Elizondo: “Argentina tiene la segunda tasa de inversión más baja de Latinoamérica”

El desorden macroeconómico, el gasto público, la debilidad institucional y la desvinculación internacional son las razones de la baja inversión, según el exdirector de la Fundación ExportAr

Elizondo
El consultor en negocios internacionales Marcelo Elizondo en la charla de la Usina Desarrollista. Lunes 24 de agosto de 2020

La ambición del universalismo pierde fuerza, pero el mundo no va a retornar a un nacionalismo proteccionista, señala Marcelo Elizondo. “La ilusión del universalismo va a ser sustituida por un internacionalismo de bloques”, concluye el exdirector de la Fundación ExportAr en la charla de la Usina Desarrollista. En contra de lo que algunos analistas pronostican, Elizondo sostiene que el Estado no volverá a ganar protagonismo sobre las empresas. “Vamos hacia un mundo de grandes empresas globales. En la pandemia, Zoom privatizó la educación en todo el mundo y no solo en las universidades, sino también en las escuelas. Twitter se convirtió en el boletín oficial de muchos Gobiernos. SpaceX lanzó el primer vuelo privado al espacio”, completa el consultor en negocios internacionales.

La velocidad de los cambios disruptivos se aceleró y las dos primeras décadas del siglo XXI son un ejemplo de ello. Elizondo enumera cuatro hitos desde el 2000: la caída de las torres gemelas; la crisis de 2008; la conversión de países pobres como China, India o Brasil en economías poderosas; y la evolución tecnológica. La revolución digital, subraya, alteró la forma en que se vinculan los países, las empresas y las personas. Está en desarrollo “un proceso de intangibilización de la economía”, según Elizondo, en el que tiene cada vez más valor el conocimiento. Y esto no se limita al software, sino que incluye las certificaciones, los royalties o las patentes. “Esto no solo tiene incidencia en la economía, sino también en la política. La guerra comercial entre China y EEUU no es una guerra comercial, sino que está basada en la propiedad intelectual. El conocimiento es un recurso geopolítico más importante que la geografía y el potencial militar”, afirma.

Una de las consecuencias de los cambios de las últimas décadas es la pérdida de relevancia de las instituciones que rigieron el mundo en el siglo XX, señala Elizondo. Entre ellas: la OTAN, las Naciones Unidas o la Organización Mundial de la Salud. Esta crisis explica el Brexit, según el especialista: Reino Unido interpreta que la Unión Europea ya no le es útil y que tiene más puntos en común con economías como Canadá, India o Estados Unidos. “Está cambiando la arquitectura institucional. Se conforman coaliciones regulativas”, explica, en referencia a la búsqueda de conformación de espacios supranacionales con coincidencias en la forma de entender los marcos normativos.

Los desafíos del Mercosur

En ese contexto, el Mercosur atraviesa un fuerte cuestionamiento por parte del Gobierno de la mayor economía del bloque: Brasil. “De los 20 bloques de integración que existen, el Mercosur es el más cerrado del mundo. Las exportaciones no llegan al 15% del PBI regional, cuando el promedio en el mundo es del 33%. Por eso cruje. Brasil quiere jugar en la economía del mundo”, analiza Elizondo. El especialista, sin embargo, destaca que el bloque fue muy positivo para Argentina en su inicio. “Argentina antes no exportaba nada. El Mercosur se secó porque se cerró sobre sí mismo, no tiene acuerdos con terceros”, cuestiona. 

Elizondo ve el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea como una oportunidad para romper el aislamiento del bloque. Los tratados de libre comercio, advierte el exdirector de ExportAr, hoy no se limitan a las rebajas de aranceles, sino que incluyen otros criterios, como los estándares ambientale y sociales, normas de calidad y criterios técnicos. Por eso habla de coaliciones regulatorias. “Europa pide que no se queme el Amazonas ni se use mano de obra en negro en la producción”, explica y aclara que la negociación está en un momento difícil. Brasil, Uruguay y Paraguay quieren acelerar la implementación; Argentina espera. En Europa hay objeciones de varios países, en particular de Francia, que exige a Brasil que cumpla con los compromisos del Acuerdo de París contra el cambio climático. “Faltan pasos mínimos, pero no se sabe qué va a pasar. No es un buen momento para la evolución del acuerdo”, concluye.

