Schteingart: “Hay que salir de la grieta productiva”

Ni Corea del Sur ni Australia: el mejor modelo de desarrollo para Argentina es el que siguió Canadá, según Daniel Schteingart

“El campo es un cúmulo de oligarcas”. “La industria nacional es ineficiente y berreta”. Si coincidís con alguna de las dos frases, sos víctima de la grieta productiva. Un consuelo: no estás solo. La Encuesta de Costumbres y Relaciones Sociales identificó este fenómeno; pregunta qué es lo primero que te le viene a la cabeza cuando leés “campo” o “industria nacional”. Los votantes de izquierda asocian el campo a oligarquía, vaca, soja y garca; cuando leen industria nacional piensan en trabajo, orgullo, progreso y desarrollo. Los votantes de derecha leen campo y piensan en trabajo y paz; asocian la industria nacional al trabajo, pero también a ineficiente, berreta, curro, caro y mediocre. “Hay que salir la grieta productiva”, advierte Daniel Schteingart, director del Centro de Estudios para la Producción (CEP) del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación, en una charla de la Usina Desarrollista.

Schteingart
Fuente: Encuesta de Costumbres y Relaciones Sociales
Fuente: Encuesta de Costumbres y Relaciones Sociales

Los países desarrollados superaron la confrontación entre recursos naturales, industria y servicios, destaca Schteingart. ¿Podría imitar Argentina sus modelos de desarrollo? Cada país construye su propio camino, pero no por eso tiene que renunciar a aprender de las experiencias ajenas. Schteingart identifica tres modelos diferentes: el de Corea del Sur, el Australia y el de Canadá. Ninguno es mejor que otro; cada uno se basó en un punto de partida distinto. Corea no tenía recursos naturales y apostó fuertemente por la industria manufacturera, Australia tiene una dotación muy alta de recursos naturales y se centró en el agregarles valor. Canadá siguió un camino intermedio entre ambos y es un modelo más cercano a las posibilidades de Argentina, explica Schteingart.

Corea del Sur ejecutó su programa de desarrollo bajo un gobierno dictatorial y con apoyo de EEUU, condiciones geopolíticas muy distintas a las de Argentina, advierte el director del CEP. El país asiático tenía además una alta densidad demográfica y muy pocos recursos naturales, por lo que la apuesta por la industria manufacturera era su única salida. Australia es el caso contrario, un país poco poblado y con una dotación de recursos naturales muy superior a la Argentina. Canadá, en cambio, combina sectores basados en materias primas, como el forestal, el minero, el alimenticio y los hidrocarburos, con una fuerte industria automotriz, aeronáutica y servicios basados en el conocimiento.

Otros países que cerraron la grieta productiva son EEUU, Francia, Italia, Holanda, Dinamarca y Finlandia, remarca Schteingart. Dinamarca es una pequeña potencia agroalimentaria, líder en producción de cerdos, pero también exporta bienes industriales y servicios de marina mercante. Finlandia se destaca en la industria forestal y desarrolla maquinaria para el sector y se diversificó hacia las telecomunicaciones y los servicios basados en el conocimiento. España es el tercer país con mayor afluencia turística en el mundo, produce alimentos con alto valor agregado y fabrica bienes de capital y autos, actividades centradas en el País Vasco y Cataluña. EEUU es una potencia en todos los sectores: alimenticio, hidrocarburífero, industrial, de servicios basados en conocimiento y en finanzas.

Qué aporta cada sector

La dicotomía entre recursos naturales, industria y servicios es artificial, según Schteingart. Cada sector hace un aporte a la economía nacional. Los recursos naturales generan divisas y son clave en las economías regionales. En torno a estos recursos se deben generar encadenamientos productivos hacia atrás (proveedores) y hacia adelante (agregado de valor), destaca el director del CEP. La explotación de recursos naturales, advierte, no es suficiente: deja a millones de personas afuera.

