El desarrollismo y el municipio del siglo XXI

El desarrollismo original daba poca importancia a la política local. Desde la década del 80, sin embargo, los municipios cumplen un rol cada vez más relevante

Municipio
Sede de la Municipalidad de Mar del Plata

El municipio, como institución, tiene una larga tradición en la historia argentina. Es una organización política anterior a la conformación de la nacionalidad y subsistió con características cambiantes. El municipio se ha adecuado hasta nuestros días, mantiene plena vigencia y seguramente se convertirá en un actor principal post pandemia.

Una de las primeras formas jurídicas que se dieron los conquistadores españoles fue, justamente, el orden municipal. Era la adaptación de una vieja institución castiza, el cabildo y, en algunos casos, la comuna. Las larguísimas distancias, los tiempos entre que llegaba una orden y se ejecutaba, y la imposibilidad de ordenar las cuentas públicas y las milicias hicieron que los españoles radicaran gobiernos locales con capacidad de decisión. Madrid y Sevilla quedaban muy lejos. Era difícil la comunicación incluso entre Lima, Charcas o Buenos Aires y las zonas donde no había caminos y se transitaba a caballo o en mula.

El cabildo era una vieja institución medieval española que cumplió un rol activo en la reconquista contra los musulmanes. Alcanzó su esplendor en América tomando decisiones que iban mucho más allá de lo correspondiente al orden municipal. El cabildo podía tener responsabilidades de seguridad, defensa y comercio, ya que era el único ordenamiento serio y real que marcaba la presencia estatal. Era más democrático que otras formas de organización política, ya que los vecinos y los criollos participaban en las elecciones y las decisiones.

Todo sabemos la importancia del cabildo de Buenos Aires en los albores de la organización nacional. Un cabildo abierto fue el detonador a la lucha por la libertad el 22 de mayo de 1810. Otro, en 1808, había elegido a Santiago de Liniers como Virrey.

El concepto de municipio es posterior y aparece en Argentina con las reformas del gobernador bonaerense Martín Rodríguez (1820-1824) y su ministro Bernardino Rivadavia. El nombre es un término latino que deriva de la “munuera”, que era el monto que pagaban a Roma las ciudades vencidas en la época de la primera República. Estas ciudades eran tomaba a partir de entonces como aliadas. Tal fue el caso de Milán y Marsella, por ejemplo.

En la Argentina independiente, el municipio atravesó distintas etapas. Desde un régimen de autarquía y dependencia del poder central provincial, en sus orígenes, hasta el municipio autónomo que conocemos en la mayoría de las provincias en la actualidad.

En la década del noventa hubo una ola reformista que amplió las facultades y dio más importancia a las municipalidades en todo el país. A pesar de las expectativas, la provincia de Buenos Aires no se plegó a los cambios y conservó el viejo municipio, con autarquía pero sin autonomía. La mayoría de las provincias sí incorrporó la autonomía municipal.

La discusión sobre la autonomía volvió a aparecer en estos días. Fue por las diferentes situaciones que se plantearon sobre la apertura de las actividades económicas en el contexto del COVID-19. En especial, entre los intendentes que entienden que hay medidas de aislamiento que deben decidirse desde el territorio y no tomadas desde las capitales.

La posición histórica del desarrollismo ante el Estado municipal

Históricamente, el desarrollismo, en su doctrina y en la conformación de su cuerpo teórico, no dio prioridad ni protagonismo a las políticas municipales y locales. Entendía que era un debate de escasa importancia o de menor cuantía. Esta visión era compartida por la mayoría de las fuerzas nacionales, con la honrosa excepción de los socialistas.

Para el desarrollismo, lo importante era fijar el rumbo nacional y provincial. Las comunas eran gobiernos menores que, más allá del ornato público, la recolección de residuos y la iluminación pública, no tenían mayores funciones. Esta idea quedó reflejada también en la famosa frase de Juan Perón a Miguel de Unamuno, en la que aconsejaba un plan de gobierno para la Ciudad de Buenos Aires: “Como la boleta de la tasa lo dice: alumbrado, barrido y limpieza”. Una concepción que queda muy atrás en el tiempo y el que astuto líder no repetiría hoy.

