El día que Rogelio Frigerio se afilió al MID

Aunque se lo considera uno de los fundadores del partido, Frigerio se afilió un año después de la creación, cuando se alejaron los dirigentes que se oponían a una alianza con el peronismo

frigerio
Rogelio Frigerio, entrevistado por la prensa

Cuentan que el primero de mayo de 1958, poco antes de que se reuniera la Asamblea Legislativa, un imprevisto amenazó con turbar el inminente juramento constitucional: el presidente electo Arturo Frondizi, en trance de asumir el poder, se negaba obstinadamente a la exigencia de sus íntimos para que ubicase un pañuelo de hilo blanco en el bolsillo superior del frac. Alguien hubo de recurrir, finalmente, a Rogelio Frigerio quien logró convencer a Frondizi, por teléfono, de que ese detalle obedecía a las mejores reglas de la etiqueta.

Sea cierta o convenientemente aderezada por sus adversarios, la anécdota tiende a demostrar quién es Rogelio Frigerio: la cara sonriente y negociadora del integracionismo, su teórico más importante y uno de los principales ejecutivos que se ubican junto a Arturo Frondizi para compensar quizá la ascética imagen del expresidente, un político práctico por otra parte.

El rostro sonriente de Frigerio —50 años, casado, cinco hijos— volvió a asomarse a la noticia en dos ocasiones durante la semana pasada: fue cuando, finalmente, accedió a afiliarse en los registros del MID, el partido que fundó Frondizi. Ocurrió el 22 y horas más tarde Frigerio preparó la tribuna de la Confederación General Económica para que Frondizi predicara, una vez , más, la necesidad de unir al peronismo con el MID y otros núcleos independientes en la promoción del desarrollo económico nacional.

El ingreso al MID

“Es un personaje de mediana estatura, robusto, con cuello de boxeador y pelo hirsuto”, lo describió la revista Visión en 1961; “es Rogelio Frigerio, el Tapir, un oso hormiguero”, lo definían sus allegados cuando su gloria rayaba en el cenit, en 1959.

El mismo —con todo el pelo, blanco, envuelto en un fastuoso traje azul cruzado, de seda cruda— que recibió a Primera Plana el jueves 25, dificultosamente apoyado en un par de muletas ortopédicas confeccionadas en aluminio que lo trasladan por su cuartel general, a la vez el estudio de su amigo Bernardo Sofovich en las cercanías de Montevideo y Corrientes, en Buenos Aires.

Frigerio sufrió un accidente de tránsito en la navidad de 1963, a raíz del cual surgió un trauma permanente en el encastre del fémur izquierdo y la cadera. “No crea, no crea: tengo una salud excelente, como todos los de mi familia —exultó ante el redactor—. Mi padre acaba de fallecer a los 101 años”.

Así, sentado tras su escritorio, restregando sus toscas y atenaceadoras manos, demasiado robusto para su estatura mediana, parece un cíclope menor, un personaje de la teogonía griega.

Su afiliación al MID —que causó extrañeza porque pareció tardía a quienes lo saben unido desde siempre a Arturo Frondizi— significa para él una nueva etapa: “En 1956 acordamos con Frondizi que él se mantendría al frente del partido radical; yo desarrollaría mis vinculaciones con el peronismo. La diferencia de misiones se explica porque en el partido radical, y aún en la UCRI más tarde, se mantenían elementos antiunitarios que rechazaban la alianza con el peronismo”.

Citó a Alejandro Gómez y a Oscar Alende como los testimonios vivos de esta última posición, y explicó que ahora el MID, luego de un proceso de decantamiento que se inauguró el 25 de abril de 1964, apenas fundado, ha comprendido su función “no como un partido aislado, sino como parte de un movimiento nacional. Al quedar eliminados los «detritos» —así denomina al antifrentismo radical— no existen razones ya para que permanezca al margen del MID”.

