligieron vivir en Argentina.

Nuestra historia es rica en migraciones. Primero provenientes de Europa y América; en las últimas décadas, de África (Senegal), Asia (República Popular de China) y también de otros países de sudamérica.

Los desarrollistas estamos comprometidos con esa visión integradora definida por la Constitución. El gobierno de Arturo Frondizi plasmó esta concepción a través de la política migratoria. Un hito fundamental en ese sentido fue la derogación en 1958 de la Ley de Residencia o Ley Cané. Esa norma de 1902 autorizaba al Poder Ejecutivo a impedir la entrada y a expulsar extranjeros “cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”.

El fin de la discriminación legal de los inmigrantes

Frondizi tenía una mirada global de avanzada para su época. Pero la política más contundente en materia de integración fue la que implementó fronteras adentro. Su programa de gobierno se basaba en tres pilares: paz social, legalidad para todos y desarrollo económico. Todos apuntaban a una concepción amplia de la integración nacional que abordó con decisión. El gobierno de Frondizi devolvió los sindicatos a sus legítimos representantes con la Ley de Asociaciones Profesionales y levantó —o intentó levantar— la proscripción del peronismo. También abordó un tema que generó controversia durante décadas. Una norma odiosa: la Ley de Residencia.

La ley 4.144, Ley de Residencia o Ley Cané había limitado durante 56 años los derechos de los extranjeros en territorio argentino. Era una herramienta discrecional que fue utilizada para reprimir la organización sindical de los trabajadores y expulsar principalmente a anarquistas y socialistas.

El extranjero contra el que se decretaba la expulsión tenía tres días para salir del país. Con esa amenaza sobre la cabeza de los inmigrantes, el Estado aplacó a los movimientos de resistencia obrera —sobre todo en sus primeros tiempos de aplicación—. Es cierto que también se utilizó para la deportación de “tratantes de blancas”, entre otros delincuentes, y de espías alemanes tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero también alcanzó a los pequeños comerciantes —en especial, a almaceneros españoles— durante la campaña peronista “contra el agio y la especulación” en 1946.

La derogación de la ley fue una prioridad del gobierno desarrollista. El 1 de julio de 1958, exactamente dos meses después de la toma de posesión, Frondizi promulgó la ley 14.445, que ponía fin a 56 años de discriminación legal de los inmigrantes. Esta política fue impulsada incluso antes que la Batalla del Petróleo, el logro más recordado de la presidencia de Frondizi. Esto demostraba la importancia que tenía para el mandatario integrar a todos los habitantes del país, más allá de dónde hubieran nacido, en una nación de trabajo, esfuerzo, prosperidad y desarrollo. La patria era entendida como el espacio donde las personas puedan desarrollarse en todos sus ámbitos.

La ley de 1958 dejó sin efecto, además, todos los decretos de expulsión por motivos políticos o gremiales que habían sido dictados hasta ese momento y ordenó que se arbitraran las medidas necesarias para posibilitar el regreso al país de los extranjeros que habían sido alcanzados con la ley anterior.

La derogación de la Ley de Residencia fue el paso fundamental y necesario para comenzar con la unión nacional. El país solo puede salir adelante con el trabajo de todos y cada uno de sus habitantes. Así sucedió en las primeras décadas del siglo XX, cuando miles de extranjeros decidieron migrar a estas tierras en busca de mejorar su presente y futuro.


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