‘Entrevista con el mundo en transición’; libro de Isidro Ódena

En este libro, Isidro Ódena plantea una visión entratégica de la cooperación y desarrollo en un mundo todavía marcado por la Guerra Fría

mundoLa Guerra Fría aún dominaba los esquemas mentales cuando Isidro Ódena publicó Entrevista con el mundo en transición, un libro en el que llega a conclusiones teóricas valiosas sobre la coexistencia pacífica. Ódena condensa en esta obra una visión estratégica de los principales actores y fenómenos mundiales de su tiempo.

Prólogo de la segunda edición

Me decido a publicar esta segunda edición motivado por dos consideraciones. La primera, que habiéndose agotado la anterior, muchos potenciales lectores me han sugerido que
lo haga. La segunda obedece a un pecado de jactancia: el de alardear que las líneas generales de las predicciones formuladas hace más de una década se confirman y acentúan
en el mundo de hoy.

Este libro lo escribí en Pocítos, Montevideo, a mediados de 1963, como tarea obligada de un pasajero exilio político. Un eufórico ministro del Interior del gobierno de entonces tuvo la ocurrencia de perseguir a los dirigentes del partido político a que pertenezco. Nunca supimos el motivo real de esta inquina, aunque suponemos que lo era la circunstancia de que Rogelio Frigerio, desde su exilio en el Uruguay, se amañaba para reeditar con Juan Domingo Perón el Frente que había triunfado en 1958. La fórmula de candidatos presidenciales de este nuevo pacto Perón-Frondizi fue vetada por los militares que habían desalojado a los militares que derrocaron a Frondizi, con lo que daban indirectamente razón a estos últimos. En las elecciones que se hicieron en julio de 1963 estuvo proscripto el peronismo y, por consiguiente, se abstuvo de votar, con la consiguiente solidaridad del grupo de Frondizi, su aliado en el Frente.

Exiliados y proscriptos pudimos dejarnos vencer por la evidencia de estos contrastes. Pero nuestro partido no cejó y pude concluir el epílogo de mi libro augurando la “inevitable restauración de la democracia y la reasunción de la obra de desarrollo, mediante la, unión de los sectores populares y de todas las clases sociales para reconquistar a la Argentina
aprisionada”.

También en el plano internacional se acumulaban nubes en el horizonte. Estados Unidos y la Unión Soviética habían afrontado, el año anterior, una de las peores crisis en sus relaciones: el caso de los misiles rusos en Cuba. Crecía la intervención norteamericana en Indochina. Ese fue también el año del asesinato de Kennedy y de la muerte de Juan XXIII. Corrían aparente peligro las tendencias a la distensión y la convivencia. Eran serias incógnitas las sucesiones del presidente norteamericano y del pontífice de Roma. En contraste, ese fue también el año del acuerdo entre Francia y la República Federal Alemana, de la firma del primer pacto de prohibición de armas nucleares entre Estados Unidos, la URSS y Gran Bretaña y de la inauguración del teléfono directo entre Moscú y Washington.

Estaban, pues, en pugna, como siempre, factores que favorecen la paz y factores que favorecen la guerra. Pero las corrientes profundas del proceso eran inequívocas para nosotros: las condiciones objetivas señalaban que la humanidad avanzaba hacia la “liberación del temor”, expresión popularizada por Franklin D. Roosevelt. La amenaza de una tercera guerra mundial —esta vez con armas nucleares— era intolerable para el hombre. Todo indicaba que el mundo haría un uso positivo de los instrumentos casi mágicos que surgian de la revolución científico tecnológica de la segunda mitad del siglo XX. Y también era inevitable que esos beneficios no sería acaparados por los grandes centros industriales, sino que se difundirían para sacar de la pobreza y del atraso al mundo subdesarrollado.

Hacia esto vamos, aunque los signos tarden en pronunciarse. El mundo colonial ha roto los últimos vínculos de la dependencia con la liberación de las colonias portuguesas de África y con la victoria de las fuerzas nacionales en el sudeste asiático. La península hispano portuguesa se estremece por los cuatro costados con la insurgencia de sus pueblos contra la tiranía. En la legendaria Europa se avasallan las barreras ideológicas de la Guerra Fria; se realizan encuentros internacionales para el desarme y la seguridad en los que participan los países capitalistas y los socialistas; se incrementan lo intercambios económicos y culturales entre ambos sectores y se negocia con la Unión Soviética y con China.

Las grandes potencias de Norteamérica y Europa, que alcanzaron el cénit de su desarrollo en la década de los años sesenta enfrentan hoy una crisis de ese crecimiento. Se derrumban los controles monetarios de Bretton Woods, se reduce el comercio, resurgen corrienes aislacionistas, crecen la inflación y el desempleo. El alza descomunal del precio de los hidrocarburos abre enormes grietas en la balanza de pagos de los mayores países industriales.

Esta crisis asumiría caracteres tan graves como los que mostró la de los años 30 si no fuera porque aquella experiencia y los extremos actuales de la economía —distintos a los de entonces hacen que se tengan mayores elementos para conjurar la caída. Si alguna reflexión cabe hacer sobre el porvemr de esta recesión es que sólo será superada radicalmente cuando estadistas y grupos influyentes en las grandes potencias comprendan que las dimensiones de la producción de la era tecnológica exigen que sean equivalentes las dimensiones del mercado que ya no pueden ser las del comercio entre las naciones adelantadas (que representa el 80% de los intercambios mundiales), sino que hay que marchar urgentemente hacia la expansión de un enorme mercado mundial integrado por los 2.000 millones de habitantes de los países pobres que están marginados del consumo masivo. El desarrollo acelerado del Tercer Mundo es la salida orgánica a la crisis del sector
adelantado. Ingentes recursos financieros y tecnológicos tendrán que volcarse hacia esta nueva colonización de pueblos que ya no se dejan colonizar en el sentido clásico del vocablo. Ahora debe hablarse de una cooperación a escala planetaria, para el desarrollo de los pueblos atrasados. Recientemente, el presidente Ford y el señor Kíssínger hablaron de esta cooperación con sus aliados europeos.

Hemos agregado un nuevo capítulo a la primera edición (el capítulo séptimo) para reseñar estas corrientes y para registrar los acontecimientos ocurridos desde 1963. Como afirmáramos en ese último capítulo, la evolución sigue confirmando nuestras tesis. Aparte del grave conflicto árabe-israelí y el de menor cuantía de la isla de Chipre, no hay, en este momento, otros focos de peligro de alcance mundial. La cooperación americano-soviética es más intensa que nunca y hasta se eleva a las alturas del cosmos con los programas conjuntos de exploración espacial.

Nada es lineal en este proceso hacia la paz y la cooperación. La historia esta siempre plagada de contradicciones, de avances y retrocesos. Ni siquiera puede descartarse el error,
la temeridad, la locura, en el comportamiento de quienes tíenen la responsabilidad de dirigir a los pueblos. Todo esto es lo imprevisible, lo anormal, lo extraño. Pero quienes nos atrevemos a desentrañar la dirección del acontecer histórico estamos obligados a manejarnos con hipótesis normales, con coordinadas previsibles. Son ellas las que tuve en cuenta, algo más de una decada atrás, cuando publiqué la primera edición. Son ellas las que me guían ahora. Tengo la convicción, hoy como ayer, de estar en la verdad. Mejor para todos.

Buenos Aires, junio de 1976.

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