Francia
En su segundo mandato como presidente de Francia, Emmanuel Macron no contará con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. / Facebook (EmmanuelMacron)

El oficialismo de Francia perdió la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional en las legislativas del 19 de junio. Fue un duro revés para el presidente, Emmanuel Macron, a pesar de que su coalición continúa siendo la mayor bancada de diputados. Tres días después de los comicios, el presidente se dirigió a la nación con un mensaje televisivo en el que descartó un gobierno de unión nacional. Había descartado esa alternativa luego de reunirse con los líderes de los bloques que forman el nuevo Parlamento. Propuso, en cambio, pactos puntuales para avanzar en leyes fundamentales basadas en la agenda del Gobierno. Esta situación pondrá a prueba el sistema presidencialista de Francia, que deberá aprender a funcionar con negociaciones permanentes en el legislativo o se verá sumergido en la ingobernabilidad.

El presidente deberá enfrentar una oposición hostil, tanto por izquierda como por derecha. La coalición macronista, Ensemble, logró 245 diputados; el frente de izquierda NUPES, liderado por Jean-Luc Mélenchon, obtuvo 131 escaños; el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, de Marine Le Pen, consiguió 89 bancas, el mayor número en toda su historia; la formación conservadora Los Republicanos ganó 61 asientos.

La incógnita previa a las elecciones era el desempeño que iba a tener el frente NUPES, una gran coalición de izquierdas que había aglutinado a la Francia Insumisa, el Partido Ecologista, el Partido Socialista y el Partido Comunista, además de otras formaciones menores. En la primera vuelta del 12 de junio Ensemble y NUPES habían quedado a menos de medio punto de distancia. Un triunfo de la izquierda era posible y planteaba un escenario en el que Macron hubiera estado obligado a designar a Mélenchon como primer ministro. No se produjo el batacazo de la izquierda, pero eso generó un efecto paradójico: ninguna fuerza política tiene mayorías absolutas y tampoco hay un acuerdo de gobierno que asegure estas mayorías. El último presidente que vivió la misma situación fue el socialista François Mitterrand, en 1988. El uso de la expresión «Francia ingobernable» se expandió con velocidad en la prensa parisina.

Malestar

Un dato no menor es que la abstención electoral fue del 53,7% en la segunda vuelta de las legislativas, un récord histórico que refleja el hartazgo de los franceses. Un hartazgo que viene desde las protestas de los chalecos amarillos, los efectos económicos y sanitarios del COVID-19, y las consecuencias de la guerra de Ucrania, que elevó el costo de vida y provocó el empobrecimiento de la clase media y los sectores más vulnerables.

Las legislativas fueron una prueba también para varios de los ministros del gabinete de Macron, que compitieron como candidatos. La primera ministra, Élisabeth Borne, obtuvo una banca por la circunscripción de Normandía, pero quedó en una posición incómoda, ya que fue un triunfo ajustado. El presidente no le aceptó la renuncia tras las elecciones, pero nada garantiza que se mantenga en el cargo. Existe una posibilidad real de que se forme un nuevo gabinete. Dentro del mismo oficialismo hay presiones para que Macron designe a un primer ministro más político y no mantenga a Borne, de perfil tecnocrático.

Otros ministros, en cambio, perdieron su banca. Es el caso de la titular de la Transición ecológica, Amélie de Montchalin; la de Sanidad, Brigitte Bourguignon; y la secretaria de Estado del Mar, Justine Bénin. Por lo tanto, deberán abandonar el cargo, según la regla establecida por el palacio del Elíseo. También perdieron sus bancas el presidente saliente de la Asamblea Nacional, Richard Ferrand, amigo y aliado del presidente, candidato por Bretaña, y el jefe de la bancada macronista, Christophe Castaner, que se postuló por los Alpes de Alta Provenza.

Mélenchon y Le Pen

Para Mélenchon, los resultados de las legislativas fueron agridulces. Logró armar una coalición amplia que quedó segunda en las elecciones —a diferencia de las presidenciales en las que había obtenido el tercer lugar—, pero quedó lejos del oficialismo. La particularidad de esta elección fue que Mélenchon no se había candidateado para renovar su escaño, pero sí se postulaba como aspirante a primer ministro, algo permitido por el sistema político del país. El líder de Francia Insumisa logró instalarse como la némesis de Macron, pero no pudo lograr su objetivo primordial que era obligar a que el presidente lo nombrase primer ministro de una cohabitación de gobierno.

El mayor desafío para Mélenchon será tratar de mantener unida la coalición dentro del Parlamento. Tarea nada sencilla. Los partidos integrantes de NUPES fueron por separado a las reuniones con Macron en el Elíseo y, de hecho, los socialistas, que suman 26 bancas propias, ya anunciaron que formarán un bloque propio.

La verdadera sorpresa de los comicios fue Reagrupamiento Nacional (RN), de Marine Le Pen. El partido de ultraderecha contará por primera vez desde 1986 con un grupo propio en la Asamblea Nacional. Pasó de 8 bancas a 89 escaños. La máxima presencia anterior del partido en el Parlamento había sido entre 1986 y 1988, con 35 diputados, cuando todavía se llamaba Frente Nacional y era liderado por el patriarca Le Pen, Jean-Marie.

Este año fue todo un avance para Le Pen, de 53 años, que tuvo poca presencia en la campaña para las legislativas. El giro de su discurso hacia la moderación rindió sus frutos. Incluso podría mostrarse como una pieza clave para la gobernabilidad en este nuevo escenario en la política francesa. Le Pen pidió a sus diputados que actuasen como una oposición constructiva y evitaran la confrontación. Desde lo económico el partido atraviesa también un excelente momento: el resultado le garantiza subvenciones por 10 millones de euros anuales, lo que permitirá que pague una deuda que mantiene hace una década con un banco ruso.

Desafíos y posibles escenarios para Macron

La correlación de fuerzas va a condicionar a Macron en su nuevo mandato. Se verá forzado a negociar y, por lo tanto, a ceder. Deberá descartar varias de las acciones de gobierno que tenía en carpeta. Una de las que tiene peores perspectivas es su propuesta para elevar la edad de jubilación de los 62 años actuales a los 64 o 65 años: tanto Mélenchon como Le Pen se pronunciaron en contra.

Una de las cartas que podía jugar Macron era formar un gobierno de coalición con Los Republicanos. Las bancas de Ensemble y Los Republicanos sumadas superan la mayoría absoluta. Sin embargo, el líder del partido conservador, Christian Jacob, aclaró que Los Republicanos se mantendrán en la oposición. Jacob aclaró que sí estarían dispuestos, en cambio, a apoyar algunas medidas de gobierno. Una posición similar sostuvo el Partido Socialista, que tiene 26 diputados. Macron deberá negociar cada ley, caso por caso. La posibilidad de un entendimiento con Le Pen es rechazada por varios ministros del Gobierno. Una última opción podría apuntar a una coalición a la alemana, que incluyera a socialistas, republicanos y la izquierda moderada. Es la propuesta impulsada por el ex primer ministro Édouard Philippe, que tiene aspiraciones presidenciales de cara al 2027.

El reparto del poder en la Asamblea Nacional mantiene paralizado al Gobierno. Macron necesita un primer ministro con un fuerte respaldo político para llevar adelante sus políticas. Por ahora no lo tiene y es difícil que lo consiga. Mientras tanto, la palabra «ingobernable» sigue instalada en los círculos políticos e intelectuales de París.


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