La economía del conocimiento, eje del debate desarrollista

La Usina inicia una discusión sobre la doctrina desarrollista para adecuarla a los nuevos desafíos para el desarrollo de Argentina en el siglo XXI

El desarrollismo tiene una cuenta pendiente en materia de actualización doctrinaria. Es evidente desde hace años el desfasaje entre la realidad económica y social del país y los postulados tradicionales de esta corriente de pensamiento. Con ese propósito se creó la Usina Desarrollista, un espacio abierto del que participan el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), la Fundación Frondizi, la Fundación para el Desarrollo Entrerriano (FUNDER) y Visión Desarrollista. En la primera jornada de la Usina se debatió la Revolución 4.0 y se pusieron bajo cuestionamiento algunos de los tabúes más arraigados del desarrollismo. Como que la prioridad debe ser la industria pesada. “El cerebro humano nunca estuvo tan en el centro de la producción como ahora”, sostuvo Carlos Palotti, presidente de la Fundación Clementina, en un encendido discurso a favor de la economía del conocimiento.

Existe un lugar común que sostiene que el sector tecnológico genera poco empleo. Contra esa idea, el director de la Agenda Digital del Gobierno Nacional, Martín Martorell, señaló que existe una demanda insatisfecha de trabajadores con esa orientación. “Se calcula para 2019 una demanda de entre 14.000 y 18.000 nuevos puestos en TICs [Tecnologías de Información y Comunicaciones] y una oferta de 6.000 talentos”, apuntó. Los puestos más demandado, señaló el funcionario, son programador web, soporte técnico, analista de marketing digital y analista de datos. Como ejemplo del potencial de Argentina en el sector, destacó que cuatro de los nueve unicornios de Latinoamérica son empresas argentinas de la economía del conocimiento. Se conoce como unicornios a las empresas de base tecnológica que en poco tiempo alcanzan una cotización en bolsa de más de mil millones de dólares.

Martín Martorell, director de la Agenda Digital del Gobierno Nacional

El sector cobra cada vez mayor relevancia a nivel global, destacó Palotti, que puntualizó que nueve de las diez empresas más grandes del mundo son tecnológicas. En Argentina, la estrella ascendente es Mercado Libre, que desde comienzos de 2019 duplicó su valor en bolsa y es la compañía valiosa del país. Para el ingeniero, esta no es la única razón por la que el sector es clave. “Sacando a los supermercadistas y al sector público, la principal empleadora privada en Argentina es Accenture, con 10.000 trabajadores”, apuntó y destacó a otras empresas tecnológicas con miles de empleados como Globant, Despegar y la misma Mercado Libre.

La economía del conocimiento es más que software, destacó Palotti. También incluye a los servicios profesionales, la producción audiovisual, la biotecnología, la bioeconomía, la nanotecnología, entre otras. El sector, en conjunto, pelea con el automotriz el puesto del segundo mayor complejo exportador, con casi 6.000 millones de dólares anuales. “Con la diferencia de que genera un superávit comercial de 500 millones de dólares, y no déficit como el automotriz”, aclaró Palotti.

El talento compite con el capital

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La directora del Centro INTI de Diseño Industrial, Raquel Ariza, en la jornada de la Usina

El desarrollismo puso en el centro de los problemas la insuficiente tasa de capitalización del país. Esto generaba un retraso cada vez mayor con respecto a los países desarrollados. Pero eso, para bien o para mal, puede cambiar. Al menos así lo considera Raquel Ariza, directora del Centro INTI de diseño industrial. “Hoy no importa tanto el capital, quién tiene las máquinas, los medios de producción, sino quién entiende mejor las necesidades y da las mejores respuestas”, argumentó.

Para Ariza, la transformación digital es un cambio de paradigma, no solo un cambio de tecnología. La principal diferencia, explicó la experta, se ve en la secuencia del modelo productivo. Durante las primeras tres etapas, se mantuvo un esquema en el que primero se manufacturaba un producto, luego se comercializaba y finalmente llegaba al usuario. “En el modelo de hoy, se trabaja con el usuario, existe un codiseño antes de que se fabrique el producto”, planteó.

Detrás de la transformación digital, existen cambios en los modos de diseño y producción. “El bien tangible sigue existiendo”, subrayó la diseñadora. Una aclaración que parece innecesaria, pero que se pierde de vista en el debate sobre la revolución 4.0. “Hay mucho detrás de la impresión 3D, para que eso pueda suceder se debe diseñar digitalmente”, precisó.

“El país tiene muchísima capacidad en software y en diseño”, según Raquel. Argentina desarrolla software para todo el mundo, pero exporta horas hombre y no productos terminados. “El gran desafío es lograr que el producto se venda de acá hacia el mundo. Como productos integrados. La industria del software avanzó, pero la parte metalmecánica no. El desafío es integrar las dos, porque así se pueden exportar productos completos con mayor valor agregado y más cobertura laboral”, resumió la diseñadora.

Marcos Bruno relatando su experiencia en la NASA a Maximiliano Rios

El toque de juventud vino de la mano de Marcos Bruno, un estudiante de ingeniería mendocino que con solo 22 años ha llevado adelante proyectos que fueron reconocidos por las universidades más prestigiosas del mundo y por la NASA. Bruno fue entrevistado por el secretario de ciencia y tecnología de la Universidad Tecnológica Nacional, Maximiliano Ríos, compartió su experiencia y manifestó el optimismo sobre la capacidad de las nuevas generaciones para adaptarse al nuevo contexto marcado por la tecnología.

