Colombia
El candidato de izquierda, Gustavo Petro, es el favorito para las presidenciales de Colombia. / Facebook

Colombia celebra el domingo las elecciones presidenciales y la izquierda llega como favorita, según los últimos sondeos. Es un escenario inédito para un país que nunca, en toda su historia, tuvo un presidente de izquierda y que estuvo atravesado durante décadas por un conflicto armado interno que marcó la política nacional. El candidato mejor posicionado en los sondeos es Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá y exguerrillero del M-19. Tiene un 35,8% de intención de voto, según el último informe del Centro Nacional de Consultoría (CNC), publicado el 19 de mayo. Para evitar la segunda vuelta, sin embargo, debería obtener más del 50%, un escenario que ninguna encuesta anticipa. Los rivales más probables para el balotaje son el candidato de derecha Federico Fico Gutiérrez o el empresario Rodolfo Hernández. Fico Gutiérrez, que cuenta con el apoyo del expresidente Álvaro Uribe, tiene un 20,8% de intención de voto, según el CNC. Rodolfo Hernández, un outsider político que es respaldado por Ingrid Betancourt, le pisa los talones con un 19,1%.

Petro, de 62 años y actual senador, es el candidato de la coalición de izquierdas Pacto Histórico. La posibilidad de que llegue al poder no es una novedad del todo: va por su tercer intento de desembarcar en la Casa de Nariño y, de hecho, en 2018 pasó al balotaje y perdió contra el presidente actual, Iván Duque. Pero nunca estuvo tan bien posicionado en las encuestas. Su posible triunfo genera pánico en el establishment.

Hace más de medio siglo que el poder se reparte en Colombia entre el centro y la derecha. La izquierda tenía sus chances condicionadas por el hartazgo social y el temor que provocaron las décadas de enfrentamientos armados entre el Estado, las fuerzas paramilitares de derecha y las diversas guerrillas de extrema izquierda. Una de las guerrillas más conocidas fue el Movimiento 19 de abril (M-19), donde militó el mismo Petro en su juventud. La violencia política tocó su pico máximo en los años ochenta, cuando se combinó con el narcotráfico, que se convirtió en aquellos años en una postal constante del país. Las fuerzas paramilitares, por su parte, asesinaron a cientos de militantes de izquierda durante las décadas que duró el enfrentamiento. El partido de izquierda Unión Patriótica fue uno de los que más sufrió la violencia paramilitar : la justicia colombiana determinó que el partido sufrió un genocidio 5.773 víctimas, 4.616 asesinadas y 1.117 desaparecidas, según la Jurisdicción Especial para la Paz. Entre sus víctimas fatales hubo dos candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (asesinado en 1987) y Bernardo Jaramillo Ossa (asesinado en 1990).

La situación política comenzó a cambiar a partir del acuerdo de paz aprobado en 2016, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, que puso fin a un enfrentamiento de 54 años entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Una de las consecuencias del acuerdo es la inserción política de muchos exguerrilleros, pero tal vez la más importante fue haber distendido la tensión y la desconfianza hacia las fuerzas de izquierda en general.

Una historia política marcada por la violencia

A diferencia de otros países de la región donde hubo líderes mesiánicos y populistas, como Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina, en Colombia hubo una mezcla de liberalismo, conservadurismo —el llamado bipartidismo colombiano— y algunas formaciones obreras de carácter socialista.

Un antes y un después en el país fue el asesinato en pleno centro de Bogotá de Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Gaitán era el líder de una facción del Partido Liberal que levantaba las banderas de un proyecto socialista y era visto como un peligro por la clase dominante. Su magnicidio desencadenó un estallido social que pasó a la historia como el Bogotazo.

El Bogotazo marcó el momento más álgido del proceso conocido en Colombia como La Violencia, un periodo entre 1925 y 1958 en el que las facciones del Partido Liberal y el Partido Conservador se enfrentaron abiertamente. Aunque sin llegar a una guerra civil, fueron años marcados por los atentados y los asesinatos políticos. Una de las consecuencias de la violencia fue el golpe de Estado de 1953, que llevó al general Gustavo Rojas Pinilla al poder. Otra fue que la creación del Frente Nacional, un acuerdo entre el Partido Liberal y el Partido Conservador para expulsar en 1958 a Rojas Pinilla de la presidencia. El acuerdo contemplaba la alternancia en la presidencia de ambos partidos y tuvo vigencia durante 16 años, hasta 1974. A partir de la década del sesenta, Colombia experimento un proceso crecimiento y estabilidad económica, que en los 90 viró hacia la apertura regional y el neoliberalismo. Si bien el narcotráfico y el conflicto armado fueron dos de los grandes problemas del país durante el último medio siglo, no fueron los únicos. Una de las grandes cuentas pendientes en Colombia es la desigualdad social.

