Biden
Biden en su visita a Israel junto al presidente, Isaac Herzog (izq), y el primer ministro, Yair Lapid (der). / Facebook (POTUS)

El presidente de EEUU, Joe Biden, está realizando una gira estratégica por Medio Oriente. Comenzó el miércoles en Israel y continuará este viernes en Arabia Saudita. Biden participará de la cumbre de países del golfo pérsico más Egipto, Irak y Jordania, que tendrá lugar en la ciudad saudita de Jeddah. El objetivo central del presidente de EEUU es pelear el precio de los combustibles, que es una de las principales causas de la inflación en su país, que registró un pico de 9,1% en junio. Pero en la agenda de Washington también hay otros dos temas relevantes: las relaciones de Medio Oriente con China, que avanza desde hace años en la región, y el vínculo con Rusia. Arabia Saudita, el principal exportador petrolero del mundo, se ha negado una y otra vez a condenar a Moscú por la invasión de Ucrania e incluso le ha manifestado su apoyo como socios de la OPEP.

EEUU necesita el petróleo saudita y Biden lo sabe. El presidente de EEUU intenta presionar a los sauditas para que se comprometan a aumentar la producción del crudo y bajar así el precio. Por eso, el líder demócrata mostró cierto pragmatismo para manejar las relaciones con Riad, al que ahora considera un «socio estratégico». «La semana pasada, Riad y Washington firmaron silenciosamente un memorando de entendimiento para cooperar en la construcción de una red celular 5G de próxima generación en Arabia Saudita», subrayan los periodistas David E. Sanger y Peter Baker en The New York Times. El memorando apunta a alejar la influencia de China y la empresa Huawei, pionera en el 5G.

Dos reuniones importantes mantendrá Biden durante su gira. La primera ya ocurrió: fue con el primer ministro israelí, Yair Lapid. La segunda será con el rey Salmán Bin Abdulaziz  de Arabia Saudita y se prevé que participe también el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán (MBS). La participación de MBS en la reunión pone a Biden en una situación incómoda, porque expone una doble vara en la lucha por los derechos humanos. Mientras cuestiona a Cuba, Nicaragua y Venezuela por no respetar los derechos humanos, se reúne con el príncipe heredero, sospechoso de haber ordenado el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y parte de un régimen al que se acusa de abusos y violaciones de derechos fundamentales básicos.

La reunión bilateral con el rey saudita marca un cambio en la estrategia de Biden. Riad no recibió bien la derrota de Donald Trump frente al demócrata en 2020. Biden había prometido en campaña tratar a Arabia Saudita como un «paria», y «hacerles pagar el precio» por el asesinato de Khashoggi, quien residía en EEUU. y era periodista del Washington Post. Es más, Biden redobló la apuesta cuando presentó el informe de la CIA que acusaba a MBS de ser el autor intelectual del crimen de Khashoggi, que fue torturado, desmembrado y asesinado en el consulado saudita de Estambul, Turquía, en 2018. Pero la crisis actual energética por la guerra de Ucrania y la situación económica en EEUU apremian al presidente estadounidense. La incapacidad de Biden para manejar los problemas domésticos contrasta con su manejo de la política exterior, donde cosechó éxitos en las cumbres recientes del G7 y la OTAN.

El acuerdo nuclear con Irán

El acercamiento a Riad intenta encauzar unas relaciones que fueron carnales en el pasado y en los últimos años sufrieron un deterioro.

Tras 12 años de negociaciones arduas, EEUU e Irán firmaron el 14 de julio de 2015 un histórico pacto nuclear, también suscrito por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania. Irán se comprometía en este acuerdo a no desarrollar armas nucleares a cambio de  un levantamiento gradual y condicional de las sanciones internacionales económicas impuestas contra el país.

El entendimiento con Irán fue un éxito en política exterior para el presidente Barack Obama, que logró reencauzar las relaciones bilaterales. El vínculo entre ambos países estaba roto desde la toma de la embajada estadounidense en Teherán, el 4 de noviembre de 1979, un hecho que desembocó en la crisis de los rehenes, que duró 444 días hasta su liberación, el 20 de enero de 1981. Pero el pacto también generó reproches de los principales aliados de Washington en la región: Israel y Arabia Saudita, enemigos acérrimos de Irán.

Los gobernantes sauditas se sintieron traicionados por Obama. EEUU y Arabia Saudita fueron aliados estrechos durante décadas, prácticamente desde el nacimiento del Estado saudita moderno.

El nacimiento de un reino

La formación del Reino de Arabia Saudita fue un largo camino desde el siglo VII, cuando el profeta Mahoma unificó políticamente toda la península arábiga motivado por la misión de extender del islam, hasta 1932, cuando el territorio actual del país se unificó bajo una misma autoridad. Los Saud eran un pequeño clan de comerciantes y terratenientes de Diriyah, una aldea de Nechd, sin lazos con las tribus beduinas. En 1744, el líder de los sauditas, el emir Mohammed ibn Saud, formalizó una alianza político-religiosa con un clérigo reformista Ibn Wahhab en la que se repartieron las tareas: ibn Saud sería el líder de la comunidad, mientras que ibn Wahhab estaría a cargo de las labores religiosas. Allí nació la doctrina wahabita que es una corriente político-religiosa que defiende la aplicación estricta de la Sharía—la ley islámica— y plantea como objetivo continuar con la expansión del islam.

