Storni: “Las cerezas pueden ser para la Patagonia lo que es la soja para la Pampa húmeda”

La fruticultura puede dar respuesta a dos problemas clave del país: el ingreso de divisas y la generación de empleo federal, sostiene el empresario

fruticultura
Adolfo Storni, presidente de Extraberries

La Patagonia argentina es una de las zonas con mayor potencial para la producción de cerezas del mundo, destaca Adolfo Storni, presidente de de las firmas Extraberries y Gamorel, en Argentina, y de la empresa Estancias del Lago, en Uruguay. Esta región del país es de los pocos lugares del hemisferio sur que combina tierra y agua abundante, suficientes horas de frío, mano de obra calificada y una experimentada cultura frutícola. “Las cerezas pueden ser para la Patagonia lo que es la soja para la Pampa húmeda. O el limón y la caña de azúcar para el Noroeste argentino. Tenemos la oportunidad de convertir la actividad en una segunda Vaca Muerta, por la magnitud de inversiones, empleo y exportaciones que puede generar su producción”, afirma con entusiasmo.

La fruticultura argentina, sin embargo, exporta en la actualidad la mitad que hace 10 años. Esta caída va a contramano del mundo: la fruticultura creció en la última década a nivel mundial a través de la exportaciones. Las únicas excepciones son EEUU y Europa, que producen para abastecer sus mercados internos. El sector también se expandió con fuerza en Sudamérica, de la mano de las exportaciones. “Argentina, en cambio, ha perdido calidad, ha perdido novedad, ha perdido innovación, ha perdido volumen y, como consecuencia, los costos son cada vez más caros”, advierte Storni, un referente de la fruticultura argentina en particular, y de la industria alimenticia y los agronegocios, en general.

Exportación de frutas. Argentina, 2008 - 2017. Fuente: Comité Frutas Argentinas.
Exportación de frutas. Argentina, 2008 – 2017. Fuente: Comité Frutas Argentinas.

Dadas las ventajas competitivas naturales, en el sector alimentario de Argentina debería ser mucho más eficiente que el de otros países, pero eso no sucede. “Dejamos crecer a un montón de países en un sector en el que el proveedor natural era Argentina”, se lamenta Storni. “La prefinanciación de exportaciones es del 8% en Argentina; en Chile es del 2%. Acá no hay préstamos de largo plazo. En Argentina pagás para exportar“, explica Storni, para quien la lógica recaudatoria del Estado conspira contra el factor fundamental del circuito productivo: la inversión. “Argentina tiene un problema de inversión muy grave. Invierte 14 puntos del producto, cuando cualquier país vecino está arriba de los 20 puntos. Aún así, una Argentina que no es competitiva genera tantos dólares que se van a financiar proyectos a Perú, Colombia, Uruguay o EEUU. La plata argentina financia actividades fuera del país. Acá no tenés competitividad, no tenés seguridad jurídica, no tenés incentivos para la inversión”, cuestiona y aclara que no hace una crítica a ningún gobierno en particular. “Es una descripción de un modelo económico que viene fracasando desde hace varias décadas”, señala.

Empleo federal e inclusivo

La fruticultura es un sector que puede dar respuesta a dos problemas clave del país: el ingreso de divisas y la generación de empleo federal e inclusivo a los niveles sociales más bajos. “Salvo Tierra del Fuego y la Capital Federal, todas las provincias tienen fruticultura. Es incluso un antídoto contra la creación del cuarto cordón del conurbano”, plantea. En su argumentación explica que en algunos lugares de Entre Ríos, Corrientes, Chubut, La Rioja, Salta o Río Negro son el principal o la única fuente de empleo. En Chimpay, Río Negro, por ejemplo, donde está una de las plantaciones de Extraberries.

Storni calcula que el sector genera más de 250.000 empleos indirectos en todo el país y para amplios niveles de calificación. Los trabajos en la fruticultura van desde lo más elemental, como el cosechador, hasta técnicos, operadores e ingenieros. A esto se suman los servicios profesionales que dan soporte al sector. El empresario considera que el sector podría tener capacidad para duplicar el número de empleos generados, siempre y cuando haya más inversión. “En nuestra empresa podríamos plantar hoy 400 hectáreas más de cerezas, pero no podemos afrontar las inversiones. Necesitamos 12 millones de dólares para invertir y generar más empleo y 4.000 toneladas de exportaciones, lo que equivale a 20 millones de dólares anuales de exportación. En cualquier lugar del mundo consigo financiamiento, en Argentina las tasas de interés son impagables”.

Argentina tiene una oportunidad para aumentar la producción del complejo agroalimentario, pero tiene que cambiar las reglas de juego, platea Storni. “Creemos que somos ricos porque tenemos recursos naturales, pero el recurso natural sin capital y sin trabajo no es nada. El agro desde hace tiempo es capital intensivo, el factor tierra no es el determinante.“, cuestiona. El problema, argumenta Storni, es que las condiciones actuales afectan la rentabilidad del sector y sin rentabilidad no hay inversión. Para revertir esta dinámica es necesario, según Storni, un sistema financiero orientado a los proyectos de inversión, reglas de juego claras, un tipo de cambio de mercado, eliminar los impuestos a las transacciones y centrar los tributos en los flujos de renta. El sistema financiero argentino está distorsionado por el peso excesivo del Estado, ya que los banco destinan los fondos a financiar el gasto público, cuestiona. “No tenemos un sistema financiero acorde a la inversión productiva. No tenemos un banco de inversión en la Argentina”, critica.

A pesar de las críticas, Storni aclara que no es antiestatista. Al contrario, considera que el rol del Estado es incentivar a los sectores productivos. “No quiero que me regalen nada sólo que premien al que invierte, produce, exporta y genera empleo”, afirma.

Producción de cerezas patagónicas
Producción de cerezas patagónicas
Propuestas para dinamizar las economías regionales

Storni no se queda en la queja. Tiene bien estudiadas cuales pueden ser las medidas que ayuden al sector a recuperar competitividad frente a los otros países exportadores. Son propuestas para la fruticultura, pero que perfectamente pueden ser para las economías regionales en general, aquellas que se caracterizan por producir lejos de los puertos o los lugares de consumo, por la mano de obra intensiva y estar orientadas a la exportación. Propone cuatro medidas, todas de corte fiscal. La primera medida es la eliminación de las retenciones. La segunda, establecer un alícuota general de reembolsos para todos los productos y envases de un 7%. La tercera, es generar una cuenta única tributaria para que todos los créditos fiscales. “Hoy tenés más de un año del IVA atrapado y cuando lo cobrás te lo comió el costo financiero y la inflación”, explica. El cuarto punto es la adecuación de los mínimos no imponibles para que tengan un sistema de indexación o de ajuste permanente ligado a la variación salarial y hacer extensivo este beneficio a los contratistas de trabajo.

Son medidas muy concretas que generarían un golpe de competitividad, asegura Storni. Como buen empresario argentino, se considera un sobreviviente y asegura que aprendió a ser realista y pragmático.

Storni ve en la crisis del COVID, con su evidente golpe al tejido social y productivo, una oportunidad para salir del circulo vicioso en que se encuentra Argentina. “Hoy más que nunca están dadas las condiciones para cambiar de políticas, pasando de un modelo de extracción impositiva y renta financiera a uno colaborativo entre el capital, el trabajo y el Estado, donde el desarrollo productivo y social prime sobre todo lo demás”, plantea.

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