A mediados de la década del ochenta se produjo un cambio global en esta mirada. El municipio tiene desde entonces un rol preponderante. La gente, ante la falta de respuestas del Estado nacional, lleva sus reclamos ante el gobierno de cercanía, que no es otro que las municipalidades. Al intendente y a los concejales se los cruza en las calles y a ellos llegan los reclamos, que antes eran impensables, sobre falta de trabajo, seguridad barrial, salud y educación.

Solo tres municipios de la provincia de Buenos Aires tenían áreas de producción en la década del ochenta. Hoy no existe ninguno, por pequeño que sea, que no posea un área especializada en promover las potencialidades productivas de su zona de influencia.

El municipio moderno en el mundo actual

En la actualidad existen megalópolis, ciudades impensadas hasta decadas atrás, donde el tejido urbano se va comiendo las zonas rurales e incorporando pueblos suburbanos a una ciudad más grande. Lo que antes pasaba en décadas o en siglos, ahora pasa en años. En 1985 hubo nueve megalópolis en el mundo. En 2004 ya eran 19 y llegaron en 2005 a 25.

La población mundial urbana superó en 2007 por vez primera a la rural. El primer país que llegó a este punto fue Gran Bretaña, producto de la revolución industrial y su voracidad por encontrar mano de obra para su producción global. Fue en 1880.

En Estados Unidos la población urbana alcanzó la mayoría en 1910. Sinclair Lewis, el primer Nobel de literatura estadounidense, fue el testigo literario que describió ese traumático cambio, donde grandes masas de campesinos fueron desplazados por la pronta tecnificación del agro estadounidense y expulsados o desechados sin grandes esperanzas a la ciudades.

La costa noreste de EEUU es un caso paradigmático. Una mancha de ciudad que atraviesa sin solución de continuidad más de 500 kilómeros a orillas del Atlántico, desde Boston hasta Washington. Este entramado urbano atraviesa cinco Estados —y cinco legislaciones— sin que un avezado observador vea frontera alguna.

Las ciudades no son un fenómeno nuevo. Varanasi, en India, tiene 4000 años. La triple ciudad santa de Jerusalén tiene 3000. Esto deja muy atrás a las urbanizaciones latinoamericanas, que apenas pasan la centena de años en las mayoría de los casos. En este tiempo pasaron de ser nudos mercantiles de realidades agrarias a ser los centros de las nuevas sociedades globalizadas.

Argentina es el primer país latinoamericano donde la población urbana superó a la rural, en 1936. El resultado del proceso de urbanización fue el conurbano bonaerense, destino final del peregrinaje de los migrantes del norte argentino que buscaban una vida mejor.

Propuesta: el municipio palanca del desarrollo

El municipio va a tener que cumplir un rol indispensable. La post pandemia lo va a subir rápidamente como actor arriba del escenario por su naturaleza para ver las nuevas realidades y desarrollar y aplicar políticas en el muy corto plazo. A su vez, es sabido que los recursos económicos rinden más en manos locales y que se pueden adaptar rápidamente a redireccionar esfuerzos productivos a las nuevas necesidades del mercado.

En la provincia de Buenos Aires, la mayoría posee parques industriales y estructuras de comercio exterior. Es una buena base para avanzar en nuevas estructuras productivas, pero deberá aggiornar la legislación para permitir una conformación de consorcios productivos regionales, que además de atraer inversiones puedan insertarse en el crédito internacional.

Agregar valor a los productos primarios es ya un mandato y la ubicación de los productos manufacturados en nuevos mercados es una responsabilidad que los municipios deben afrontar. Todas las tareas que implica la búsqueda de nuevos mercados —presentación de productos, búsqueda de financiación, participación en ferias o showrooms— son un esfuerzo ciclópeo para un microemprendedor zonal, y ahí es donde debe buscar soluciones el Estado.

El diseño, la planificación y la proyección de un modelo de país debe ser nacional, pero, a diferencia de lo que ocurría en la década del sesenta, la aplicación debe y puede ser ejecutada desde el municipio moderno.


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