La primera mención durable de Rogelio Frigerio fue producida en 1933 por el senador nacional Matías Sánchez Sorondo, quien lo vinculó con actividades comunistas en un célebre informe donde, curiosamente, figuraban también Arturo Frondizi, Jacobo Gringauz, Carlos Hojvat. El dirigía entonces el grupo Insurrexit, una organización de jóvenes izquierdistas.

“No conocí entonces a Frondizi —señaló Frigerio—. Es una confusión derivada del hecho de que todos los jóvenes progresistas firmábamos individualmente manifiestos y petitorios donde aparecíamos bregando juntos”. Lo conoció, realmente, en 1955 en la casa particular de Delia Machinandiarena, viuda de Baltasar Jaramillo.

“Hicimos un análisis del proceso y advertimos que la solución política no podía salir de un partido, sino de un movimiento nacional donde se concilien los intereses de trabajadores, técnicos, científicos, productores rurales. Se fundamenta en la alianza de clases, basada sobre el hecho de que en un país como Argentina esas clases no tienen intereses contrapuestos. Ahora hablamos de frente porque es una táctica de circunstancias; existen varios partidos que incorporan sectores y levantan banderas que no representan al movimiento nacional en totalidad”.

Peronismo y leones

Frigerio concertó en 1957 un pacto entre Frondizi y Perón, que elevó al primero a la Presidencia. El dice haber aprobado, hasta el 29 de junio de 1959, cerca de sesenta y dos millones de dólares de inversiones foráneas, haber promovido la inversión nacional privada y dirigido la potencia estatal al fomento de la explotación petrolera, del carbón, la energía hidroeléctrica. A él se le atribuyen la fijación de prioridades económicas para la Argentina: petróleo, acero, carbón, petroquímica, soda [solvay] y madera.

“Es verdad que Frondizi tiene leones frente a él —metaforizó Perón, refiriéndose a los militares golpistas de 1959—, pero también tiene cazadores invencibles (se refería a los aliados peronistas de Frondizi). Creyó mejor no usarlos, y cuando los leones lo atacaban les tiraba un amigo o un trozo del movimiento nacional para que se entretuvieran; los amigos se terminaron, el movimiento nacional no tuvo más remedio que ponerse ante él, y entonces los leones terminaron comiéndoselo”.

Las críticas más serias al frigerismo documentan cómo la integración en el campo gremial se limitó a la captación individual de algunos dirigentes como Manuel Carullas y Eleuterio Cardozo: el peronismo no se avino con la UCRI y atacó a Frigerio en 1959 provocando una huelga revolucionaria en febrero de ese año. Las críticas de los grupos antiperonistas de presión que actuaban junto a Frondizi obligaron a relevar a Frigerio.

Él reedita hoy nuevamente la coincidencia de 1957; la mayoría de los peronistas responde señalando que el movimiento nacional, la alianza de clases, se expresa ahora mismo con el voto, por medio de Unión Popular. Frigerio disiente: señala que el peronismo fue un movimiento nacional sólo en 1945 cuando reunió a conservadores como Ricardo Guardo, socialistas como Ángel Borlenghi y Atilio Bramuglia, radicales como Juan H. Quijano y Ramón Antille. “Desde 1955 su estrategia ha provocado el alejamiento de la clase media. Esto explica la revolución de 1955: el enfrentamiento del peronismo con la Iglesia, las Fuerzas Armadas y los sectores medios”.

Las actuaciones posteriores del peronismo —las huelgas frente a Frondizi y la pasividad frente a la administración de José María Guido, luego el agresivo plan de lucha, las conmociones producidas a la llegada de De Gaulle, el retorno— hacen aparecer a la clase obrera, un 30 por ciento de la población, según Frigerio, como enfrentada con la clase media y el empresariado, junto a quienes podría estar logrando ya la victoria.

Publicado en Primera Plana el 30 de marzo de 1965


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