Argentina, en desventaja en la pospandemia

La pandemia aceleró los cambios que se venían produciendo, señala Elizondo: el comercio electrónico, el ebanking, el homeworking. Y también la competencia entre países. “Ya antes de la pandemia los países competían más de lo que cooperaban. Eso se ve en la reducción del impuesto corporativo, que pasó del 28% a comienzos de siglo al 23% en la actualidad. Esto es así porque los países compiten para atraer inversiones”, describe. El COVID-19 mostró algunos indicios de que la conflictividad va en alza, apunta Elizondo, como el pedido de Australia de investigar el origen de la enfermedad y la réplica de China, que amenazó con prohibir el ingreso de carne del país de Oceanía. “El mundo armónico desapareció”, concluye.

Argentina está mal preparada para enfrentar los cambios se se avecinan, según Elizondo. “Argentina está muy aislada, no venía acompañando el proceso de globalización. No está en la mesa de discusión de las nuevas instituciones globales. Tiene pocas empresas internacionales. Junto con Venezuela es el país de la región con menor evolución del comercio exterior. Argentina tiene la segunda tasa de inversión más baja de Latinoamérica, después de Venezuela”, critica.

La tasa de inversión en Argentina es del 13% del PBI, incluyendo la extranjera y la nacional, cuando el promedio mundial es del 22%, destaca Elizondo. “Tenemos poco más de la mitad del promedio mundial. Y los países asiáticos tienen más del 30% del PBI de inversión”, plantea. “Argentina no tiene un problema de demanda, sino de oferta. Si no hay inversión, no va a haber crecimiento genuino ni empleo. No hay agregado de valor donde no hay inversión”, completa Elizondo.

Las cuatro causas de la falta de inversión

Elizondo considera que hay cuatro razones que explican la baja tasa de inversión. La principal, sostiene, es el desorden macroeconómico. “Tenemos una inflación del 40% anual, cuando la inflación promedio en el mundo es del 2,5%. Es 200 veces la inflación mundial. Eso desalienta los proyectos de largo plazo”, plantea. La consecuencia del desorden es la debilidad del sistema financiero, considera y lo pone en números: el crédito otorgado al sector privado en Argentina es de solo el 15% del PBI, mientras que en Brasil supera el 80% y en Europa el 100%. “En Argentina, el poco financiamiento que hay se lo lleva el Estado” cuestiona.

En esa línea, Elizondo apunta al gasto público como una clave del desequilibro macroeconómico del país. “Más allá de las ideologías. Si uno ve que el déficit del presupuesto no se puede financiar genuinamente desde hace 40 años y si lo hace con deuda entra en default, quiere decir que es un gasto público infnianciable. Mientras eso no se ordene, no habrá inversión”, cuestiona.

El tercer aspecto es la debilidad del marco institucional. “Argentina no tiene instituciones. El elemento organizador es el poder, no el derecho ni los contratos. Por eso el corto plazo pasó a ser una normalidad”, argumenta. Por último, la baja tasa de inversión se debe, según Elizondo, a la desvinculación internacional del país. Argentina representaba el 0,8% del comercio mundial hace 60 años, mientras que actualmente solo representa el 0,3%, plantea el especialista. “No hay inversióin, no hay comercio, no tenemos financiamiento propio ni externo”, concluye.

La inserción internacional del país

Asia va a jugar un papel de importancia creciente para Argentina, plantea Elizondo y destaca que el país ya vende más a esta región que a Europa. “En el futuro va a ser más importante incluso que nuestra región. Sudamérica va a ser la última que en recuperarse del stop por la pandemia, incluso a un ritmo más lento que África”, pronostica. El especialista, sin embargo, matiza la importancia de China en la inserción internacional de Argentina y recomienda diseñar una estrategia donde los planos políticos, tecnológicos y comerciales se piensen por separado y no dependan de un solo país.

“El comercio internacional no existe más”, sostiene Elizondo, “lo que hoy son negocios internacionales”. El consultor explica que el 75% del comercio global se realiza entre empresas que operan dentro de cadenas de valor. Por eso afirma que intercambio global ya no se rige principalmente por relaciones contractuales de proveedor y cliente, sin como compañías aliadas, que planifican, desarrollan y operan en forma conjunta. “Tienen contratos relacionales, no legales”, explica.

El diagnóstico de Elizondo es lapidario. Pero dice que es optimista porque, por primera vez, ve a la sociedad argentina consciente de que el país está mal. “Tenía un profesor que decía: la derrota enseña lo que la victoria oculta”, cuenta. Y dice que eso le hace creer que las cosas pueden cambiar: “El pesimista es el que piensa que la situación depende de los demás; el optimista cree que depende de lo que uno hace”.


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