El campo argentino puede duplicar su productividad si apuesta por la bioeconomía, asegura Federico Trucco, director ejecutivo de Bioceres. La propuesta implica un cambio de paradigma, que Trucco define como pasar de la agricultura granaria a la posgranaria: no limitarnos a la producción de alimentos, ir más allá. Apunta a una nueva agricultura industrial orientada a los biocombustibles y los biomateriales. “Es un salto evolutivo”, define el titular de Bioceres, la empresa santafesina especializada en biotecnología agropecuaria que la semana pasada comenzó a cotizar en el Nasdaq.

La agricultura se basa desde sus orígenes en transformar energía solar en energía química a través de la fotosíntesis con el objetivo de producir alimentos. Pero solo una parte de la energía química se concentra en los granos, señala Trucco. “Por cada tonelada de maíz producido, hay una tonelada de biomasa que se pierde”, advierte el director de Bioceres. La biomasa es la totalidad del material orgánico que producen los cultivos: tallos, hojas, raíces y granos. “Tenemos más para ganar aprovechando lo que se pierde que tratando de hacer más de lo mismo”, afirma.

El modelo agrícola actual se basa en procesamiento industrial centralizado que maximiza las economías de escala, la bioeconomía plantea una transformación del sistema productivo con la radicación de plantas de menor tamaño en los mismos establecimientos productivos, cada pocos kilómetros, explica Fernando Vilella, director del programa de bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires reafirmando el impacto en el agregado de valor con que cuenta la biomasa. “Es un cambio conceptual, la bioeconomía postula que la escala puede ser menor y aún así exitosa”, agrega. Los nuevos desarrollos tecnológicos permiten el procesamiento de las materias primas en pequeña escala de manera eficiente, lo que es fundamental para aprovechar la biomasa antes de que se descomponga o volatilice, destaca Vilella.

El cambio de modelo puede dar “una nueva ola de competitividad” al campo argentino, subraya Trucco y destaca que la logística representa el 40% de los costos de la producción agrícola.

Biocombustibles y biomateriales

La industrialización de la biomasa permite más que producir alimentos. Uno de los usos más extendidos es la elaboración de biocombustibles y biogás. Un tema en plena discusión en estos días debido a la próxima finalización de la vigencia del régimen de promoción de biocombustibles, un marco jurídico que desde 2006 impulsó el desarrollo del sector en Argentina. Actualmente existen 54 plantas de biodiesel y bioetanol, que ocupan a miles de trabajadores en la región centro y el norte del país. La ley 26.093 obliga a las compañías petroleras a mezclar la nafta con bioetanol y el diésel con biodiésel. Es una norma resistida por las provincias petroleras, que promueven una reducción del porcentaje de corte, hoy en un 12% para el bioetanol y un 10% para el biodiésel.

La prórroga de la ley por cuatro años tiene media sanción en la Cámara de Senadores, donde fue aprobada por unanimidad, pero está frenada en Diputados desde hace más de medio año. El bloque oficialista presentó a finales de marzo un nuevo proyecto de ley y todavía no comenzó su discusión. 

La utilización de alimentos como combustibles es motivo de controversias. Parte del bioetanol se produce con base en maíz y caña de azúcar, mientras que el biodiésel se elabora fundamentalmente a partir del aceite de soja. Pero hay otros métodos de producción que aprovechan la biomasa que no es destinada a la alimentación. Un ejemplo es el ingenio Ledesma, en Jujuy, que produce la mitad de la energía que consume en sus establecimientos a partir de los desechos de malhoja y madera que se producen durante el proceso de fabricación de papel. 

Un uso incipiente de la biomasa es la fabricación de biomateriales, un concepto que incluye bioplásticos, biopolímeros y otros tipos de agromateriales. La compañía de vestimenta Patagonia, por ejemplo, reemplazó el neoprene de sus trajes impermeables por yulex, un material obtenido a partir de la goma natural. El ámbito de aplicación de los biomateriales es amplio y abarca desde elementos de embalaje hasta revestimientos y aislantes para la construcción o elementos para automóviles.

El menor impacto ambiental es uno de los valores más destacados de los biomateriales. La mayor consciencia entre los consumidores abre buenas perspectivas para un mercado en expansión. El mercado global de bioplásticos y biopolímeros crecerá de los 10.500 millones de dólares en 2020 hasta los 27.900 millones en 2025, según la firma especializada en estudios de mercado Reportlinker.

La mayor parte de la energía y los plásticos que consumen las sociedades actualmente tienen origen en los combustibles fósiles. Es por eso que Trucco plantea una propuesta provocativa: la agricultura tiene que reemplazar a la industria de los hidrocarburos. Si el petróleo es el resultado de la fotosíntesis ocurrida hace ciento de millones de años, razona, la agricultura es el uso de la fotosíntesis en tiempo real.

La transición de una economía basada en los combustibles fósiles hacia la bioeconomía es, desde el punto de vista de Trucco, un camino hacia la sustentabilidad. Y un paso clave para combatir el cambio climático.


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