El mundo subdesarrollado de hoy despliega una abigarrada variedad de formas diversas. La geografía, la historia, las características nacionales de los pueblos, establecen diferencias sustanciales entre los países que lo integran. ¿Qué semejanzas pueden existir entre los milenarios esta# dos asiáticos y las nacientes repúblicas del África negra? ¿O entre éstas y naciones latinoamericanas~ que cuentan Los rasgos distintivos del subdesarrollo ya con un siglo y medio de vida política independiente? Y dentro de cualquiera de estos grupos, ¿cuáles las razones para asignar la misma calificación de subdesarrollados a países tan disimiles como Haiti o la  Argentina, la India o Kuwait? Dar una respuesta a este interrogante, lo cual implica definir la categoría del subdesarrollo, requiere examinar más de cerca las estructuras de producción y comercio exterior de estas naciones, donde se encuentran, precisamente, los rasgos comunes que determinan su actual postergación.

El resultado de tal revelamiento pone de manifiesto que, cualesquiera sean sus peculiaridades, los países subdesarrollados exhiben invariablemente las cuatro características siguientes:

1) Son en todos los casos economías esencialmente primarias, en las que el aporte principal del producto proviene de la agricultura, de la minería o de ambas. Esto es así aun en aquellos casos de mayor desenvolvimiento industrial relativo, como el de la Argentina, cuyas estadísticas informan que la industria provee el 35 por ciento del total de bienes y servicios mientras la agricultura genera sólo el 14 por ciento, lo cual es cierto, pero sólo a los precios corrientes de mercado. Si, en cambio, las producciones agropecuaria e industrial se miden aplicándoles la escala de precios internos vigente en Europa o los Estados Unidos, se advierte que aquellos porcentajes deben invertirse y que la Argentina es, básicamente, un país agrario. esta sería, por otra parte, la única manera de hacer comparables las estructuras sectoriales del producto entre ambos tipos de economías.

2) El segundo rasgo común a todo el mundo subdesarrollado es la inexistencia o, en el mejor de los casos, la crítica insuficiencia del sector industrial dedicado a la producción de medios de producción.  Aun en las economías de producción más diversificada como seria, nuevamente, el caso de nuestro país, es notoriamente deficitaria la provisión local de energía, combustibles, fertilizantes química, productos intermedios de la siderurgia, metalurgia, química, petroquímica y otras, por supuesto, de numerosas ramas de producción de bienes de capital (maquinarias y equipos). Esta circunstancia induce un estrangulamiento insuperable en el sistema económico e inhibe la posterior expansión del sector de producción de bienes de consumo.

3) Todos los países subdesarrollados son, además, exportadores de productos primarios e importadores de productos industriales. Esta es la obligada manifestación, en el sector externo, de la estructura productiva anda en los dos puntos anteriores. Por otra parte, este sector externo es el nexo que une la economía subdesarrollo con los mecanismos de explotación imperialista, que se nutren de ella y capitalizan su empobrecimiento por vía del sistema de precios internacionales: los países subdesarrollados venden barato y compran caro o, más precisamente, ya que se trata de un fenómeno relativo, sufren el progresivo envilecimiento de su moneda internacional sus -exportaciones- respecto al valor de los bienes industriales que deben importar. Este comportamiento diferencial del precio internacional de uno y otro tipo de bienes reconoce, sin embargo, una destacable excepción: exportar productos primarios no es siempre un mal negocio, sino solo en el caso de que el exportador sea un país subdesarrollado.

Estudios realizados por la CEPAL sobre el precio internacional de alimentos, materias primas de origen agropecuario y minerales, prueban que aquél tiene una tendencia categoricamente ascendente cuando los embarques se originan en el área industrializada, y la opuesta cuando provienen del área rezagada, que fuera hasta no hace muchos años proveedora exclusiva de ellos. Además de enfatizar el carácter expoliador del sistema de precios del mercado mundial, este hecho pone al desnudo la ignorancia o la interesada distorsión de la realidad por parte de quienes sostienen que en el mundo contemporáneo existen condiciones de libertad competitiva.

