Eurobonos, la disyuntiva europea

La puja entre los países del norte y el sur de Europa sobre cómo financiar la salida de la crisis pone en jaque el futuro de la UE

Eurobonos
Símbolo del euro enfrente de la Eurotorre, exsede del Banco Cenrtal Europeo, en Frankfurt. / (AFP)

La pandemia del COVID-19 está haciendo estragos en los sistemas sanitarios de algunos países de Europa. También genera problemas en materia económica. Para encarar el día después de la pandemia el presidente del gobierno español, Pedro Sanchez, propuso a Bruselas el mes pasado lanzar un gran programa de inversiones públicas en toda la Unión, similar a lo que fue el Plan Marshall. Además, hizo hincapié en los denominados coronabonos o eurobonos, títulos de deuda europea, que ayuden a compartir los riesgos entre todos los países.

La negativa alemana y de otros miembros del bloque norte europeo no se hizo esperar. La palabra eurobonos genera rechazo en los alemanes. Peor fue la reacción del ministro de finanzas de Holanda, Wopke Hoekstra, que deslizó de manera poco amistosa que “se debería investigar por qué algunos países no disponen de ese margen presupuestario a pesar de que la zona euro lleva siete años de crecimiento ininterrumpido”.

La desconfianza es mutua entre el norte y el sur de la Unión Europea. Y deja un sinsabor evidente de falta de solidaridad y unidad. Los germanos junto a Holanda, Finlandia y Austria sostienen que los eurobonos no serían coherentes con políticas presupuestarias rigurosas, sólidas y sostenibles en el tiempo. En otras palabras, no solucionaría la cuestión de fondo. Adhieren a la idea de recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que sirve para estas situaciones de crisis económica.

En la última reunión de la Comisión Europea, el jueves pasado, los comisionados del bloque sugirieron crear un fondo de reconstrucción económica que implica que Bruselas deba emitir deuda por 323.000 millones de euros para movilizar un total de dos billones de euros. La idea fue impulsada por España, Italia, Francia y sumó el apoyo de nueve miembros. Pero nuevamente la propuesta levantó temperatura y generó voces contrarias a mutualizar deudas entre los estados miembros. El primer ministro holandés, Mark Rutte exigía que solo fueran préstamos con avales para apoyar iniciativas público-privadas de inversión. En cambio, la postura del primer ministro italiano, Giuseppe Conte fue de que sean transferencia a través del presupuesto comunitario. Sin embargo, existen varios casos en la historia europea de emisión de deuda.

Los bonos europeos

Desde 1970, la Comisión Europea emitió deuda 12 veces en los mercados financieros. Se hizo para financiar a gobiernos nacionales con problemas económicos. Esas emisiones de deuda las garantizaba con sus presupuestos, es decir, que indirectamente las garantizaban todos los Estados miembros.

Por aquellos años la entonces Comunidad Europea creó el Mecanismo de Préstamos de la Comunidad, que consistía en préstamos bilaterales entre los Estados miembros. El primer préstamo fue otorgado por Alemania a Italia. Con el tiempo la solución no fue políticamente sostenible.

Entonces, Bruselas creó los conocidos Bonos de la Comunidad Europea, en 1976, que se prestaron a Italia e Irlanda y en los años 80 fueron beneficiados Francia, Portugal y Grecia. En 2010, se creó el MEDE para los países que adoptaron el euro como moneda oficial y se pudieron efectuar los rescates de Grecia, Chipre, Portugal e Irlanda en la década pasada.

Un futuro incierto

La situación por la que pasa Europa es una encrucijada que plantea el futuro inmediato de la Unión. Queda al descubierto aún más las diferencias entre norte y sur. Al principio del año la Unión sufrió el desprendimiento de unos de sus principales miembros: el Reino Unido. Los reticentes al eurobono pueden sentirse perdedores, pero al mismo tiempo serían solidarios con sus pares. Por eso, el problema no es económico sino una decisión política de ceder al otro y dejar de lado los problemas domésticos, como es el caso de Holanda. El camino contrario corre el riesgo latente de alimentar una plataforma de odio y xenofobia en el continente que sirva a los grupos políticos de ultraderecha.

Dependerá de cada uno de los miembros mantener la cordura con un máximo consenso para no sufrir la huida de otros Estados y seguir siendo la Unión Europea el emblema que representa a nivel mundial post segunda guerra mundial.


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