Sobre la desigualdad en el sistema educativo argentino

En Argentina, el sistema educativo legitima y refuerza las desigualdades sociales de origen en lugar de ampliar las posibilidades de movilidad social

desigualdad
Escuela rural en Argentina. /TELAM

Alieto Guadagni sostuvo en un encuentro reciente, organizado por la Usina Desarrollista:  “Decime dónde naciste y quiénes son tus padres y te digo el nivel de conocimiento que vas a alcanzar, si vas a terminar la secundaria y si vas a ir a la universidad. Esta es la madre de la desigualdad”. El economista mencionó en varias ocasiones la desigualdad presente en el sistema educativo: los estudiantes que asisten a una escuela pública tienen menos horas de clase, una peor performance frente a las pruebas educativas, así como también asisten en menor medida a la universidad. Por cuestiones académicas, recientemente llevé a cabo una investigación sobre el sistema educativo argentino, el cual fue realizado a la luz de los aportes de un libro de Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, titulado Los herederos. En el mismo se presentan lo resultados de una investigación realizada en la década de 1960 sobre el sistema educativo superior francés, en el cual identificaron que existe una desigual representación de las clases sociales dentro de la universidad: mientras que sólo el 6% de los hijos de obreros accedían a la educación superior, en el caso de los hijos de personas con profesiones liberales ese número ascendía al 80%.

Bourdieu y Passeron consideran que esta desigualdad no solo se debía a cuestiones económicas: a pesar de que los autores afirman que, efectivamente, existían desigualdades económicas, ya que el 36% de los estudiantes hijos de las clases subalternas estaban obligados a trabajar, mientras que esa estadística caía a un 11% para el caso de los hijos de la clase alta, también habían  “obstáculos cultuales” que eran importantes. En ese sentido, los autores sostienen que tenía lugar una predisposición socialmente condicionada a adaptarse a modelos, valores, reglas —presentes en toda institución educativa—, que determinaban las posibilidades de adaptación. Se refieren al hecho de que uno se sienta en “su lugar” o “desplazado”.

Entonces, ¿qué “heredaban” los hijos de las clases acomodadas? Saberes, gustos —un “buen gusto”—, información sobre los estudios y perspectivas futuras, modelos culturales. Esto representaba un privilegio cultural para los hijos de la clase alta, heredado de una forma que “no lleva la marca del esfuerzo”, según los autores. Es decir, es un privilegio de clase.

Si negamos las desigualdades sociales ante la educación, tanto en su dimensión económica como en su dimensión cultural, existe la posibilidad de considerar las desigualdades académicas como consecuencia de la distribución de talentos individuales, en lugar de ser atribuidas a sus verdaderas causas, que son las desigualdades sociales de origen.

Los herederos argentinos

Ahora bien, ¿existen “herederos” en el sistema educativo superior argentino? ¿Quiénes son? Producto de un estudio que llevé a cabo, pude inferir que efectivamente existen diferencias significativas entre las distintas clases sociales en el sistema educativo superior. Los resultados de la muestra indican que el 30% de los estudiantes universitarios entrevistados (en curso o finalizados) tiene un padre o madre que es graduado universitario. El número desciende a 5% en el caso de los estudiantes terciarios (en curso o finalizados) y a 0% en el de las personas cuyo máximo nivel educativo es el nivel secundario.

También existen diferencias significativas con respecto a la procedencia del nivel secundario. Esto es, si cursaron el nivel medio en una institución pública o en una privada. El 66% de los estudiantes universitarios entrevistados asistieron a una escuela secundaria privada, mientras que el 55% de los estudiantes terciarios cursaron su secundario en una institución pública. En el caso de las personas entrevistadas cuyo máximo nivel educativo alcanzado es el nivel secundario, el 81% de los mismos asistieron a una escuela pública. Por lo tanto, mientras la mayoría de los estudiantes universitarios asistieron a una institución privada durante el nivel medio, la mayoría de los estudiantes terciarios y, de manera más pronunciada, de las personas cuyo máximo nivel educativo es el secundario asistieron a una institución pública. desigualdad ante la educación

Con respecto a la relación nivel de estudio y condición laboral, los resultados no muestran diferencias significativas: 57% de los estudiantes universitarios trabajaron durante sus estudios, porcentaje que sube a 58% para el caso de los estudiantes terciarios. Sin embargo, en donde sí tiene lugar una diferencia es con respecto a los estudiantes que no trabajaron durante la mayor parte de sus carreras: el 2% de los estudiantes terciarios no lo hicieron, número que asciende a 14% en el caso de los estudiantes universitarios.

