El economista Federico Poli
El economista Federico Poli
Reportaje al economista Federico Poli por el periodista Alan Agustini publicado el 21 de enero en el diario rionegro.com.ar

Federico, ¿Está de acuerdo con la desregulación de la economía que plantean el decreto y la Ley Ómnibus?

La idea de “un paquete amplio de reformas”, lanzado en simultaneo, es correcta pues manda una fuerte señal pro-inversión, imprescindible para mostrar un cambio de rumbo profundo en la política general del país. Le da ritmo a esas modificaciones en una Argentina que se había convertido en un ambiente incierto y hostil para el ejercicio sano de la actividad económica. Lamentablemente, no son todas las reformas propuestas adecuadas a fortalecer el proceso inverso y el empleo privado, teniendo en cuenta las características específicas de funcionamiento de los distintos sectores económicos, ni tampoco parecen todas del mismo nivel de prioridad. Quiero resaltar lo revolucionario que es el proyecto de incentivos a las grandes inversiones, es de una potencia como no se ve desde la década de los 60. Si queremos que, por ejemplo, venga una inversión de más de 1.500 millones de dólares para una planta de celulosa, por ejemplo, es fundamental que salga ese proyecto. Lo mismo para minería, la primera transformación del litio, o grandes inversiones automotrices. El capítulo laboral también recoge planteos necesarios como terminar con la industria del juicio, que amenazaba mucho la toma de personal por parte de las pymes, y ciertas actualizaciones del contrato laboral a los tiempos que corren. El caso de las low cost también me parece que es importante, ahí hay muchas posibilidades de inversión y es necesario ese régimen. Por otro lado, hay un montón de reformas microeconómicas, en muchos sectores que, entiendo, están mal. Estos planteos despertaron la oposición de una cantidad importante de sectores y de gobernadores, donde están concentradas estas actividades, y están metiendo ruido en todo el proceso de búsqueda de consenso. En algunos casos, se puede presumir desconocimiento, en otros, prejuicios ideológicos, y, finalmente, diferencias conceptuales con los principios con que se plantearon estas reformas. Hubiera sido más adecuado incluir solo aquellas sobre las cuales hay un cierto consenso social y que son las troncales para desanudar la economía. La reforma en sectores como biocombustibles, industria pesquera, las sociedades de representación colectiva, el sistema de salud…Plantearon reformas que desconocen la especificidad de esos sectores y las prácticas en el mundo en administración del comercio, en formación de precios… El asesor que las diseñó pensó en un mundo ideal de libre formación de precios e igualdad de poder de negociación de los actores que no existe en la realidad. En esos casos, habría que escuchar lo que están planteando los productores y modificarlas.

¿Considera suficiente lo que se está haciendo en el terreno fiscal para contener las demás variables macro?

No es el tiempo de un plan de estabilización y no hay un plan de estabilización sobre la mesa. El desafío macro que enfrentó el Gobierno es enorme, es la peor herencia luego de la del 2001. Hoy estamos en la etapa de sinceramiento de precios relativos y la búsqueda de equilibrios macro. Como plan de emergencia se busca cerrar la brecha fiscal con recortes de gasto y aumentos de impuestos, salto devaluatorio, sinceramiento de precios y tratar de mejorar el sector externo. El sinceramiento de precios relativos es inflacionario, por definición, porque lo que hace es emerger inflación reprimida. Sobre el éxito de un proceso de este tipo es que se debe montar un plan de estabilización, obviamente el ancla fiscal es imprescindible en un plan de estabilización pero no es suficiente.

¿Un crawling con esta inflación desemboca inexorablemente en otra devaluación?

