Palacio Municipal de la Plata. Fuente:https://www.civitatis.com/

La primera lección que nos dejó la pandemia, en especial a los que seguimos los temas municipales, es que las organización comunal fue la primera que pudo transformar su estructura a la crisis y ponerse al frente de la lucha del COVID 19. El mensaje del pueblo en las PASO de Septiembre, tuvo que ver con ese sentido. Los jefes comunales que lograron el difícil y delgado equilibrio entre los cuidados del aislamiento y el mantenimiento mínimo de la actividad económica y una nueva construcción de la territorialidad, obtuvieron el aval de sus vecinos. Los que no pudieron fueron duramente castigados en sus municipios.

Es evidente que la pandemia fue un catalizador que aceleró hasta el vértigo todos los procesos que se venían dando paulatinamente. Nadie va a volver hacer trámites de la misma forma, las compras virtuales de cualquier objeto han venido para quedarse. Las redes son partes activas de nuestra vida diaria Los pagos virtuales son prácticas habituales. En ese contexto no fue ajeno el rol y la competencia municipal. El gobierno de cercanía, mal o bien, fue la primera presencia estatal y en algunos casos la única. La importancia que iban adquiriendo en las dos primeras décadas del nuevo siglo como una tendencia, se acrecentó. En muchos lugares la decisión del voto mutó y fue de abajo hacia arriba. Como nunca había pasado en la política argentina. Una vez pasada la peor parte del huracán. ¿Habrá pasado?. La postal de varios intendentes cerrando las entradas a los ejidos urbanos con taludes de tierra y piedra, con un aislamiento total nos llevaba a una foto de la Edad Media y a una imagen de la vuelta al feudo como organización social-económica. Nadie entraba ni salía sin autorización expresa de la autoridad y hasta la economía se habían cerrado a las magras producciones de esa zona. Afortunadamente, pasado el primer susto, hubo muchos de ellos que entendieron que eso no podía seguir en el tiempo y fueron buscando un equilibrio.

Manual bonaerense

La lección bonaerense es que si la organización administrativa provincial era casi inviable previamente a la pandemia ahora se ha convertido en imposible. Una provincia que ya se estima en más de 17 millones de habitantes con un conurbano que cada vez tiende a una mayor concentración de población, donde la mayoría subsisten en zonas de exclusión social, estigmatización e invisibilidad.

Hay un nuevo dato a tener muy en cuenta. Hasta los años 70 era la zona que generaba la mayor actividad económica de la Argentina. Eso ya es parte de la historia de la desindustrialización nacional. Once millones de personas viven ahí en solo 24 municipios. Ni más ni menos que el 25 por ciento de la población del país pero ya no existe  la figura del obrero industrial con fábricas de 2000 empleados. Si trazamos con un compás imaginario apoyando la punta en el centro del puerto de Buenos Aires , nos encontraríamos que en menos de 60 km vive el 25 por ciento de los argentinos. Según datos de Naciones Unidas este esquema de aglomeración es único en el mundo. Se le puede agregar una curiosidad: la zona que más aporta al PBI se va corriendo al interior, al ser nuestra principal actividad económica la agrícola. La provincia de Santa Fe va a aportar al fin del año 17.000 millones de dólares de exportación con mucha menos población. Córdoba no le van en zaga. En pocas palabras el conurbano es un aglomerado de personas que cada vez tiene menos actividades que agregan valor agregado y su actividad se basa en servicios.

Sí, la visión externa de la provincia es preocupante desde adentro es catastrófica.  En esos 24 municipios vive el 64 por ciento de la población de la provincia. El resto en 111 municipios poco habitados. Solamente Mar del Plata con alrededor de 750,000 habitantes escapa a esa lógica. Tandil, San Nicolás, Junín y Bahía Blanca también ,en menor escala.
Es urgente buscar una solución que es eminentemente política. Es un paciente que se va agravando y que la pandemia obliga a buscarle una solución de fondo. Corto destino tiene la provincia sin una reforma total.

En la reforma constitucional de 1994 se habían dictado los artículos 123 y 128 referentes a la autonomía municipal . Manda constitucional que se debe y se debió cumplir, Pasados 17 años y una reforma constitucional provincial en el medio ,el manejo es cada vez más centralizado. La misma ley orgánica rige a ciudades tan disímiles como ;Pinamar, Carmen de Patagones, Avellaneda, Gral. Villegas o Florencio Varela.

 

Villa miseria también es América

Cuando Bernardo Vertbisky tituló a su libro con ese nombre, comparados con los datos actuales, podría ser tomado como una jactancia intelectual. A mediados de la década de los 50, habitaban en asentamientos no más de 40.000 personas en todo el territorio nacional El crecimiento a galope de esas condiciones infrahumanas de vida fue a caballo de la mas rápida urbanización de la región. Uno de cada dos latinoamericanos que fueron del campo a la ciudad fueron a estos lugares. Los latinoamericanos fuimos muy creativos para denominarlas eufemísticamente, sin nombrarlas y sin hacernos cargo de la verbalización. A saber: Favela, tugurio, Villa Miseria, callampadas, barracones, ciudades perdidas, campamentos, pueblos jóvenes, cantegriles, palomares, asentamientos y chabolas.

Se calcula que después de la pandemia 300.000 nacionales viven en algún asentamiento en el AMBA . Hay que recordar que en 1991 eran 52.000 en la región metropolitana. La crisis habitacional que estamos viviendo ,con una horrible reforma de la ley de alquiler que poco ayudó, hacen crecer estos números. Los únicos que crecen en nuestro país son los números negativos. Paradójicamente las clases altas viven un fenómeno similar, por otras razones como la seguridad como principal eje. Se mudan a barrios cerrados donde tienen nulo contacto con otras clases sociales. Las ciudades se han convertido en espacios de clase media en detrimento del equipamiento urbano que se va desgastando sin grandes inversiones. Un ejemplo claro y vulgar es el estado de desgaste de los asfaltos urbanos.

Nueva agenda municipal

Después de la pandemia, nadie que esté en la administración duda que los aspectos de la salud hay que trabajarlos desde abajo hacia arriba. La organización primaria de la salud y los reflejos rápidos ante la aparición del problema sanitario los hace pasar de actores de repartos a protagonistas. La gobernanza con virtualidad también. Requiere un esfuerzo de inversión y capacitación que muchos municipios no pueden afrontar. La autonomía de los municipios y una política específica hacia el conurbano es urgente. La comuna en áreas como la producción y la energía va a ser indispensables.

Es necesario un proyecto y un modelo de desarrollo nacional para toda nuestra geografía ya, pero el dato nuevo a agregar es que el municipio van a tener un rol de aplicación en el territorio que ya se lo ganó, ante las emergencias de estados nacionales y provinciales ausentes. Dotar al municipio de mayores herramientas financieras e institucionales se torna inevitable en un mundo que cambia día a día, donde las mayorías de las previsiones que se realizan son erróneas y la pelota se corre desde atrás.


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