Manuel Belgrano: un pensamiento económico para el desarrollo de la nación

Promovió el comercio y la industria, impulsó la educación y la infraestructura; a 250 años de su nacimiento, sorprende la actualidad de las ideas económicas de Belgrano

Belgrano
Retrato de Manuel Belgrano atribuido a François-Casimir Carbonnier. Colección del Museo Nacional de Bellas Artes

Junio es un mes abundante en evocaciones a Manuel Belgrano. El 2 de junio de 1795, con 24 años, inaugura el Consulado, considerada la primera institución económica de nuestro país. El 3 de junio de 1770, nace en la ciudad de Buenos Aires, en ese momento parte del Virreinato del Perú. Y el 20 de junio de 1820, muere en la misma ciudad, pero ya parte de una nación independiente, en gran medida gracias a su acción y talento.

De sus múltiples logros, voy a destacar uno muy particular: el de haber sido el primer economista argentino. Belgrano entra en conocimiento de la incipiente ciencia económica cursando su carrera de Derecho en España. Rápidamente se siente más atraído por estos novedosos estudios que por el anquilosado derecho que se enseñaba en su tiempo. Fue así que la economía —en ese momento llamada economía política— ocupó febrilmente su atención.

Durante esos años conoce los trabajos de Adam Smith, de los españoles Jovellanos y Campomanes, del francés Quesnay y de los italianos Galiani, Genovesi y Filangieri, entre otros. Traduce varias de estas obras y forma parte de los círculos donde se las discutía y circulaba. Vale la pena recordar que muchos de aquellos libros estaban prohibidos; Belgrano tuvo que conseguir una dispensa papal para acceder a ellos libremente.

El Consulado 

Ya de vuelta en estas tierras, Belgrano inicia sus funciones como Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, una especie de Tribunal Comercial que buscaba, en el marco de las reformas borbónicas, articular los intereses vinculados a lo económico-comercial en las colonias. Es decir, cumplía las funciones de lo que hoy llamaríamos, un think tank, una usina de ideas.

En el Consulado, Belgrano encontró un terreno muy poco propicio para llevar a la práctica sus ideas económicas. Este estaba compuesto por las elites monopolistas de Buenos Aires, que solo buscaban “comprar por cuatro y vender por ocho”. Es en este contexto que encontramos la rebeldía de Belgrano frente a esta situación, perfectamente ejemplificada por las Memorias del Consulado, leídas y publicadas cada año, en las que desplegaba su visión de una economía organizada alrededor de la industria, el trabajo de la tierra y el libre comercio, y en la que los hombres pudieran buscar libremente su interés potenciados por la educación. En el contexto del férreo sistema monopólico español, Belgrano fue un fuerte promotor de la liberalización del comercio, al que define magníficamente como “una comunicación que se hacen los hombres entre sí”.

Esta nueva visión de la economía no solo chocaba contra los intereses de las elites virreinales, sino también contra la clase de la cual el mismo Belgrano provenía. Su padre había llegado a amasar, gracias al comercio monopólico, una de las fortunas más grandes del Virreinato.

Periodista y economista

Gracias a su labor incansable, y pese a un clima de ideas totalmente hostil, Belgrano fue paulatinamente generando un nuevo pensamiento económico que resultó clave para la Revolución de Mayo. Una vez que la Argentina inició su camino a la independencia, Belgrano publicó el periódico el Correo de Comercio de Buenos Aires que sirvió para difundir sus ideas, al igual que el libro Comercio, un anónimo en el que trabajó junto a Hipólito Vieytes y que es considerada la primera obra de economía publicada en nuestro país.

Si uno sigue la evolución del pensamiento económico de Belgrano puede ver los matices que va introduciendo en sus ideas más liberales. Si bien continúa siendo promotor del comercio exterior, en especial frente al usurario monopolio español, comienza a impulsar la necesidad de cierta protección para que puedan fructificar las industrias nacionales. Ahora bien, en la visión de Belgrano, no solo con la aplicación de aranceles estas podrían desarrollarse: era fundamental mejorar la productividad de los trabajadores locales por medio de la educación. En esta clave tiene que entenderse su creación de la Escuela de Náutica y de la de la Academia de Geometría y Dibujo en 1799, estas últimas artes claves para el desarrollo de mapas y su correcto uso en la navegación.

Otro aspecto fundamental en el desarrollo de su pensamiento económico fueron sus constantes pedidos de informes acerca de la realidad económica del interior del país. La creación del Virreinato del Río de la Plata y la ascensión de la lejana Buenos Aires como centro económico del virreinato marginaron a las provincias del interior. Belgrano buscó infatigablemente oportunidades para perfeccionar sus manufacturas, generar otras nuevas y darles acceso a los mercados consumidores. Para esto buscó mejorar la paupérrima infraestructura y logística de nuestro país, integrando así, los motores del desarrollo nacional. De esta forma podemos ver la constante vocación por adaptar el bagaje de ideas que Belgrano supo importar, a la realidad nacional.

Pronto se cumplirán 200 años de la muerte de Belgrano y no deja de sorprender la actualidad de su pensamiento económico. La búsqueda de la elevación del nivel intelectual de la población es hoy, más que nunca, una prioridad, en una economía del conocimiento que requiere un alto nivel de recursos humanos. El comercio internacional es claramente una de las fuentes de desarrollo nacional, pero siempre teniendo en cuenta el cuidado que necesitan para florecer aquellas industrias con posibilidades de progreso. Finalmente, para alcanzar el desarrollo pleno de nuestra nación, es necesario invertir en infraestructura, integrar y potenciar a todas las regiones de nuestro país. Belgrano, una vez más, nos señala el camino.


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