El riesgo del proceso de sinceramiento de precios relativos es que si no hay credibilidad y el Gobierno no baliza el sendero, tengamos varias vueltas antes de llegar a cierta calma en el proceso de ajuste. El Gobierno debería estar activo en conversar con algunos sectores que forman precios muy relevantes para la economía. Pongo el ejemplo de las prepagas. Está claro que las prepagas y la salud están en situación de emergencia, que las cuotas se habían atrasado mucho y que precisan actualización. Ahora, no puede ser que estén planteando que en dos meses aumenten el 82%. Algo similar se puede plantear en el caso de los combustibles. Si todos los sectores con precios atrasados tienen un comportamiento de este tipo y no dosifican a lo largo del tiempo la recuperación de la renta y del precio, lo que va a pasar es que no va a aguantar el sistema. No nos olvidemos que todos estos aumentos tienen que ser absorbido por un precio clave que está muy atrasado que es el salario. Si el gobierno no señaliza el proceso de sinceramiento de precios relativos se puede encontrar con problemas muy pronto. Lo que vos estás señalando en la pregunta es un riesgo grande. Una cosa es que haya inflación por recomposición de precios relativos y otra cosa es que nos vayamos a tener 25% o 30% durante tres meses. Generaría un atraso cambiario importante en ese caso, y habría que hacer una nueva vuelta devaluatoria, y no es lo ideal.

¿Qué elementos no pueden faltar en un eventual programa de estabilización?

Hay un estudio que hizo Martín Rapetti con otros economistas donde estudiaron casi 50 programas de estabilización de la economía. Los casos exitosos tienen algunas características en común. Una es que entran con superávit externo y fiscal, y el banco central con acumulación de reservas. Otra es que entran con un tipo de cambio competitivo, te diría casi con overshooting. Lo que no puede faltar en un programa de estabilización es una política de ingresos, es decir, que los precios y los salarios se ajusten de acuerdo a la pauta de inflación futura y no la pasada, para cortar la inflación inercial. La política de ingresos es muy importante, y además tiene que estar armada sobre un esquema de sostenibilidad macro, no de represión de precios y salarios porque eso en algún momento explota

¿Dolarización sí o dolarización no?

Claramente, dolarización no. Por suerte el presidente mostró mucho pragmatismo y dejó de lado estos slogans de campaña de la dolarización y desaparición del Banco Central. Dolarización no porque no es posible realizarla y además porque es una mala idea perder la política monetaria y cambiarla. En caso de un shock externo, dejarías de tener el amortiguador del tipo de cambio para evitar que vaya todo sobre cantidades producidas y sobre empleo.

Estimo que estaría en contra también de un régimen de tipo de cambio fijo, ¿no?

Sí, claramente. El reclamo por estabilidad es enorme y es lógico que así lo sea. Ahora, no es estabilidad a cualquier costo, porque nos salió cara la estabilidad de la convertibilidad en términos productivos, y la dolarización no tiene vuelta atrás.

¿Cuán cerca esta el Gobierno de la “síntesis desarrollista” que plantea en su libro?

Me parece que el presidente al plantear, junto al sinceramiento de precios relativos y la búsqueda de los equilibrios macroeconómicos, el envío de un paquete de reformas que incluye un régimen de promoción de grandes inversiones y de desregulación de algunos mercados, como el aerocomercial, para permitir la inversión, de modernización del mercado laboral y eliminación de la industria del juicio, para permitir el empleo, muestra una visión que lo emparente con el desarrollismo. Entiendo que lo que está diciendo es que necesitamos estas reformas para que haya inversión y empleo genuino, ya, para que estas sustenten el proceso de la estabilización. En la misma dirección de lo que yo sostenía en el libro, que se debe considerar la dimensión macroeconómica juntamente con la productiva. Ahora bien, ¿qué lo aleja de una visión desarrollista? Muchas cosas. Desde lo discursivo, el ideario libertario con el que se embandera, en el que el Estado es siempre una rémora y no un elemento necesario en el proceso de desarrollo. En la práctica, lo que ya mencioné, un montón de pequeñas malas reformas microeconómicas, sectoriales, pensadas por algún asesor que es dogmático ideológicamente. Al igual que las privatizaciones como el Banco Nación, el BICE, empresas tecnológicas o YPF. Eso se puede corregir en el Congreso, estamos a tiempo. El Gobierno debe entender que son malas reformas y mostrar la flexibilidad necesaria para poder quitarlas, dejando el corazón de estas, que lo acerca mucho a entender que hay una dimensión productiva que es esencial, y que el objetivo de la política económica es recrear el proceso de acumulación de capital en la Argentina, que genere empleo genuino, y mejora de ingresos.

 


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