El embrión del desarrollismo del siglo XXI

España, un país desarrollado que extiende el conocimiento a casi todas sus regones, es un aliado natural para Argentina en el desarrollo de la industria 4.0

España

Es un libro de 1955. Curioso, descascarillado, disfumado por el tiempo. Su segunda edición, de 1958, tiene el texto alterado por la pluma de la Usina frigerista. Pertenece al paleolítico del desarrollismo, que alumbrará la región con Kubitschek y Frondizi pronto. Lo escriben Frondizi, Del Mazo, Monjardín, Calcagno, Pérez Aznar, Oyhanarte. Se llama Definiciones Radicales. Los dos presidentes latinoamericanos prenden la luz de una Argentina subdesarrollada, y de un Brasil diezmado por el analfabetismo y la pobreza. A Brasil el legado de Juscelino lo lleva a integrarse con las potencias del mundo global. A Argentina no, porque no sostiene el camino que inicia Frondizi.

Los dos heredan la manda que imponen al mundo las primeras dos revoluciones industriales, que sus países no han incorporado. A la tercera la observan desde el llano. Quizás imaginan la cuarta. Entre la primera, segunda y tercera transcurre un siglo. En 1784 llegan los sistemas mecánicos con la máquina de vapor; en 1870, la producción en serie impulsada por la energía electromecánica. En 1969 la automatización, las computadoras, la electrónica. La cuarta es ahora: la transformación digital, las máquinas inteligentes. La era de los intangibles. El mundo cambia con la industria 4.0. Llega la economía del conocimiento. Software, biotecnología, desarrollos audiovisuales, servicios de electrónica y comunicaciones, geología, nanociencia, satélites, inteligencia artificial, robótica, servicios profesionales. Actividades con elementos en común: uso intensivo de la tecnología y capital humano calificado. El impulso desarrollista ya no se afinca, claro, en la industria pesada.

La Economía del conocimiento provoca el aumento en un 60% del empleo en el área en una década. Las ventas crecen un 85%. Las tradicionales, el 16%. Representa el tercer complejo exportador, detrás de la agroindustria y el sector automotriz. La Economía del Conocimiento prevé para la tercera década del siglo XXI la creación en el país de 250.000 nuevos puestos de trabajo y la generación de 8.500 millones de dólares adicionales de exportación anual. Argentina tiene ventajas: creatividad, formación y capital humano. Y cinco unicornios. Ningún otro país latinoamericano tiene tantos unicornios, empresas de base tecnológica con valuaciones superiores a los mil millones de dólares estadounidenses. Existe un proyecto de Ley de Economía del Conocimiento que impulsa al sector con notables incentivos y beneficios. Su sanción provocaría la llegada de inversores extranjeros y la constitución de nuevos empresarios nacionales. Ya tiene media sanción en Diputados. Impulsará la multiplicación de emprendimientos de base tecnológica, incrementando la competitividad sistémica en todos los sectores. Ayudará a producir más y mejor. Se demora en el Senado por alguna razón incomprensible. La sinergia de la República Argentina con el Reino de España en el campo de la Economía del Conocimiento es natural, porque España es un país desarrollado que expande el conocimiento a casi todas sus regiones. Las comunidades autónomas que han desarrollado con mayor intensidad la Economía del Conocimiento registran mayor renta por habitante que el resto. Han resistido mejor la crisis en términos de renta, productividad y empleo.

El País Vasco, Madrid y Navarra lideran. En Madrid se asienta Microsoft, nada menos, y GSIC con Iris Córdoba Mondejar como General Manager. España es un par natural de Argentina en el campo de la Economía del Conocimiento. Incluso ayuda la diferencia horaria para las exportaciones. Hasta Jacques Attali, quien augura un futuro oscuro para la economía mundial porque la rapidez de la gente en comprender el azote de la pandemia —no solo esta, sino las que vienen— no es acompañada por los líderes, predice que a algunos sectores —que llama la economía de la vida— les irá muy bien: salud, educación, alimentación, y precisamente el mundo digital. ¿Qué harían Kubitschek y Frondizi hoy? ¿Empujarían la industria pesada, el petróleo, la petroquímica, las automotrices, el valor agregado, la atracción de capitales ociosos, crecer cincuenta años en cinco? Es lo que hicieron en el pasado. Hoy se volcarían hacia la Economía del Conocimiento concebida como el embrión de un nuevo desarrollismo latinoamericano que marque el camino para salir de la desigualdad y pobreza que crecen año a año. Y encima la pandemia.


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