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Bandera de la Organización Mundial del Comercio, en la sede del organismo en Ginebra. / OMC

La Organización Mundial del Comercio (OMC) está en la mira y eso no es una buena noticia, según el diplomático Jorge Riaboi. EEUU y la Unión Europea presionan para reformar el organismo y ajustarlo a sus intereses, sostiene. “Impulsan una OMC de dos tiempos. El objetivo es crear un grupo de países alineados con EEUU para enfrentar a China y el resto de Asia”, afirma en una charla virtual organizada por la Fundación FrondiziHay que tener cuidado, si nos posicionamos mal vamos a meter una gran pata”, advierte.

El espíritu de las reformas propuestas, según Riaboi, “es volver a la situación previa a la Ronda de Tokio”. Se refiere a las negociaciones en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), que se desarrollaron en Japón entre 1973 y 1979, donde se definieron lineamientos clave para la apertura comercial a nivel global. “No me atrevería a hacer una apuesta por el futuro de la OMC”, concluye Riaboi, que tuvo una larga carrera en el Servicio Exterior de la Nación y en la función pública. Entre sus cargos, fue subsecretario de Coordinación e Información Económica del Ministerio de Economía y director de Área de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería. 

La posición más clara hasta el momento es la que está plasmada en la nueva política comercial de la Unión Europea. Un documento que fue presentado por la Comisión Europea en febrero de este año y que propone mejoras en los intercambios sanitarios, un mayor compromiso en la lucha contra el cambio climático, modificaciones en los subsidios a la pesca y a la industria, cambios en las reglas del comercio electrónico y un nuevo sistema de resolución de conflictos. Este último punto es el que enciende las alertas de Riaboi.

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El diplomático Jorge Riaboi durante la charla virtual de la Fundación Frondizi

La OMC cuenta con mecanismos para resolver diferencias comerciales entre países, a través de instancias de diálogo y paneles de especialistas. La OMC emite “recomentaciones de cumplimiento obligatorio”, explica Riaboi, y establece penalidades, que pueden ser exigencias de que el país genere un mayor comercio, reduzca el intercambio u otorgue concesiones en derechos de propiedad intelectual para beneficiar a la otra parte. Cuando uno de los países está disconforme con las recomendaciones, puede recurrir al Órgano de Apelación, un tribunal que tiene la última palabra en el asunto. Este órgano, sin embargo, está paralizado desde diciembre de 2019, cuando el entonces presidente de EEUU, Donald Trump, bloqueó la renovación de sus autoridades. Fue en protesta por algunos fallos que que Washington consideraba injustos. La acefalía del tribunal permite que las recomendaciones queden “archivadas”, advierte Riaboi. Es la mayor crisis de la OMC desde su creación en 1995.

Existe un riesgo real, considera Riaboi, de que la modificación del sistema de arbitraje flexibilice la obligatoriedad de los fallos y deje margen para que los países no respeten las penalidades.Esto convertiría a la nueva OMC en una entidad de charlatanería, de retórica”, critica. 

Bruselas ve con buenos ojos los cambios en la política exterior de EEUU. Por un lado, la relación con la Casa Blanca mejoró tras la asunción del demócrata Joe Biden. Por el otro, fue nombrada como directora general de la OMC la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, con el apoyo de EEUU. La Comisión Europea ve una oportunidad, indica el documento que publicó en febrero, para avanzar con la reforma de la OMC en la próxima reunión ministerial del organismo, que se celebrará en junio en Ginebra (Suiza). 

Contra China

Las reformas que imaginan EEUU y Europa tienen un destinatario claro: China. Washington busca reducir su dependencia tecnológica de los países asiáticos, asegura Riaboi, pero esta política entra en conflicto con el principio de nación más favorecida de la OMC. Este principio está consagrado en el Acuerdo general sobre comercio de servicios, que entró en vigor en enero de 1995 como resultado de las negociaciones de la Ronda de Uruguay. Establece que todo miembro de la OMC debe otorgar “inmediata e incondicionalmente” el mismo trato a los proveedores de servicios de todos países miembros, salvo excepciones puntuales.

Otro aspecto controvertido es la propuesta de eliminar el trato especial de la OMC para países en desarrollo, lo que ya generó la protesta de 140 de los 164 paises miembros, , señala el Riaboi. Para el diplomático, las protestas chinas son injustificadas. Si bien es cierto que es un país con elevados niveles de pobreza, es la primera potencia comercial del mundo , apunta.

Detrás de estas políticas está la decisión de los países desarrollados de recuperar su entramado industrial, afirma Riaboi. “EEUU y la Unión Europea buscan reindustrializarse. Tres años atrás esto era una mala palabra, pero hoy es una política oficial”, destaca y sostiene que el mundo estará condicionado en los próximos años por este escenario. Cuando más tiempo tarde Argentina en comprender el nuevo contexto, mayores costos tendrán las consecuencias, advierte.


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