Una educación para la economía del conocimiento

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Carlos Palotti habla sobre la Revolución 4.0 en el evento organizado por la Usina

Palotti compartió el diagnóstico de Ariza sobre la pérdida de importancia relativa del capital. “El desarrollo viene de la mano de actividades menos capital intensivas. Estas son actividades ideales para países como el nuestro, con serios problemas de capitales. Cuando hablamos de inversiones siempre pensamos en grandes conglomerados productivos, como Vaca Muerta, o en convencer a Toyota para que instale una planta. Pero en estas actividades no hay que hacer campañas para atraer inversiones. Vienen a golpear la puerta. ¿Qué necesitan? Gente preparada», resumió.

Uno de los principales desafíos en la era del conocimiento es la transformación del sistema educativo. Reconvertir la mano de obra fue necesario en todas las revoluciones industriales anteriores, remarcó Palotti. “Hace poco fui a Corrientes y hablé con la directora de la carrera de informática. Estaba feliz porque tenía un récord de 450 inscritos. Cuando le pregunté cuántos había en las demás, me dijo que 7.500. Son 7.500 contra 450. Mientras unos van a tener difícil conseguir empleo, a otros les van a sobrar las oportunidades. Hay un descalce”, analizó. El experto destacó, sin embargo, que Argentina tiene un sistema educativo público y privado desarrollado, que se ha actualizado, y que buena parte de la población come proteínas, lo que es una condición básica para un buen desarrollo cognitivo. La principal falencia, opinó, es la falta de conexión entre el mundo de la ciencia y el de la producción.

El presidente del MID, Juan Pablo Carrique

El diputado nacional Fabio Quetglas considera que del país tiene limitaciones importantes para integrarse plenamente a la economía del conocimiento.  “El problema más grande es que es un país descapitalizado. En reservas del Banco Central y en infraestructura, pero también en capital cognitivo. Y descapitalizado en términos de capital social y niveles de confianza”, expuso el legislador de Cambiemos.

Los procesos de capitalización son costosos, advirtió el bonaerense. “Y en Argentina hay una idea de que tenemos que recapitalizar mágicamente, sin pagar los costos. Es irresoluble”, cuestionó. Para Quetlgas, el “gran problema argentino es que este orden subdesarrollado y prebendario es negocio para muchos”.

Un sistema político en crisis

La revolución digital tiene impactos que exceden la economía. “La industria no es la misma, las discográficas quebraron, sin embargo, los partidos y las instituciones políticas pretenden mantenerse al margen. No lo van a lograr”, auguró Agustín Frizzera, director de Democracia en Red. Frizzera compartió con Quetglas y el director académico de la Usina, Guillermo Ariza, el panel final de la jornada.

Guillermo Ariza coincidió en parte con el diagnóstico de Frizzera. “Los partidos políticos fracasaron al no renovar su formato clientelar, que viene del siglo XIX. Pero esto obliga a plantear un cambio, no sólo a declarar un fracaso”, replicó el director académico.

Cuando Rogelio Frigerio escribió en 1987 su último libro, Ciencia, Tecnología y Futuro, planteó en que había “un camino nacional hacia el siglo XXI”, recordó Ariza.  “Sostenía que había que incorporar toda la tecnología posible, pero que había que darle un marco nacional porque nadie iba a venir a ocuparse de nuestros pobres y esto lo decía cuando no estaba la fractura social en el punto que está hoy”, explicó.

Presentación del presidente de la Fundación Frondizi, Hugo Carassai

El desafío de integración social es infinitamente más grande en términos cuantitativos, señaló Ariza. Para el politólogo la solución pasa “invariablemente por asumir que estamos todos dentro del mismo territorio, somos parte de una comunidad concreta, aunque sea desigual e inequitativa. Si bien en un sentido general somos miembros del género humano, está claro que tenemos una responsabilidad primaria sobre nuestro prójimo, nuestros compatriotas”.

El presidente del MID, Juan Pablo Carrique, el presidente de la Fundación Frondizi, Hugo Carassai, Francisco Uranga en representación de Visión Desarrollista y FUNDER, y el coordinador institucional de la Usina, Sebastián Ibarra, fueron los responsables de presentar la jornada. Los cuatro coincidieron en destacar la importancia de que el desarrollismo volviera a generar debates y que estos fueran abiertos a la sociedad.

En su exposición, Ibarra destacó la relevancia de las jornadas de reflexión en contraposición al desencanto y la frustración que genera la política argentina. «La Usina es una respuesta a la improvisación, al simplismo y el personalismo de la política nacional de los distintos espacios políticos, con sus frustrantes y reiterados resultados. Si no conocemos bien el marco de la realidad a la que nos enfrentamos, así como la esencia de las problemáticas, nunca lograremos la acción política capaz de hacer los cambios necesarios. Confiamos en que analizando, debatiendo y formándonos, generaremos cuadros políticos capaces de encontrar las soluciones superadoras de las problemáticas nacionales que nos duelen tanto a los argentinos», planteó a modo de conclusión.

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