Mates con don Arturo y el mito del país en desarrollo

Frondizi define cuatro rasgos de los países subdesarrollados: exportan productos primarios, importan bienes industriales, tienen un déficit en la fabricación de medios de producción y sufre de la macrocefalia en la capital

don arturo
Los mates de Gastón Kelly leyendo el libro El Movimiento Nacional, de Arturo Frondizi

Estos días de autoconfinamiento a causa del COVID-19 me han dado la posibilidad de tomarme unos mates nada más y nada menos que con el mismísimo don Arturo Frondizi.

Fueron unos mates muy amenos en los que pude desempolvar el libro El Movimiento Nacional, fundamentos de su estrategia. Desempolvé el libro, que es de 1975, pero sorprendentemente no lo que en él está plasmado. Salvo algunos detalles, en los cuales el paso del tiempo nos juega en contra a nosotros y no a don Arturo, sus palabras no han perdido vigencia. Para nada.

Frondizi es claramente uno de los miembros del club “que hubiera pasado si”. Y de eso en Argentina sabemos mucho. Somos nostálgicos. Somos tangueros, y el tango es básicamente un tratado sobre la nostalgia, la frustración, la dramaticidad, el descontento y el rencor.

Dice don Arturo “no somos ya, desde hace años, la primera nación de América Latina, y la doble realidad de nuestro estancamiento y el expansivo avance del mundo desarrollado alarga día a día la distancia que nos separa de la modernas civilizaciones industriales”, pero nosotros seguimos clavados en que fuimos alguna vez “el granero del mundo” y que abastecimos a una Europa hundida en la hambruna. Los argentinos llegamos a tal punto de negación que hasta caímos en el eufemismo de decir que somos un país en vías de desarrollo. Que básicamente quiere decir que no somos un país desarrollado, pero queda feo decirlo.

Pero, a fin de cuentas, el tango también es la ilusión de liberar en algún momento esa nostalgia y esa tristeza. Y eso es lo que pude leer en el libro de Frondizi. Primero debemos hacer un pacto de caballeros y ponernos de acuerdo en el siguiente aspecto. Una opción es seguir llorando por los rincones, culpando el pasado, y la otra es aceptar dónde estamos parados, secarnos las lágrimas y preguntarnos ¿y ahora qué?

Si optamos por la primera opción, ponga de fondo, querido lector, el tango más melancólico que tenga, y siga culpando a los militares, a los radicales a los peronistas o quien quiera, y siga con sus teorías de “en qué momento se jodió la Argentina”. Si optamos por la segunda opción, podemos seguir charlando un poco más. Y si bien mientras escribo estoy escuchando a Piazzolla, usted puede poner otra cosa. Acá les dejo mi teoría: la Argentina se jode cada vez que pensamos que no vale la pena seguir intentando.

Dicho esto, es momento de sentar bases. En los grupos de autoayuda se suele decir que el primer paso es aceptar, reconocer la realidad, y he aquí las situación: el mundo se divide entre países desarrollados y países no desarrollados —subdesarrollados—, y Argentina, por mas que duela, se encuentra en el segundo grupo.

Los cuatro rasgos del subdesarrollo
¿Cuál es la razón para asignar la misma calificación de subdesarrollados a países tan disímiles como Haití, Kuwait o Argentina? Don Arturo da cuatro motivos con los que, reconozco, me convenció.

El primer rasgo común es que en todas son economías esencialmente primarias. Es decir, el aporte principal al producto viene de la agricultura, la minería o de ambas. Según el Observatorio de la Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés), las principales exportaciones de Argentina son la torta de aceite de soja (9.200 mil millones de dólares), maíz (4.050 millones de dólares), aceite de soja (3.880 millones de dólares), automóviles para transporte de mercancías (3.290 millones de dólares) y poroto de soja (2.820 millones de dólares). Alemania, en cambio, tiene como principales exportaciones los automóviles para transporte de personas y para carreras (158.000 millones de dólares), autopartes (64.100 millones de dólares) y medicamentos (50.6000 millones de dólares). Argentina es la está en el puesto 45 del ranking mundial de países exportadores, Alemania está en la segunda posición. Kuwait es la número 51.

El segundo rasgo común a todo país subdesarrollado es la insuficiencia del sector industrial dedicado a la fabricación de los medios de producción. El tercero está relacionado con el anterior. Los países subdesarrollados no solo son exportadores de productos primarios, sino que son importadores de bienes industriales. ¿Quieren saber qué importa la
Argentina? Nuevamente según la OEC, las principales importaciones son automóviles para transporte de para carreras (6.300 millones de dólares), autopartes (2.780 millones de dólares), aparatos eléctricos de telefonía (2.280 millones de dólares), hidrocarburos gaseosos (2.150 millones de dólares) y aceites de petróleo (2.100 millones de dólares). Sí, como se imaginan, Alemania está en el top cinco de los países que más venden a Argentina. Y no, Argentina no está entre los cinco países que más venden a Alemania.

Pero el cuarto y último aspecto es el que a mí más me llama la atención. En los países subdesarrollados tienden a reproducirse, fronteras adentro, las condiciones de desarrollo
desigual que en el orden mundial originan expansión en un polo y pobreza en el otro. Si pudiéramos observar a Argentina, veríamos qué quiere decir don Arturo cuando dice que tenemos una hipertrofiada concentración urbana en las áreas metropolitanas vinculadas al comercio exterior. Un rasgo común y característico, describe Frondizi, es que en todos los países subdesarrollados, la población se ubica en torno a la ciudad que hace de puente entre la economía dependiente y los centros de dominación hacia los cuales se orientan las
exportaciones.
Macrocefalia y subdesarrollo

El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es la porción de territorio que incluye a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y al Gran Buenos Aires, que es un conglomerado de 26 jurisdicciones municipales. El AMBA concentra el 37% de la población argentina en el 0,3% del territorio nacional. Para tener un punto de referencia: ni en EEUU ni en Europa,  el principal conglomerado urbano del país supera el 10%. Las excepciones son Londres y París, y en ambos casos están por debajo del 20%.

¿Y ahora qué? Perdón lo reiterativo, pero la respuesta la da don Arturo. Un político al que le cabe el mote de “tipo brillante”. Ante la duda de asombrarme o entristecerme por la actualidad de sus ideas, decido impresionarme. Entender dónde estamos parados y que no somos lo que nos creemos que somos. Darse cuenta de eso no está mal, lo que sí esta mal es que no hagamos nada para cambiarlo. Tomo como propias las palabras de Frondizi y les digo que al subdesarrollo solo puede rectificarse con una política firme de integración territorial que, guiada por el objeto de consolidar la condición nacional, se proponga crear mercado donde no lo hay y hacer surgir en el hinterland empobrecido nuevos centros de actividad industrial y atracción demográfica.


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