El sector de servicios es muy heterogéneo. “No es lo mismo una peluquería que una empresa de software“, compara Schteingart. Algunos servicios crean mucho empleo y otros son fundamentales para el desarrollo territorial y la generación de divisas, explica.

La industria perdió peso en términos de empelo y PBI en todo el mundo, pero es un sector con mayor productividad que el resto de la economía y paga mejores salarios. Lo más importante, sin embargo, es que concentra el 75% de la inversión privada en investigación y desarrollo a nivel global. En países como Alemania, Corea del Sur y Japón, el peso de la industria en la inversión en investigación y desarrollo trepa hasta el 90%.

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Inversión en Investigación y Desarrollo con relación al PBI, por país. Fuente: CEP

La inversión investigación y desarrollo en Argentina es de apenas el 0,5% del PBI, señala Schteingart. Y ese dato incluye tanto la pública, como la privada, que es muy baja. En los países desarrollados, este indicador supera el 2% del PBI. Israel y Corea del Sur se disputan el primer puesto: cada una destina más del 4% anual. La industria, de todos modos, explica el 60% de la inversión privada en investigación y desarrollo en Argentina, que se concentra en los sectores farmacéutico, químico, semilleros y servicios high tech.

Investigación, desarrollo e innovación

Los sectores de alta productividad tienen menores niveles de pobreza, remarca el director del CEP. Y la inversión en investigación y desarrollo está estrechamente relacionada con ese aumento de productividad, sostiene. “No es casualidad que los países que más tuvieron éxito en las últimas décadas, como Corea del Sur, China y Taiwán, hayan apostado fuerte por la inversión en investigación y desarrollo industrial”, concluye.

El desarrollo es el camino hacia el aumento de la productividad combinado con la reducción de la pobreza y las mejoras salariales, describe el director del CEP. Esto se traduce, según Schteingart, en una transformación de la estructura productiva en donde ganan peso los sectores con mejor productividad y menor tasa de pobreza entre sus empleados. Los sectores como el transporte, las finanzas, los servicios profesionales, el petróleo y la minería tienen alta productividad y bajo porcentaje de sus empleados en la pobreza. Por el contrario, el servicio doméstico y la construcción presenta baja productividad y alta tasa de pobreza.

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Sectores clasificados según la productividad y la tasa de pobreza de sus trabajadores. Fuente: CEP

Schteingart clasifica a los países según sus capacidades tecnológicas y el perfil exportador. Los países desarrollados, destaca, son los que tienen mayores capacidades tecnológicas. Pueden ser innovadores industriales como Corea o innovadores basados en recursos naturales, como Australia. Existen países con un perfil fuertemente industrial, pero bajas capacidades tecnológicas. Es el caso de México y sus maquilas. “Estos países no existían durante el desarrollismo de Frondizi, son producto de la globalización y el auge de las cadenas globales de valor”, explica Schteingart. No son economías desarrolladas, sino producto de la deslocalización productiva de las empresas de los países más avanzados que buscan reducir los costos laborales.

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Países clasificados según el perfil exportador y las capacidades tecnológicas. Fuente: CEP

Argentina pertenece al cuarto grupo: no innovadores primarizados. “Es el típico caso del subdesarrollo en países que exportan productos simples o recursos naturales”, concluye. Schteingart aclara que el campo argentino incorporó mucho conocimiento, pero aún así exporta productos con poco valor agregado.

A pesar de la situación actual, Schteingart aclara que Argentina conserva capacidades tecnológicas que lo posicionan mejor que a otros países de la región y una dotación de recursos naturales suficiente para sentar las bases de un modelo de desarrollo. “Argentina puede aprovechar todos sus sectores y no tirar a la basura las capacidades que tiene por prejuicios ideológicos”, advierte. No podrá seguir el ejemplo de Corea ni el de Australia, pero hay un amplio abanico de posibilidades intermedias. Lo demuestra Canadá.


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