La crisis, una oportunidad para encarar las reformas estructurales

Argentina sumará cuatro años de recesión, algo que, desde 1983, pasó solo dos veces y terminó en la crisis de la hiperinflación y en la de 2001. De ambas salió con altas tasas de crecimiento

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La avenida 9 de julio, en Buenos Aires, casi vacía durante la cuarentena por el COVID-19

Las perspectivas para Argentina son malas. Debido a la crisis mundial provocada por la pandemia del coronavirus, pero también a las debilidades propias de la economía local. Para este año se espera una caída del PIB de al menos 5,7%, un incremento de la pobreza a niveles superiores al 50% y un aumento en la brecha de los distintos tipos de cambio. La expectativa es que los niveles de inflación se mantengan altos por la necesidad del Gobierno de emitir moneda, el cierre del mercado de crédito internacional, la baja de la tasa de interés y la reducción de la oferta agregada. Esto último se puede ver compensado, en parte, por la reducción de la demanda agregada.

La economía continuará la tendencia declinante que inició en 2018 hasta, por lo menos, el año 2021. Sumará cuatro años consecutivos de contracción económica. Desde el retorno de la democracia, solo sucedió esto dos veces en el país: entre 1988 y 1990, lo que llevó la hiperinflación; y entre 1999 y 2002, durante la crisis de la convertibilidad. En ambos casos la economía se recuperó en los años posteriores con altas tasas de crecimiento: un promedio del 7,8% entre 1991 y 1994; del 8,8% entre 2003 y 2007.

La caída del ingreso medio 

Argentina es el tercer país con mayor PIB per cápita de Latinoamérica (18.228 dólares), medido en paridad de poder adquisitivo a precios de 2011, según datos del Banco Mundial. Solo lo superan Chile (22.874 dólares) y Uruguay (20.916 dólares). Chile subió al tope del podio en 2001 y desplazó a Argentina, que había sido históricamente el país con mayor ingreso por habitante de la región. Uruguay superó a Argentina en 2014.


En 2019, Argentina sufrió una caída del 2,2% del PIB y un empeoramiento de todos los indicadores económicos y sociales. La pobreza escaló al 35,5% de la población, se redujo el consumo y el poder adquisitivo del salario, la inflación alcanzó  el 53,8%. La disparada del precio del dólar forzó al Gobierno de Mauricio Macri a implementar medidas de restricción cambiaria. Esto se tradujo en un desdoblamiento del tipo de cambio, con una brecha de más del 70% entre la cotización oficial y la informal. El valor del dólar blue llegó esta semana los 138 pesos. En medio de este diagnóstico desolador, hay dos datos positivos: Argentina logró reducir el año pasado el déficit fiscal primario a menos del 1% del PIB y mejoró la competitividad de la moneda.

En este contexto, el país se enfrenta a dos escenarios posibles. El pesimista es que la economía no corrija los vicios y continúe el declive del ingreso per cápita, lo que aumenta el riesgo de una deriva hacia un modelo político autoritario. Pero hay una alternativa. Esta crisis puede servir para dimensionar los problemas argentinos y construir consensos mínimos . Los márgenes políticos se amplían en situaciones críticas como esta y son una oportunidad para encarar reformas estructurales que el país necesita, como señala el exministro de Economía Hernán Lacunza en un artículo en Infobae. Si lo logra, Argentina puede salir de esta recesión con una expansión acelerada —como lo hizo en 1991 y en 2003— y con bases más sólidas para generar un un crecimiento sostenido.


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