Ya en el siglo XX, en plena Primera Guerra Mundial, los británicos y franceses pactaron con las diferentes casas gobernantes árabes para fomentar un levantamiento contra los otomanos, en lo que se conoció como la Rebelión Árabe. Entre ellas se encontraba la influyente casa Hachemí, que descendía del bisabuelo de Mahoma. Por eso, uno de ellos ostentaba el título de jerife —descendiente de Mahoma— y eran los guardianes de las dos ciudades más sagradas para el islam: La Meca y Medina. Por lo general, los otomanos designaban al jerife, que siempre era un Hachemí. El jerife en esa época era Hussein ibn Ali, que junto a uno de sus hijos, Faisal, se puso en contacto con los británicos para organizar la Rebelión Árabe. Faisal forjó una estrecha relación con el oficial británico Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. En 1916 Hussein fue proclamado rey de Hiyaz. Finalizado el conflicto, británicos y franceses no cumplieron con su palabra de crear un gran Estado árabe en la región y, mediante el Acuerdo Sykes-Picot, dividieron la zona en varios reinos y Estados títeres: el norte para Francia y el sur para el Reino Unido.

Los Saud, que también contaban con el apoyo de los británicos, en especial del agente de inteligencia Harry St. John Philby, se disputaban el territorio de la península con los emiratos hachemí y rashidíes. El líder de los Saud, el emir Abdulaziz bin Saúd, primero conquistó Nechd y luego Asir. En 1924 derrotó a los Hachemí y se hizo del Reino de Hiyaz y, ocho años después, en 1932, unificó los reinos conquistados y dio origen al Reino de Arabia Saudita. En ese entonces el reino era pobre, endeudado y su mayor ingreso provenía del peregrinaje a La Meca. Al menos era independiente y no estaba sujeto a ninguna potencia colonial, como sucedía con el resto de los países árabes. Pero a partir de 1933 todo cambió. El monarca firmó un acuerdo con la empresa estadounidense Standard Oil de California para realizar prospecciones petrolíferas en su territorio. La intervención fue en gran medida gracias al británico convertido al islam Philby, consejero de Abdulaziz. La suerte del reino cambio drásticamente en 1938 cuando empezó a fluir el oro negro.

Relación especial con EEUU

La exploración de la Standard Oil Arabia Saudita convirtió a un reino pobre y subdesarrollado en la monarquía rica e influyente de Medio Oriente de la actualidad. En 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, EEUU y Arabia establecieron relaciones diplomáticas. Los acuerdos comerciales fluían. En 1944 se formó ARAMCO, la Arabian American Oil Company, como subsidiaria de la Standard Oil.

Lo que selló la relación entre ambas naciones, sin embargo, fue el encuentro histórico en 1945 entre el presidente Franklin Delano Roosevelt y el rey Abdulaziz ibn Saud a bordo de un buque de guerra estadounidense en el Gran Lago Amargo del Canal de Suez. A cambio de la protección militar estadounidense, los sauditas se comprometieron a mantener un flujo constante de petróleo y venderlo en dólares, previendo el eventual surgimiento de los petrodólares. Allí comenzó la relación especial entre el reino y la democracia más antigua del mundo. A lo largo de las décadas el vínculo se profundizó con los presidentes venideros y los hijos de Abdulaziz que lo fueron sucediendo.

A pesar de las relaciones especiales, el vínculo tuvo sus momentos críticos. Como el que ocurrió durante el embargo petrolero de 1973 contra EEUU, liderado por Arabia Saudita como reacción contra el apoyo de Washington a Israel en la Guerra de Yom Kippur. La acción desencadenó la peor crisis económica estadounidense desde la Gran Depresión. Pero solo fue un trago amargo en las relaciones. En 1990, tras la invasión del dictador iraquí Sadam Hussein a Kuwait, Riad autorizó el despliegue de cientos de miles de militares estadounidenses en el territorio saudita. El país sirvió de base a la coalición internacional liderada por Washington en la guerra del Golfo en 1991. La presencia militar estadounidense provocó descontento en la península y derivó en dos atentados antiestadounidenses en la década del 90.

Otro acontecimiento que tensó la relación entre los dos países fue el atentado contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, reivindicados por Al Qaeda, cuyo líder era Osama bin Laden, de nacionalidad saudita y miembro de una familia millonaria con nexos con la familia real. De hecho, el mismo Bin Laden apuntó a la existencia de tropas estadounidenses en territorio saudita como una ofensa que justificaba el atentado. De los 19 secuestradores de los aviones que se estrellaron en el World Trade Center y el Pentágono, 15 eran sauditas. Una de las razones principales que explica esto es que los sauditas no necesitaban visado para ingresar a suelo estadounidense. Si bien Riad denunció los ataques, hubo miembros de la familia real acusados de financiar el extremismo islámico. Riad rachazó implicarse en los ataques a Afganistán en 2001 y participar en la guerra de Irak en 2003. Washington decidió entonces retirar las tropas de suelo saudita y trasladarlas a Qatar, aunque manteniendo la cooperación militar con Riad.

Con la llegada de Obama a la Casa Blanca la relación fue pésima a raíz del conflicto en Siria y por el acuerdo nuclear con Irán. Todo cambió con la presidencia de Donald Trump, que visitó Arabia Saudita en su primer viaje presidencial al extranjero. Trump fue más allá: rompió el acuerdo nuclear con Irán y firmó con Arabia Saudita contratos de más de 380.000 millones de dólares, de los cuales 110.000 millones estaban dirigidos a combatir las amenazas iraníes y a los islamistas radicales. Además, Trump destacaba su «gran amistad» con el príncipe heredero y decía que esperaba que el reino fuera «una parte de su riqueza a EEUU» en forma de empleos y compra de material militar.

La sociedad entre EEUU y Arabia Saudita tiene más de 80 años. Como toda relación longeva, atravesó sus crisis y sus etapas buenas. La gira de Biden busca recuperar la sintonía con Riad, en un momento en el que resulta clave para frenar el avance de China y bajar los precios de los hidrocarburos.


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