En ese sentido, e infiriendo que las personas con estudios universitarios ocupan los sectores más acomodados dentro de la sociedad, los estudiantes más favorecidos en todas las variables consideradas son los hijos de las clases privilegiadas. En Argentina, las personas que asistieron a una escuela pública y cuyos padres no tienen estudios universitarios tienen menos oportunidades de asistir a un establecimiento educativo del nivel superior.

Argentina no es la excepción

Empero, considero oportuno destacar que la desigualdad ante la educación y la consecuente imposibilidad de ascenso social a través de la misma no es una especificidad del caso argentino. El investigador Xarxa Vives presentó en el año 2019 en la Universidad de Barcelona los resultados una investigación que llevó a cabo y que contempla una muestra de 400.000 personas. Producto de este estudio, Vives concluye que el 55% de los estudiantes universitarios españoles pertenecen a las clases altas. El número desciende al 10% para el caso de los estudiantes que son hijos de las clases menos favorecidas. En ese sentido, Vives afirmó que la universidad no revierte la desigualdad social.

En el mismo sentido, los sociólogos Ildefonso Marqués y Manuel Herrera, también sobre el caso de España, afirman: “Por supuesto que en la España de hoy en día hay un mayor número de directivos y funcionarios y menos campesinos y obreros que en la mitad del siglo XX. Pero, si en los ochenta había cuatro plazas de directivos, estas venían ocupadas por tres hijos de las élites y solo una por alguien de una clase más baja. Ahora hay ocho plazas y la relación es de seis a dos; en este sentido España es un país inmóvil, no ha aumentado la igualdad”.

Por otra parte, el Doctor Jorrat, del Instituto Germani, realizó un estudio titulado De tal padre, ¿tal hijo? Estudios sobre movilidad social y educacional en Argentina, en el que indaga sobre el origen social de los estudiantes universitarios. Producto de su investigación, Jorrat sostiene que “no se observa un efecto atendible de la educación en la movilidad, la que parece exhibir una cierta inercia a lo largo del tiempo”. El autor llega a conclusiones similares que las presentadas por los investigadores españoles, por Bourdieu y Passeron para el caso francés de la década de 1960, así como por Guadani en el encuentro virtual llevado a cabo por el presente medio. Asimismo, dentro de la investigación, Jorrat afirma que sus hallazgos ubican a Argentina “algo más cerca de la hipótesis que ve a la educación como posible vía de reproducción de la desigualdad”.

Ahora bien, Ricardo Sidicaro sostiene que las hipótesis y conclusiones de Los herederos no implican que tanto Bourdieu como Passeron piensen que el sistema educativo debía ser eliminado, ya que consideraban que era necesario resguardar los sistemas educativos en tanto dimensiones de acceso a lo universal, a pesar de operar en la reproducción de las desigualdades sociales. Es decir, aunque los autores consideran negativa la forma en que se presentaba el sistema educativo en la sociedad francesa, su dimensión continuaba operativa: “Nada en la lógica del sistema se opone a que se introduzca la consideración de las desigualdades reales en la enseñanza propiamente dicha”.

En Argentina, entonces, el sistema educativo en lugar de ampliar las posibilidades de movilidad social, legitima y refuerza las desigualdades sociales de origen. Los medios de comunicación, las mismas instituciones educativas, entre otros, suelen resaltar historias como la de Albert Camus —argelino, hijo de agricultores pobres—, quien gracias a un profesor llegó a cursar estudios medios y superiores. Sin embargo, es la excepción que confirma la regla. En lugar de buscar historias individuales de éxito —que son pocas—, debemos generar incentivos para que el sistema educativo las genere, y no que se generen a pesar del mismo. Así, habrá lugar en la Argentina un progreso en el sentido de la equidad.


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