Polonia
Vista de la planta metalúrgica de cobre de la firma polaca KGHM, en Głogów, Polonia / kghm.com

Cuando hablamos de industria en el siglo XXI solemos pensar en Asia. Asociamos la idea de industrialización al bajo costo de la mano de obra de los países emergentes. China, sin embargo, enturbia el concepto de país emergente. A partir de su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China despegó económicamente y hoy concentra la mayor parte del sector industrial del mundo emergente, con una participación superior al 15% de la producción industrial a nivel global. Es difícil ver qué hay más allá de la súper potencia. Si sacamos a China del análisis y nos concentramos en los segundos mejores, encontramos a países como Corea del Sur, India, Indonesia, Tailandia y Polonia. Este último caso es especialmente interesante. Polonia es el único país occidental que logró romper la maldición de la industrialización asiática: compite, pero con salarios más altos y un mejor nivel de vida que otros emergentes, con la excepción de Corea del Sur. Aunque, desde luego, menores que sus vecinos ricos de la Unión Europea (UE). ¿Puede ser un modelo a seguir para Argentina?

Participación en la producción industrial global. Fuente: UNSTAT.org

La industrialización de Polonia es parte de un proceso mayor: la incorporación exitosa a la UE de los primeros países que abandonaron la Unión Soviética. Polonia, República Checa y Eslovaquia tuvieron una ventaja fundamental, que fue la cercanía a Alemania, una economía que iba rumbo a convertirse en uno de los principales centros industriales y logísticos de Europa. La construcción de corredores de infraestructura reforzó la ventaja que otorgaba esa cercanía. La rápida transformación de ciudades como Varsovia, Poznan, Silesia, Bratislava, Lodz, Praga y Pilsen son ejemplos del impacto que tuvo Alemania en la zona. 

Con una población de casi 38 millones de habitantes, Polonia es el país más grande de los tres citados. A diferencia de los países más pequeños, necesitaba reacondicionar varias cadenas de valor a la vez, un desafío. Era, por lo tanto, el que tenía una mayor necesidad de readaptar rápidamente su estructura productiva para asegurar el respaldo de la población durante la transición del sistema comunista al capitalista. Sus gobernantes sabían que una crisis profunda podía cambiar las preferencias políticas.

Una mirada amplia sobre el desarrollo industrial

El debate industrial en Argentina a veces queda limitado a las protecciones arancelarias. El caso polaco es nuevamente iluminador al respecto: no se limita a una discusión sobre aranceles, sino que está pensada desde una perspectiva amplia. Esta incluye la difusión de información para la promoción industrial, la capacitación de los recursos humanos, la asesoría experta, el incentivo para la internacionalización de las empresas, el impulso de las transferencias tecnológicas y el fomento a la participación en programas de la UE.

Una política que dio buenos resultados en materia industrial fue la clusterización, es decir, la formación de aglomeraciones empresariales especializadas en ciertos sectores industriales. Cuando se dibujan los clústers en un mapa puede verse la importancia del vínculo entre el oeste polaco y la UE, un mercado de alto poder adquisitivo que demanda productos de buena calidad. Una muestra de esto es la industria automotriz polaca, que exporta casi toda su producción a otros países de la UE; solo Alemania recibe el 30% de dichas exportaciones.

La situación geopolítica de Polonia ciertamente facilita que los recursos públicos sean destinados a la modernización del sistema económico. El Gobierno entiende que fallar en este sentido pone en riesgo la continuidad como país. Algo que no suena exagerado en el caso de Polonia. En ese proceso de modernización, los clústers de nuevas tecnologías son una primera prioridad para las autoridades. Así se desprende del listado de objetivos de la Polish Agency for Enterprise Development (PARP), la agencia de promoción económica del país.

Polonia
Mapa de los clústers industriales de Polonia. Fuente: Polish Investment and Trade Agnecy

El punto débil del modelo polaco es la elevada dependencia de los fondos regionales de la UE. De hecho, si se tienen en cuenta los aportes que hace cada país al presupuesto de la UE y los fondos que recibe, Polonia es el más beneficiado. Lo cual, claramente, lo debilita a la hora de negociar con sus pares comunitarios.

Un modelo a seguir

Esta experiencia es importante para Argentina porque Polonia es un país con características similares. En primer lugar, por el número de habitantes de cada uno. En segundo, los dos son potencias medias en el plano internacional, con poca capacidad material pero una diplomacia de nicho destacada. Por otro lado, Polonia tiene una historia de amplia participación estatal en el mercado, al igual que Argentina. Ambos enfrentan también la necesidad de renovar sus industrias tradicionales, aunque Polonia ya actualizó parte de ellas. Por último, Polonia está al lado de Alemania, un gigante al que solo podía integrarse, y Argentina tiene como vecino a Brasil.

Polonia decidió que la integración con un gran mercado era la clave de su supervivencia y, para hacer frente a las demandas exigentes de Alemania tuvo que a actualizar su industria. Esto debería interpelar a la dirigencia argentina, que desde hace años se hace la misma pregunta: ¿qué hacemos con el Mercosur? Si decidiera ir más allá de las declaraciones para avanzar en una integración efectiva, convendría mirar de cerca el caso de Polonia para entender cómo logró articular las cadenas de valor de manera práctica y veloz. El apoyo a la clusterización, por otra parte, va de la mano con la diplomacia productiva. Si uno tiene claridad respecto a qué socio de largo plazo va a tener, puede ordenar sus industrias de acuerdo a esa estrategia.

Otro aspecto relevante es la logística. Para que la integración sea exitosa no hay otra posibilidad que tener una infraestructura que permita ahorrar costos. El vínculo entre Alemania y Polonia se sustenta en la infraestructura. En el caso argentino, las cadenas de valor del Mercosur están plagada de déficits de infraestructura, además de los burocráticos y legales.

Polonia aprovechó el soporte estatal para la reconversión de viejas a nuevas industrias rápidamente. Argentina mantiene un debate binario: todo se protege o nada se protege. El caso polaco nos enseña que es necesario a ser quirúrgicos con la política industrial.

El modelo polaco, sin embargo, tiene un punto negativo. La dependencia de la UE condicionó al gobierno nacional la hora de definir algunas políticas y eso provocó un fuerte sentimiento antieuropeo en un sector de la sociedad, a pesar de que por el momento las ganancias de formar parte de la UE son mayores que las pérdidas. Un dato relevante en ese sentido es que Polonia forma parte de la UE, pero no tiene el euro como moneda, sino que continúa utilizando el zloty.

Quizás la mayor diferencia entre ambos países sea que Argentina no tiene un benefactor ni formas de acceder a un financiamiento sostenible. Su problema para acceder a los mercados regularmente lo aleja del crédito a tasas razonables y el Mercosur —es decir, Brasil— no lo financiará. Eso lleva a que la adaptación argentina sea más cruenta, con menos plazos de adaptación y asistencia. Por eso, una política industrial razonable, moderna y que contemple tiempos rápidos se haga necesaria de 2023 en adelante.


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