El presidente Alberto Fernández habla mientras la vicepresidenta Cristina Kirchner escucha con la cabeza baja. Foto: ARGRA
El presidente Alberto Fernández habla mientras la vicepresidenta Cristina Kirchner escucha con la cabeza baja. Foto: ARGRA

El oficialismo sufrió el domingo un duro revés en las PASO. “Una cachetada”, como lo definió Victoria Tolosa Paz, la candidata del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. Juntos por el Cambio hizo una excelente elección y ganó en 15 de las 24 jurisdicciones, en algunos distritos con diferencias aplastantes. Todavía es pronto para calibrar el impacto que tendrá el resultado en la coalición de gobierno, pero se espera que sea importante y provoque una reacción para tratar de revertir los resultados en las generales del 14 de noviembre.

El Frente de Todos nació para reunificar el peronismo. Se basaba en un diagnóstico compartido: la división había llevado al peronismo a la derrota en 2015 y 2017. Tras una jugada inteligente, inesperada y arriesgada de Cristina Fernández, la candidatura de Alberto Fernández permitió que las distintas facciones convivieran bajo un mismo techo. Depusieran las armas. El resultado de 2019 confirmó que había sido una estrategia acertada. El fin justifica los medios.

La pregunta es inevitable: si el triunfo justificaba la unidad, ¿Qué pasa en la derrota? En un artículo titulado Réquiem para el peronismo que unido era invencible, Diego Genoud destaca un punto preocupante para el gobierno: Victoria Tolosa Paz obtuvo en Buenos Aires menos votos que Cristina Fernández, sola, en 2017, pues en aquella elección también había competido Sergio Massa, en otra lista. ¿Queda algo del caudal de votos propios del massismo?

Las noticias escandalosas de los últimos meses, desde el vacunatorio VIP hasta la foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez pueden haber influido en el electorado. Es difícil de precisar. Fue un año y medio duro en el que buena parte de la población estuvo encerrada, con sus libertades individuales limitadas y en los que se adoptaron medidas drásticas y que tendrán consecuencias duraderas, como la suspensión de la virtualidad en las escuelas.

Lo que sí se sabe es que las crisis económicas, el aumento de la pobreza y la caída del poder adquisitivo tienen un efecto demoledor en las urnas. La interrelación de este factor con el resultado electoral fue incluso estudiado por el exministro de hacienda Alfonso Prat Gay antes de las elecciones. Comparó el salario real de los últimos 12 meses previos de las elecciones de medio término de 2009, 2013 y 2017 con los valores obtenidos por los gobiernos de turno durante esos años.

En el mismo se ve como Macri saca el 42% con una recuperación del salario de cinco puntos en 2017 o como  Cristina Fernández obtiene el 33% en el 2013 con una recuperación de dos puntos, pero en cambio solo logra un 29% en 2009, cuando la caída del salario real fue de seis puntos. Con base en estos datos, Prat Gay calculó para esta elección intermedia de 2021 que el Frente de Todos obtendría un 32%, un valor similar al que sacó en las PASO.

A pesar de los evidencias históricas que muestran la relación entre el bolsillo y los votos, el oficialismo esperaba mejores resultados el domingo. Es el riesgo de la endogamia. Sobre esto habla Martín Rodríguez en en elDiarioAR.com: “La pandemia nos hizo puré. Y el gobierno la pifió, se encerró en lo que se encierra el kirchnerismo compulsivamente: en la autopercepción equivocada. En no ver la separación de una vida de funcionarios con la vida de los de a pie. Mucha agenda judicial, agenda para adentro, hacer el marco teórico de la crisis, y la ñapi estaba ahí, a la vuelta de la esquina. El Covid nos puso muy básicos y se necesita una agenda muy básica: menos reforma judicial y más asfalto. Llevamos diez años de inflación desquiciada. Cuarenta por ciento de pobres. ¿Hace cuánto tiempo en la Argentina no se soluciona un problema?”

Esta endogamia cegadora se potencia por el hecho contradictorio de que el Frente de Todos llegó al poder con la promesa de recomponer la situación económica de los más necesitados, que por el mal manejo de la economía en la cuarentena se encuentran peor que en 2019.

Con relación a qué puede pasar en estos dos meses, consultado al respecto, el economista Federico Poli es escéptico de que el gobierno aprenda de la derrota electoral, a pesar de lo que expresó el presidente Fernández, para hacer lo que considera sería lo acertado: las reformas que lleven al equilibrio macroeconómico, al sinceramiento de precios relativos que promuevan la inversión, el empleo y las exportaciones.

Con base en el cuadro de Prat Gay, Carlos Pagni anticipa el curso de acción más probable del Gobierno de acá a las elecciones de noviembre: “Va a mejorar el salario, promoviendo mayores aumentos, retrasando el tipo de cambio, habilitando a comprar cosas que están hechas en dólares”, y añade,  “y tocando la Anses, cosa que hasta ahora no hizo, que representa el 50 por ciento del gasto público: aumentar jubilaciones, pensiones y salarios públicos”.  El riesgo es que esas políticas deriven en explosiones inflacionarias, explica Poli y enfatiza que la posibilidad de que esto ocurra es mayor en un escenario de pérdida de poder político. Así ocurrió en las mayores crisis argentinas.


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