Por eso, la posibilidad de la llegada al poder de Petro genera una ilusión en parte del pueblo y un rotundo rechazo en otros. El candidato de izquierda se presenta como un líder de izquierda progresista que viene a terminar con años de corrupción y en busca de la justicia social. Para sumar voluntades, Petro coqueteó con una posible alianza con el expresidente y líder del Partido Liberal César Gaviria, pero todo quedó en la nada. Finalmente, Petro eligió como compañera de fórmula a la activista afrodescendiente Francia Márquez, que cuestionó con dureza a Gaviria, al que calificó de «representar el neoliberalismo». Petro recibió también el apoyo de dirigentes liberales contrarios a Gaviria y un sector del Partido Verde anticipó su respaldo en caso de que haya una segunda vuelta. Dentro de las propuestas del exalcalde de Bogotá está una mayor emisión monetaria para incrementar las transferencias hacia los sectores más pobres de la sociedad. La posibilidad de una intervención del Banco Central, que mantiene una celosa independencia hace más de 20 años, encendió las alertas de los sectores concentrados de la economía.

El crítico más duro de Petro es el expresidente Álvaro Uribe, que a través de su cuenta de Twitter calificó al candidato de izquierda como representante del «castro-chavismo» y del «neocomunismo» o alertó sobre la supuesta infiltración del terrorismo en la política colombiana.

Uribe apoya al candidato de la derecha, Federico Fico Gutiérrez, de la coalición de Equipo por Colombia, donde conviven entre otros los dos partidos históricos. Fico, de 47 años y exalcalde de Medellín, se presenta como la renovación de la derecha con un discurso anticorrupción y como la némesis de Gustavo Petro. Es el candidato más joven de esta elección. Fico apostó por una campaña de acercamiento a los votantes y un discurso se centra en «preservar la democracia y las libertades» y un fuerte énfasis en la seguridad. A su vez, criticó a su rival por impulsar un «proyecto populista y autoritario». En la fórmula lo acompaña Rodrigo Lara Sánchez, un médico próximo al Nuevo Liberalismo, que le brinda a Fico apoyó de varios sectores. Lara Sánchez es hijo de Rodrigo Lara Bonilla, quien fue asesinado en 1984 por orden de Pablo Escobar Gaviria. Como ministro de Justicia —durante la presidencia de Belisario Betancur— Lara Bonilla se había convertido en uno de los principales enemigos del cártel de Medellín.

El tercero en discordia con chances de llegar al balotaje es Rodolfo Hernández, un exitoso magnate de la construcción y exalcalde de Bucaramanga. En las últimas encuestas Hernández viene acortando distancia con Fico Gutiérrez. Este empresario, de 77 años, se muestra como un outsider de la política con un discurso fuertemente marcado que viene a acabar con la corrupción, de «limpieza» del sector público y otros postulados de carácter populista, como la idea de convertir la Casa de Nariño en un museo y vender la mayoría de los aviones y automóviles utilizados por altos funcionarios y legisladores. Recibió el apoyo explícito de Ingrid Betancourt, que renunció a su candidatura.

El centrista Sergio Fajardo estuvo en tercer lugar en los sondeos durante buena parte de la campaña, pero en las últimas semanas se derrumbó en las encuestas. El CNC proyecta una intención de voto del solo 4%. Fajardo, exalcade de Medellín y exgobernador de Antioquia, había quedado tercero en las presidenciales de 2018.

Las elecciones de este domingo, 29 de mayo, llegan en un ambiente donde todavía se siente el malestar que desencadenó las manifestaciones violentas del año pasado. La ola de protestas mostró un malestar sin precedentes, en especial entre los jóvenes, que excede el rechazo a los proyectos de reforma tributaria que había anunciado en aquel momento el gobierno de Iván Duque. Tanto es así, que las protestas continuaron incluso después de que el gobierno anunciara que iba a retirar el proyecto de reforma, que castigaba con fuerza a la clase media, que arrastraba los efectos de la pandemia.

La candidatura de Petro se beneficia por el impulso de ese malestar, pero no tiene asegurado el triunfo en segunda vuelta. Por un lado, hay una incógnita sobre si ese desencanto se traducirá en mayores votos para la izquierda o un mayor ausentismo. Por el otro, en el balotaje puede recrearse una alianza del “todos contra Petro” como sucedió hace cuatro años atrás que le permitió el triunfo a Iván Duque. Todavía es difícil de anticipar un resultado. En todo caso, Petro puede mirar en el espejo de Brasil: Lula da Silva también se postuló dos veces y recién en la tercera alcanzó la presidencia.


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