Riaboi: “Hicimos un mal acuerdo con la UE y lo llamamos la reinserción en el mundo”

Argentina no debería seguir negociando tratados hasta que tenga clara su estrategia de promoción de exportaciones, argumenta el diplomático Jorge Riaboi

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El diplomático y periodista Jorge Riaboi

La apertura económica sin promoción de exportaciones es una apuesta sin futuro, sostiene el diplomático Jorge Riaboi. La frase es, en realidad, del ingeniero Hernán Büchi, “el verdadero padre del milagro chileno”, dice Riaboi en una charla virtual organizada por la Fundación Frondizi. El Mercosur y el comercio exterior argentino fueron dos de los ejes de su exposición, en la que criticó el acuerdo con la Unión Europea.

El Gobierno argentino planteó en abril de este año la intención de suspender las negociaciones de acuerdos de libre comercio del Mercosur con Canadá, Corea del Sur, Líbano e India. Esa era la agenda del bloque regional cuando comenzó la pandemia. “No sé con qué criterio se eligió esa agenda, no somos competitivos para juntarnos con esos países”, critica Riaboi, que tuvo una larga carrera en el Servicio Exterior de la Nación y en la función pública. Entre sus cargos, fue subsecretario de Coordinación e Información Económica del Ministerio de Economía y director de Área de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería. “Si uno analiza el perfil de Canadá, somos competidores. Tenemos ventajas de precios y localización, pero ellos tienen una capacidad de financiamiento que nosotros no y eso los hace muy competitivos”, cuestiona.

“El gobierno anterior estaba negociando por amor a la libertad de comercio, sin saber qué querían conseguir a cambio”, sostiene el diplomático. “Corea es un país de lo más restrictivo. Prohíbe la importación de arroz. Un TLC con ellos significaría el fin de la industria automotriz del Mercosur. Si el NAFTA (EEUU, Canadá y México) no puede competir con los coreanos, ¿cómo vamos a hacerlo nosotros?”, señala. También critica las negociaciones que inició el gobierno de Cambiemos con México. “Es la cuarta industria automotriz del mundo, más competitiva que EEUU y Canadá. Tuvieron que poner barreras legales en el nuevo NAFTA para frenar las importaciones mexicanas”, analiza.

La reinserción en el mundo clave, señala Riaboi, pero Argentina no tiene lineamientos claros para llevar adelante esa estrategia. “Hoy no tenemos la menor idea de cuál es la oferta exportable de Argentina ni cuáles son los sectores que generan divisas. Una buena idea, como insertarse en el mundo, si la hacemos a la bartola, se convierte en una estupidez”, concluye.

El acuerdo con la Unión Europea

En un audio de Whatsapp se escucha la voz quebrada del entonces canciller Jorge Faurie: “Presidente, lo felicito. Durante su presidencia se logró… 20 años de negociación, tenemos acuerdo Unión Europea-Mercosur”. Una escena emocionante, que los medios reprodujeron con insistencia. Era un triunfo de la política exterior argentina, o al menos así se presentó el acuerdo cerrado en Bruselas en junio de 2019. El presidente Mauricio Macri estaba en ese momento en la cumbre del G20 en Osaka. Una foto de los presidentes del bloque sudamericano y los mandatario europeos inmortaliza el momento histórico. Riaboi, sin embargo, rechaza esa mirada triunfalista: “Hicimos un mal acuerdo y a eso lo llamamos la reinserción en el mundo”.

En la charla en la Fundación Frondizi, Riaboi advierte de que la apertura del bloque europeo a las importaciones de materias primas americanas es modesta, mientras que las exigencias sobre la propiedad intelectual y la denominación de origen, son muy altas. El acuerdo, considera, es además una amenaza para el sector industrial nacional. Por otro lado, el texto aún no ha sido ratificado y, según Riaboi, no va a prosperar. “Los europeos nos van a salvar de un mal acuerdo porque los países que tienen algo de agricultura no lo quieren ver ni pintado”, señala. Esto, sin embargo, no resuelve el déficit de la proyección internacional del país y la región. Argentina no debería seguir negociando tratados hasta que tenga clara su estrategia de promoción de exportaciones, argumenta el diplomático.

La Unión Europea ha definido que toda política externa tiene que estar alineada al European Green Deal, explica Riaboi. Por lo tanto, todos los vínculos y tratados con otros países tienen que garantizar el desarrollo sostenible. Incluido el acuerdo con el Mercosur. La posición es lógica y está alineada con la agenda global, pero abre una puerta a la discrecionalidad, señala Riaboi. Con argumentos medioambientales, Europa podría limitar las importaciones de materias primas del Mercosur, incluso si se concretara el acuerdo.

Las explotaciones agrícolas y mineras avanzan en Sudamérica sobre territorios salváticos y de monte nativo. Algo que se ha exacerbado en Brasil desde la llegada de Jair Bolsonaro al poder. Este modelo productivo no está alineado con el desarrollo sostenible y el rechazo del mismo está reflejado en una directiva del Parlamento Europeo de 2015, que regula el llamado Cambio Indirecto del Uso de la Tierra (ILUC, por sus siglas en inglés), explica Riaboi. La norma europea apunta a limitar la producción de biocombustibles tradicionales, con base en que compiten con el uso de tierras para la para producción de alimentos y fomentan la deforestación. Esta directiva es un cambio fuerte en la política de energías renovables de la Unión Europea, que fue una promotora entusiasta de los biocombustibles. Riaboi ve en este giro una pérdida de interés económico de de los países europeos; a fin de cuentas, los mayores beneficiarios de esa política eran los productores agrícola de Estados Unidos, Brasil y Argentina.

Las políticas de desarrollo sostenible son obstáculos técnicos al comercio que no puede sortear un TLC, explica Riaboi. En esa misma línea está la crítica a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y los herbicidas como el glifosato. Varios países han prohibido la producción de alimentos transgénicos y uso de glifosato en territorio nacional y existen proyectos de la Unión Europea para ampliar la restricción a todos los países miembros. Incluso, hay iniciativas que proponen la prohibición de la importación de las producciones de este tipo, advierte el diplomático. Este es un punto controvertido para Argentina, ya que la mayor parte de los cultivos de soja y maíz están producidos con transgénicos.  “La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace cuatro años habla de que los trasngénicos pueden ser cancerígenos. Esta es la realidad, pero nunca queremos creer en la realidad”, cuestiona Riaboi.

Los beneficios y cupos de importación obtenidos por el Mercosur en la negociación con la Unión Europea, según Riaboi, no son mejores a los que podrían haberse obtenido en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La UE otorgó 90.000 toneladas de carne bovina a todo el bloque sudamericano. Riaboi participó en la última ronda de negociaciones del  Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), que se celebró entre 1986 y 1993 y derivó en la creación de la OMC. En esas reuniones, cuenta el diplomático, él mismo firmó una cuota de 11.000 toneladas de carne vacuna con la Comisión Europea, solo para Argentina. “Hemos aceptado todo el proteccionismo regulatorio, inaceptable en un mercado del comercio, y lo firmamos como algo que estaba bien”, critica.


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