En el curso de las últimas tres décadas, el mundo industrializado se ha convertido también en gran exportador de productos primarios, y hoy es origen de las dos terceras partes de los embarques de tal tipo de bienes. No obstante, la participación de éstos en el total de sus ventas externas es secundaria, frente al enorme volumen de sus exportaciones industriales. Los países industriales exportan productos primarios de acuerdo con dos pautas. En unos casos, venden excedentes l a precios políticos o a precios de dumping, porque pueden subvencionarlos sin dificultades. En las demás oportunidades, esas ventas se hacen a precios reales, que son altos porque reflejan la estructura general de costos de las sociedades industrializadas. En ambas situaciones, es la condición global de la sociedad desarrollada la que respalda la posibilidad de ese comercio.

La sabiduría de la Iglesia ha penetrado estos mecanismos contemporáneos del intercambio mundial y denunciado la gravedad de sus consecuencias. En “Populorum Progressio” (“El Desarrollo de los Pueblos”) Pablo VI analiza este problema en los términos siguientes: “Las naciones altamente industrializadas exportan sobre todo productos elaborados, mientras que las economías poco desarrolladas no tienen para vender más que productos agrícolas y materias primas. Gracias al progreso técnico y los primeros aumentan rápidamente de valor y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, el producto primarios que provienen de los países subdesarrolladas sufren amplias y bruscas variaciones de precio, muy lejos de esa plusvalía progresiva. De ahí provienen para las naciones poco industrializadas grandes dificultades, cuando han de cantar con sus exportaciones para equilibrar su economía y realizar su plan de desarrollo. Los pueblos pobres permanecen siempre pobres, y los ricos se hacen cada vez más ricos.” “Es decir, que la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son ciertamente evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulo del progreso y recompensa el esfuerzo. Por eso los países industrialmente desarrollados ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de país a país: los precios que se formen ‘libremente” en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es por consiguiente el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio.”

Ser unilateralmente exportadores’ de productos primarios incapaces de financiar su crecimiento con el resultado de su comercio exterior es, sin duda, la característica más uniforme y homogénea entre las que identifican al subdesarrollo. La Argentina vuelve a ejemplificar esto claramente ya que, con ímprobo esfuerzo y a un alto costo nacional, en 1973 consiguió integrar sus ventas al exterior con un 20 por ciento de productos industriales. El otro 80 por ciento y como hace 50 o 100 años, fueron alimentos y materias primas agropecuarias con poco o ningún grado de elaboración. Por otra parte, aquel porcentaje industrial no podrá mantenerse mientras no se cuente con una industria de base propia, ya que el país no tiene posibilidad económica de absorber en forma permanente el déficit que resulta de vender al 50 por ciento de sus costos y con holgadas financiaciones, bienes fabricados con insumos de importación que deben pagarse caros y a corto plazo.

4) Por Último, en todos los países subdesarrollados tienden a reproducirse, fronteras adentro, las condiciones de desarrollo desigual que en el orden mundial originan expansión en un polo y pobreza en el otro. Este subdesarrollo dentro del subdesarrollo involucra no sólo la geografía sino la composición social: grandes regiones y amplios e tratos sociales quedan marginados y sufren un creciente empobrecimiento relativo, respecto al destino de reducidos núcleos de privilegio. A estos cuatro elementos distintivos generales se agrega un gran número de otros signos del subdesarrollo, no siempre todos presentes en cada momento y en cada situación nacional, y pueden reconocer importantes variaciones de grado. Se cuentan entre ellos:

Alta tasa de crecimiento demográfico; baja renta per cápita; déficit en las balanzas comercial y de pagos; baja productividad por hombre ocupado en la agricultura y en la industria; baja tasa de formación de capital; ineficiencia de los servicios; falta de intercomunicación regional; burocratización del aparato estatal; reducido consumo de acero y energía por habitante; hipertrofiada concentración urbana en las áreas metropolitanas vinculadas al comercio exterior; ausencia de vinculación comercial con áreas distintas de las antiguas metrópolis políticas o económicas; integración nacional precaria; conciencia nacional deficiente en los grupos empresarios; anacronismo de las valoraciones culturales y de las estructuras sociales que se oponen al desarrollo; predominio político de los grupos productores y comercializadores de las materias primas de exportación, etc.

Extracto del “Movimiento Nacional”

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