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El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, en un acto de campaña en Santiago de Chile / Cristobal Olivares (Bloomberg)

El fantasma de la ultraderecha era solo una ilusión: Gabriel Boric arrasó el domingo en la segunda vuelta y será el nuevo presidente de Chile. El candidato izquierdista obtuvo el 55,86% mientras que el derechista José Antonio Kast sumó el 44,14%, según los datos del Servicio Electoral. Había pasado solo una hora y media del cierre de los centros de votación cuando Kast reconoció la derrota, felicitó a su rival por “el gran triunfo” y ofreció su “colaboración constructiva”. El resultado pone fin a una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en Chile. Por primera vez desde el retorno de la democracia, en 1990, ninguna de las dos coaliciones tradicionales llegaron al balotaje. La elección de Boric completa el giro hacia la izquierda que el país había comenzado con las protestas en 2019 y ratificado en elecciones a la Asamblea Constituyenye de mayo de este año.

A sus 35 años, Boric (Punta Arenas, 1986) será el presidente más joven de la historia del país. De hecho, tiene la edad mínima para postularse a la presidencia. Con su triunfo llega al poder una nueva expresión política, Apruebo Dignidad, formada por la alianza entre el Partido Comunista y el Frente Amplio. Boric comenzó su carrera política como dirigente estudiantil. Fue parte del movimiento que encabezó en 2011 las protestas por una educación gratuita, libre y de calidad. Ese mismo año fue elegido presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, como sucesor de Camila Vallejo, actual diputada nacional por el Partido Comunista. En 2014 Boric llegó al Congreso Nacional, en representación de la región de Magallanes. Pero la mayor notoridadad la alcanzó durante el estallido social de 2019. Boric fue uno de los negociadores del llamado acuerdo de paz con el gobierno de Sebatián Piñera, que facilitó la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

El triunfo de Kast en la primera vuelta con el 27,81% parecía anticlimático. Con una agenda marcadamente neoliberal y propuestas de derecha dura, que incluían cavar una zanja en la frontera para detener la migración o eliminar el Ministerio de la Mujeres, su candidatura iba a contramano del resultado de las elecciones para la Asamblea Constituyente. Por un lado, porque la asamblea tiene como propósito redactar una constitución que reemplece la actual, sancionada durante la dictadura de Augusto Pinochet. Y Kast había llegado a decir, en la campaña presidencial de 2017, que si Pinochet hubiera estado vivo habría votado por él. Pero también chocaba con las preferencias políticas que había mostado la elección de constituyentes, la mayoría de ellos idependientes o de fuerzas progresistas. 

Una socialdemocracia a la europea

La agenda de Boric era la opuesta a la de Kast: impuesto a las grandes fortunas, el cuidado del ambiente y los derechos de las mujeres y diversidades sexuales. El presidente electo tomó buena parte de su plataforma de los reclamos de 2019, con foco en las desigualdades sociales y económicas. Entre las reformas que plantean se destacan el acceso universal a la educación y la salud y el incremento de las jubilaciones. A pesar de la etiqueta de “comunista” que intentaron endilgarle sus críticos, Boric asegura que se propone crear en Chile un Estado de bienestar similar a las socialdemocracias europeas.

La trayectoria de Boric se cimentó en el cuestionamiento a las élites políticas y económicas del país. Para la segunda vuelta, sin embargo, recibió el apoyo de figuras importantes de los partidos tradicionales chilenos como los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. La estrategia política fue moderar el discurso y virar hacia el centro. Incluso incorporó temas como seguridad y migraciones, que habían estado ausentes en la campaña para la primera vuelta celebrada el 21 de noviembre. El resultado muestra que fue una decisión acertada.

Apruebo Dignidad, sin embargo, es una minoría en el Congreso Nacional —37 escaños sobre 155— y el nuevo oficialismo necesitará una gran capacidad negociadora para sacar adelante las leyes que necesita para concretar las transformaciones estructurales que se propone.

La llegada de Boric al Palacio de la Moneda y la nueva constitución generan un ambiente de cambio de época. Como si Chile avanzara hacia el final de un largo ciclo, que comenzó tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la instauración de un modelo neoliberal tan estable y bien asentado que parecía fuera de toda discusión. Hasta ahora.


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