Johnson
Boris Johnson, el jueves pasado, leyendo el discurso de renuncia como premier. / Twitter (@BorisJohnson)

Boris Johnson no pudo aguantar la fuerte embestida de su propio partido. El premier británico presentó este jueves su renuncia ante la reina Isabel II, acorralado por los escándalos políticos y la presión de los tories para que dimitiera. La caída de Johnson, de 58 años, había comenzado con el partygate, como se conoció la crisis provocada por su participación en fiestas celebradas durante el confinamiento, y se completó con una oleada de renuncias de miembros del Gobierno tras la noticia de que el premier había mentido para proteger al diputado Chris Pincher. Johnson había postulado a Pincher como whip (vocero del partido), pero había ocultado que sobre él pesaban dos acusaciones, de varios hombres, por intentos de acoso sexual.

La debacle comenzó el martes pasado, cuando se produjo la catarata de renuncias del Gabinete. Entre ministros, ministros junior y enviados especiales sumaron 38 dimisiones. Las que generaron un verdadero cimbronazo fueron las de los ministros de Economía, Rishi Sunak, y de Salud, Sajid Javid, dos pesos pesados del Ejecutivo. Era una crisis sin precedentes. 

Solo un mes antes, Johnson había enfrentado una moción de censura en el Parlamento. Si bien superó la prueba, el 41% de los legisladores de su propio partido votaron contra su permanencia en 10 de Downing Street. El premier guardaba una carta bajo la manga: convocar a elecciones anticipadas. Johnson ya había hecho esa jugada en 2019. Llevaba solo unos meses como primer ministro, cargo que había asumido tras la renuncia de Theresa May, y su Gobierno estaba estancado por las negociaciones del Brexit. Entonces, decidió convocar a elecciones anticipadas con la consigna de ganar fuerza para hacer realidad la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Fue un éxito: el Partido Conservador obtuvo la mayor victoria desde 1987.

Las dimisiones masivas no fueron el único instrumento de los tories para presionar a Johnson. Otro fue el Comité 1922, un mecanismo interno que sirve para manifestar la disconformidad con el Gobierno de su propio partido. Pero este procedimiento ya había sido utilizado este año y, por lo tanto, no podría volver a ejecutarse hasta 2023. El partido, sin embargo, ya había anticipado que estaba dispuesto a cambiar las reglas para que Johnson se fuera antes de tiempo. 

La oposición interna a Johnson, dentro del Partido Conservador, también apuntaba a la política económica. En particular a su intención de reducir impuestos y de inyectar dinero en obras de infraestructura y tecnología para paliar la crisis. Una decisión controvertida con una tasa de inflación que registró en mayo un 9,1% interanual, la más alta en cuatro décadas. Algunos tories incluso tildaron de izquierdista a Johnson.

El primer ministro que concretó el Brexit

La renuncia pone fin a la carrera política de Johnson, que había ganado relevancia en el escenario nacional tras una buena administración como alcalde de Londres entre 2008 y 2016. Destacado por un estilo sarcástico, histriónico y exuberante, que utilizó tanto en el periodismo como en la política, Johnson posee también una formidable formación académica y habla cuatro idiomas. Pasó por las aulas del aristocrático colegio de Eton y estudió historia en la universidad de Oxford. Pero probablemente pase a la historia por su logro más importante: concretar el Brexit.

La llegada de Johnson al 10 de Downing Street se produjo en pleno descontento y desconcierto por las negociaciones del Brexit. El país atravesaba sus horas más críticas, estaba en el callejón sin salida al que había llevado el referéndum promovido por el ex primer ministro David Cameron. El Brexit desencadenó la renuncia de Cameron y la imposibilidad de concretarlo provocó la dimisión de su sucesora, Theresa May. Johnson recogió el guante y defendió que lo mejor para Reino Unido era salir de la Unión Europea. 

Johnson estaba en una buena posición para defender la salida de Reino Unido de la UE. Había apoyado la opción leave en el referéndum de 2016. Durante la campaña, Johnson mezcló ideas del Partido por la Independencia (UKIP) con las del Partido Conservador. Otro pilar de su estrategia ante el Brexit fue elaborado por Dominic Cummings, quien fue asesor de Johnson antes de convertirse en su enemigo número uno.

La victoria histórica de 2019 envalentonó a Johnson, pero una vez en el poder se mostró carente de ideas y tropezó reiteradas veces. Las fiestas en Downing Street durante el confinamiento fueron recibidas como una falta de respeto por la ciudadanía británica; las mentiras en el Parlamento para sostener a Pincher fueron el golpe final. En el medio quedaron las promesas incumplidas de acuerdos de libre comercio con EEUU y una tensión creciente en Irlanda del Norte por la falta de solución a los problemas en la frontera entre Irlanda y Reino Unido provocados por el Brexit. Todos estos movimientos generaron una hecatombe en Gran Bretaña que avivaron los intentos separatistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

La sucesión

Aunque varios parlamentarios pretenden que deje el cargo en forma inmediata y los laboristas reclaman elecciones anticipadas, el Comité 1922 aceptó que Johnson continúe como primer ministro hasta que sea elegido el nuevo líder del Partido Conservador. Aunque Johnson puede dar un paso al costado y dejar que asuma momentáneamente el viceprimer ministro, Dominic Raab. 

En la carrera para llegar al 10 de Downing Street corre con ventaja el actual secretario de Defensa, Ben Wallace, de 52 años, con un 13% de apoyo, según una encuesta reciente de la consultora YouGov, que preguntó a 716 miembros del Partido Conservador. Wallace cobró relevancia política por su actuación en la invasión de Ucrania y por su enfrentamiento con Johnson a raíz del presupuesto de Defensa. Su única contra es que tiene un bajo nivel de conocimiento en la sociedad. Le sigue de cerca la ministra de Comercio, Penny Mordaunt, de 49 años, con un 12% de respaldo, según la misma encuesta.

Con un 10%, asoma el exministro de Economía Rishi Sunak, de 42 años, que contó con altos grados de popularidad gracias a las medidas para afrontar el COVID-19 que lograron que el nivel de desempleo alcanzara el nivel más bajo de las últimas décadas. En cuarto lugar se ubica la secretaria de Exteriores, Liz Truss, de 46 años, que cuenta con 8% de preferencia, según el sondeo de YouGov. Truss fue una partidaria de la permanencia de Reino Unido en la UE, pero supo ser pragmática en aplicar la ley del Protocolo de Irlanda del Norte, la parte más polémica del acuerdo del Brexit.

Para anunciar su renuncia, Johnson leyó un discurso escrito por él mismo donde rescató sus logros, entre ellos expuso una exitosa salida de la pandemia, el Brexit y el liderazgo en Occidente para hacer frente a la agresión del presidente ruso, Vladímir Putin, contra Ucrania. Un momento que tal vez le haya permitido sentir en carne propia estar a la altura de su admirado Winston Churchill. Quiso seguir peleando en la adversidad, pero se quedó sin armas.


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