peronismo
Alberto Fernández y otros referentes en el búnker oficialista tras las legislativas del 14 de noviembre. / Frente de Todos

El oficialismo cayó derrotado este domingo. A nivel nacional, la alianza opositora Juntos por el Cambio alcanzó el 42% de los votos mientras que el Frente de Todos sumó el 33,6%. El oficialismo solo triunfó en nueve provincias. En algunas de ellas los resultados fueron muy ajustados a favor del Frente de Todos, a pesar de que era bastiones históricos del peronismo. Son los casos de Chaco, Salta, San Juan y Tucumán. En el búnker del oficialismo se vivió, sin embargo, un ambiente festivo. El presidente Alberto Fernández llegó incluso a proponer: “El miércoles llenemos la Plaza de Mayo y celebremos este triunfo como corresponde”. La convocatoria es para el día del militante, el próximo 17 de noviembre. Lo que realmente festejó el oficialismo este domingo fue el recorte de la diferencia en la provincia de Buenos Aires, donde la oposición había triunfado por un margen mayor en las PASO. ¿Derrota digna? Ninguno de los referentes del peronismo reconoció el triunfo de la oposición ni saludó a los vencedores.

El dato político más relevante, sin embargo, es que el peronismo perdió el quórum propio en el Senado por primera vez desde 1983. La oposición no solo obtuvo una victoria rotunda, la representación que logró en el Senado demuestra que Juntos por el Cambio es una fuerta auténticamente federal.

La derrota del domingo tiene algunos aspectos especialmente amargos. Uno es el resultado en Córdoba, donde el Frente de Todos quedó en tercer lugar. En esta provincia se renovaban las bancas de senadores y el oficialismo no obtuvo ninguno las tres que estaban en juego. En Entre Ríos, arrasó el exministro del Interior Rogelio Frigerio y obtuvo más de 20 puntos de diferencia sobre el candidato peronista, Enrique Cresto. En Santa Fe, el radical Mario Barletta sacó nueve puntos de distancia sobre el oficialiista Roberto Mirabella. La región centro se consolida así como una de las más refractarias al kirchnerismo.

La madre de todas las batallas fue la provincia de Buenos Aires. Juntos por el Cambio ganó por una diferencia de solo un punto. El resultado es agridulce para la oposición. Por un lado, la sumatoria de las candidaturas de Diego Santilli y Facundo Manes, que se habían enfrentado en las primarias, había superado en septiembre por cinco puntos a la lista encabezada por Victoria Tolosa Paz. La expectativa de la oposición era mantener esa diferencia, algo que finalmente no ocurrió. La recuperación del oficialismo fue considerable, pero insuficiente para revertir la derrota, a pesar de los esfuerzos por estimular la economía, la flexibilización de las restricciones contra el COVID-19  y la movilización de la estructura territorial.

El resultado y la puesta en escena posterior en el búnker del Frente de Todos mostró una nueva cara del peronismo: el que festeja las derrotas. Algo impesable para una fuerza acostumbrada a ganar. En un punto, hay algo característico del kirchnerismo en esa posición: priorizar el mensaje y la épica sobre la realidad. No importa tanto qué pasó, sino cómo lo cuento.

Otros distritos donde el oficialismo mejoró el desempeño con respecto a las PASO fueron Chaco y Tierra del Fuego, donde había perdido y sí logró revertir los resultados.

El Frente de Todos retuvo la primera minoría en Diputados, donde tiene dos bancas más que Juntos por el Cambio. Es una diferencia mínima, que lo obligará a una mayor negociación con el resto de los bloques.

La oposición patriótica y el silencio de CFK

Antes del discurso en el búnker, el presidente emitió un mensaje grabado en el que convocó a un diálogo con la “oposición patriótica” y anunció que a principios de diciembre enviará al Congreso Nacional un proyecto de ley para explicitar un “programa económico plurianual para el desarrollo sustentable”. Queda pendiente la respuesta de la oposición y una duda: ¿estará dispuesta a compartir con el Gobierno el costo político de gestionar la crisis que tiene el país por delante?

La gran ausente de la noche fue Cristina Fernández de Kirchner. Una hora después del cierre de los comicios, la vicepresidenta tuiteó un mensaje en el que informaba que le habían indicado reposo por la operación que le practicaron recientemente y por ese motivo no podría asistir a búnker del Frente de Todos. Es un silencio sugestivo. A la derrota de las PASO le siguió una serie de mensajes críticos del kirchnerismo duro hacia el Gobierno, entre ellos, la presentación de renuncias masivas de los ministros nacionales más cercanos a la vicepresidenta y una carta de Cristina Fernández con órdenes muy precisas sobre los cambios de gabinete que debían hacerse. Y que se hicieron. Alberto Fernández aseguró este domingo que no va a realizar nuevos cambios en su equipo de gobierno. Pero también lo había dicho después la derrota de septiembre.

Una pregunta recorría el análisis político los días previos a las legislativas de este domingo: ¿puede quebrarse la coalición de gobierno si la derrota es muy profunda? La recuperación del oficialismo en la provincia de Buenos Aires aleja los fantasmas de ruptura. La foto del búnker también: junto al presidente estaban los candidatos de la ciudad y la provinica de Buenos Aires, Leandro Santoro y Victoria Tolosa Paz, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el líder del bloque oficialista en la Cámara Baja, Máximo Kirchner. La foto de la unidad. Solo falta escuchar la voz de la vicepresidenta.


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