Facundo Manes en el Foro Argentina Creativa, 6 de junio de 2016. / Mauro Rico (Ministerio de Cultura de la Nación)

A nivel global, la democracia enfrenta una gran crisis de confianza. Cada vez más, las personas sienten que tienen poca influencia en el devenir de su propia comunidad y que muchas de las decisiones que se toman no contemplan sus intereses y necesidades.

En nuestro país, la falta de confianza representa un problema fundamental que nos complica profundamente y entorpece las búsquedas y aplicaciones de posibles soluciones. Los argentinos desconfiamos de las autoridades, la clase política, las instituciones, los proyectos económicos, los medios de comunicación, los empresarios, la justicia, los sindicatos y las estadísticas. Desconfiamos hasta de la evidencia científica.

Las poblaciones se encuentran cada vez más polarizadas y la clase política, echándose culpas y pasándose facturas públicamente, refuerza la ubicación en bandos, como si estuviéramos en una guerra contra nuestros propios compatriotas.

A los problemas económicos y sociales se suma una polarización extrema que a esta altura impide hasta los diálogos más básicos. Todo, absolutamente todo, se pone en cuestión, no por lo que se dice sino por quién lo dice.

Discusiones serias que deberían tener fuertes fundamentos se convierten en un debate dicotómico en el que los argumentos se analizan en función de su coincidencia o no con la posición del grupo de pertenencia.

La falta de credibilidad debilita la práctica social. Si un líder, por mejores que sean sus atributos personales, no logra construir confianza, se le hace difícil gobernar. La política pierde su efectividad al no lograr enlazar a cada ciudadano con los intereses colectivos.

Este es un momento bisagra en el que la pregunta ya no es quién se involucra, sino cómo hacemos para involucrarnos todos y fortalecer nuestra democracia. Porque, desde nuestro lugar, cada uno ocupa un rol significativo en el bienestar del otro y en el bienestar general.

Es urgente crear los canales por los cuales poder hacernos oír y sentirnos escuchados. No con ánimo de imponer nuestras voces sino con el de plantear las preguntas importantes que necesitamos hacernos para comenzar a curar esta Argentina rota.

Es un momento para trabajar en acuerdos, ideas y consensos. Cuestionar nuestros esquemas mentales y dialogar con quienes tienen distintas visiones, sin descalificaciones. Dejar de lado las mezquindades y los gritos, dejar de ver enemigos en quienes piensan diferente.

Fortalecer la democracia, la confianza pública en nuestro país, en sus instituciones y en nuestros compatriotas es el paso esencial. Es el verdadero primer paso.


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